Victor entró sin llamar.
—¿Con quién hablabas?
Apagué el teléfono.
—Con alguien que debí llamar hace años.
Entonces vio la urna.
Su expresión cambió.
—¿Dónde está Sophie?
Lo miré durante varios segundos.
—Ahí.
Victor dejó de moverse.
—¿Qué?
—Nuestra hija murió hace dos días.
El color desapareció de su rostro.
—No.
—Te llamé diecinueve veces.
—Rachel dijo que estaba estable.
—Rachel rechazó el medicamento que necesitaba.
Victor miró la urna y después retrocedió como si finalmente comprendiera lo ocurrido.
Vanessa apareció en la puerta.
—Victor, tu madre está…
Se quedó callada al verme.
Yo recogí una maleta.
—Mi abogado llegará mañana.
—Elena, espera.
—No.
Pasé junto a él.
—Tuviste nueve días para regresar.
A la mañana siguiente, Thomas Reed me esperaba en su despacho.
Mi padre había sido uno de los primeros inversionistas de Harrington Industries.
Cuando murió, sus acciones no desaparecieron.
Habían quedado dentro de un fideicomiso irrevocable.
Yo controlaba el 37% de la empresa.
Victor jamás me lo había contado.
Pero Thomas había descubierto algo peor.
—Mire estas autorizaciones.
Rachel había clasificado los tratamientos de Sophie como gastos familiares sujetos a límites.
Sin embargo, durante el mismo periodo había aprobado millones en vuelos privados, hoteles y “representación ejecutiva”.
Parte de esos gastos correspondían a los viajes de Victor con Vanessa.
Sentí que me temblaban las manos.
El medicamento de Sophie había sido rechazado por unos pocos miles.
Aquella misma semana, la empresa había pagado una villa en Bahamas.
—Convoque al consejo —dije.
Tres días después entré en Harrington Industries.
Victor ya estaba allí.
Rachel también.
Coloqué las autorizaciones sobre la mesa.
—Desde hoy queda suspendido cualquier acceso de Rachel a fondos corporativos mientras se revisan estas operaciones.
Rachel se rio.
—Usted no tiene autoridad.
Thomas dejó el documento del fideicomiso frente a ella.
La sonrisa desapareció.
Después comenzó la auditoría.
Encontraron transferencias hacia una sociedad llamada VC Holdings.
Vanessa Cole.
Más de once millones de dólares.
Victor juró que no sabía nada.
Entonces apareció una autorización electrónica realizada desde su cuenta.
Pero Thomas negó lentamente.
—Hay un problema.
La autorización se produjo mientras Victor estaba dando un discurso público en Londres.
Alguien había utilizado sus credenciales.
Rachel palideció.
—Eso no demuestra nada.
Thomas abrió el último archivo.
La sociedad VC Holdings no había sido creada por Vanessa.
Existía desde hacía diecisiete años.
Mucho antes de que ella conociera a Victor.
Y su primer beneficiario había sido Richard Harrington.
El padre de Victor, oficialmente muerto desde hacía doce años.
Miré a mi exmarido.

Por primera vez, parecía tan perdido como yo.
La muerte de Sophie había destapado algo mucho mayor que una amante y unas facturas rechazadas.
Alguien llevaba años vaciando el imperio Harrington.
Y había utilizado la enfermedad de mi hija para mantenerme demasiado ocupada y demasiado rota como para mirar las cuentas.