Claire miró nuestras manos unidas.
Sus labios temblaron antes de que lograra pronunciar una sola palabra.
—No quería que me vieras así.
Aquella frase cayó sobre mí con más fuerza que cualquier reproche.
—¿Así cómo? —pregunté en voz baja.
Ella retiró lentamente la mano, no por rechazo, sino porque parecía avergonzada.
—Débil.
Guardó silencio unos segundos.
Después soltó una pequeña risa sin alegría.
—Siempre odié dar lástima.
Me quedé observándola.
Era la misma mujer con la que había compartido cinco años de mi vida, pero al mismo tiempo parecía una desconocida.
Había desaparecido la energía tranquila con la que llenaba cualquier habitación.
Solo quedaba un cansancio imposible de fingir.
—¿Qué está pasando, Claire?
Ella respiró hondo.
—No tienes por qué preocuparte. Ya no es tu responsabilidad.
Aquellas palabras me atravesaron.
Dos meses antes había sido yo quien insistió en firmar el divorcio.
Ahora era ella quien levantaba un muro entre los dos.
Y, por primera vez, comprendí lo mucho que dolía estar del otro lado.
—No me importa el divorcio.
Levantó la vista.
—Sí me importa que estés aquí… sola.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—No estoy sola.
Miró alrededor del pasillo vacío.
La mentira era tan evidente que ninguno de los dos intentó sostenerla.
En ese momento una enfermera salió de una habitación con una carpeta en la mano.
—¿Claire Bennett?
Ella levantó ligeramente la mano.
La enfermera se acercó.
—El doctor Evans quiere hablar con usted antes de iniciar el tratamiento.
Solo entonces la enfermera reparó en mí.
—¿Es usted familiar?
Claire respondió antes de que pudiera abrir la boca.
—No…
Hizo una pausa.
—Es mi exmarido.
La enfermera asintió con amabilidad.
—Perfecto. Si la señora Bennett está de acuerdo, también puede entrar. El doctor tendrá que explicar varias cosas importantes.
Claire bajó la cabeza.
Durante unos segundos pensé que iba a negarse.
Finalmente murmuró:
—Está bien.
Seguimos a la enfermera por un pasillo estrecho hasta un pequeño consultorio.
El médico era un hombre de unos cincuenta años con gafas rectangulares y expresión serena.
Nos invitó a sentarnos.
Abrió el expediente.
Después nos miró con una mezcla de profesionalidad y compasión.
—Los últimos análisis confirman lo que sospechábamos.
Claire cerró los ojos antes incluso de que él terminara la frase.
—La enfermedad ha avanzado más rápido de lo esperado.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Qué enfermedad?
El médico me observó.
Parecía dudar.
Claire habló sin mirarme.
—Puedes decirlo.
El doctor juntó las manos.
—La señora Bennett padece una enfermedad autoinmune poco frecuente.
Sentí que el aire desaparecía del consultorio.
—Durante los últimos tres años —continuó el médico— el sistema inmunológico ha estado atacando varios de sus órganos.
Tres años.
Exactamente el tiempo que llevábamos intentando tener un hijo.
Recordé las noches en que Claire decía que estaba agotada.
Los mareos.
Las veces que canceló planes porque le dolían las articulaciones.
Yo siempre había pensado que era consecuencia del estrés.
O de la tristeza.
Nunca imaginé aquello.
—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunté con la voz rota.
Claire sonrió con una tristeza infinita.
—Porque al principio tampoco lo sabían.
Bajó la mirada.
—Y cuando por fin obtuve el diagnóstico…
Se quedó callada.
El médico completó la frase.
—Fue una semana después de que firmaran el divorcio.
Me quedé inmóvil.
Claire respiró despacio.
—Pensé en llamarte muchas veces.
—¿Y por qué no lo hiciste?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Porque tú acababas de empezar otra vida.
Se secó una lágrima antes de que cayera.
—No quería que te quedaras por culpa de la compasión.
Aquellas palabras me destrozaron.
Todo ese tiempo yo había creído que el divorcio era el final de una historia desgastada.
Ella, en cambio, había descubierto que estaba gravemente enferma…
…y había decidido cargar sola con el miedo para no convertirse otra vez en un peso para mí.
El médico cerró lentamente la carpeta.
—Hay algo más que necesitan saber.
Abrió un sobre con los resultados más recientes.
Frunció ligeramente el ceño.
Luego levantó la vista hacia nosotros.

—Los análisis realizados esta mañana muestran un resultado que ninguno esperábamos.
Claire me miró confundida.
El médico dejó el informe sobre el escritorio.
—Señora Bennett…
Hizo una pausa.
—Usted está embarazada.