PARTE 2: EL EMBARAZO QUE NO EXISTÍA

A las diez en punto, entré en el hospital St. Mary’s y pregunté por la doctora Evans.

No sabía quién había enviado el mensaje ni qué pruebas podía tener. Solo sabía que Adrian había llevado a Sophie a nuestra casa y que alguien creía que yo necesitaba conocer la verdad.

La doctora me esperaba en un despacho pequeño. Cerró la puerta y deslizó una carpeta sobre la mesa.

—No puedo hablarte de otra paciente sin su permiso —dijo—. Pero Sophie firmó una autorización para que vieras esto.

Dentro había una impresión de la ecografía que Adrian había mostrado a varios familiares. Debajo aparecía el nombre de otra mujer y una fecha de hacía casi dos años.

—¿Sophie no está embarazada? —pregunté.

—No tengo una prueba médica que confirme ese embarazo. Y esta imagen no es suya.

Sentí que el suelo se inclinaba.

—¿Por qué fingiría algo así?

La puerta se abrió. Sophie entró con el rostro pálido y los ojos hinchados. Ya no llevaba el vestido marfil. Tenía una chaqueta sencilla y las manos vacías.

—Yo no quería hacerte esto —dijo.

—¿Por qué viniste a mi casa?

Bajó la mirada.

—Adrian me pidió que fingiera estar embarazada. Dijo que necesitaba que te fueras antes de una reunión importante y que, después, me ayudaría a empezar de nuevo.

—¿Y aceptaste?

—Me prometió que tú ya habías firmado un acuerdo para cederle tu parte de la casa.

No entendía.

—Yo nunca firmé eso.

Sophie abrió su bolso y sacó una copia arrugada. Era un documento con mi nombre al pie, fechado tres meses antes. La firma parecía auténtica, pero recordé aquel día con claridad: yo estaba fuera de la ciudad.

—Adrian me lo enseñó —susurró—. Dijo que era legal.

La doctora Evans observó el papel.

—Esta firma debería verificarse.

Mi teléfono vibró. Adrian llamaba. Dejé que sonara hasta que se apagó.

Entonces apareció un mensaje de Sophie:

«Hay algo más. Adrian no solo falsificó tu firma. Me pidió que te llevara mañana a una notaría para firmar el original».

Levanté la vista.

—¿Dónde está ese documento?

Sophie tragó saliva.

—En el portafolio de Adrian. Y acaba de decirme que ya va camino a la notaría.

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