Seguí a mi madre hasta su despacho.
Abrió la caja fuerte y sacó una carpeta médica.
—Mamá, ¿qué es esto?
—Algo que Daniel debería haber descubierto antes de pedirte que renunciaras a tu futuro.
Regresamos al salón.
Vanessa seguía acariciándose el vientre.
Mi madre dejó la carpeta sobre la mesa.
—Daniel, ¿cuándo te dijo Vanessa que estaba embarazada?
—Hace tres semanas.
—¿Y viste personalmente alguna ecografía?
Mi hermano vaciló.
—No.
Vanessa se levantó.
—¿Qué estás insinuando?
Mi madre abrió la carpeta.
—Que hace dos meses acudiste a la clínica de mi hermana.
La tía Rebecca era obstetra.
El rostro de Vanessa cambió.
—Eso es información privada.
—Correcto. Por eso Rebecca no me dio tu historial.
Mi madre sacó únicamente una fotografía.
—Tú misma dejaste esto en mi coche después de que te llevé a aquella clínica.
Era una ecografía.
Daniel la tomó.
Entonces frunció el ceño.
—Aquí dice doce semanas.
Vanessa estaba embarazada de casi cinco meses.
—¿Y qué? —espetó.
Mi madre señaló la fecha.
—Esta ecografía fue realizada antes del viaje de Daniel a Europa.
El silencio cayó de golpe.
Daniel hizo cálculos mentalmente.
—Vanessa…
—¡Las fechas médicas pueden variar!
—No dos meses —respondió mi padre.
La madre de Vanessa comenzó a gritar, pero Daniel ya estaba mirando el análisis que su prometida había arrojado sobre la mesa.
Lo levantó.
—¿Quién confirmó que es niño?
Nadie respondió.
Mi madre sonrió sin humor.
—Exactamente.
Vanessa agarró su bolso.
—No tengo que soportar esto.
Daniel bloqueó la puerta.
—Solo necesito una respuesta.
Ella lo miró.
—¿El bebé es mío?
Por primera vez, Vanessa pareció realmente asustada.
—¿Cómo puedes preguntarme eso?
—Porque acabas de amenazar con matar a mi supuesto hijo para conseguir el dinero de mi hermana.
Su voz se quebró.
Yo jamás había visto a Daniel mirarla así.
Mi padre tomó las llaves del Maserati y me las entregó.
—Mañana elegiremos tu apartamento.
Vanessa soltó una carcajada histérica.
—¡Háganlo! ¡Pero después no lloren cuando Daniel descubra lo que realmente significa esa casa!
Me detuve.
—¿Qué significa eso?
Vanessa miró a mi madre.
Y algo cambió entre ambas.
—Díselo tú.
Mi madre palideció.
Vanessa sonrió.
—Emma cree que es un premio por entrar en Harvard.
Se acercó a mí.
—Pregúntale por qué compraron ese apartamento hace dieciocho años.
Mi padre se levantó bruscamente.
—Vanessa, basta.
Demasiado tarde.
—¿Dieciocho años? —pregunté.
Yo tenía dieciocho.
Mi madre cerró los ojos.
Entonces Vanessa pronunció las palabras que nadie esperaba.
—Porque esa casa pertenecía a tu madre biológica.
Miré a mis padres.
Ninguno lo negó.
Pero Daniel fue quien retrocedió primero.
—¿Madre biológica?
Vanessa volvió los ojos hacia él.
—¿De verdad nunca te dijeron que Emma no es tu hermana?
