PARTE 2: EL DÍA EN QUE MARCUS HALE MURIÓ DE VERDAD

A la mañana siguiente fui al cuartel.

Llevaba el certificado de defunción de “Marcus Hale”, mi certificado de matrimonio y una solicitud de baja definitiva.

El comandante Reynolds me recibió personalmente.

—Señora Hale, todavía podemos esperar antes de cerrar su expediente.

Negué entre lágrimas.

—Mi esposo murió sirviendo a su país. Quiero que todo quede resuelto.

Firmé.

Pensión militar.

Seguro.

Registro de servicio.

Beneficios familiares.

Todo pasó legalmente a Lily y a mí.

Y Marcus dejó oficialmente de existir.

Cuando regresé, él me esperaba frente a la casa.

Como Julian.

—¿Fuiste al cuartel?

—Sí.

Su mandíbula se tensó.

—¿Para qué?

—Para dar de baja a Marcus.

Vi miedo por primera vez en sus ojos.

—¿Tan rápido?

Incliné la cabeza.

—¿Por qué te preocupa tanto, cuñado?

No pudo responder.

Esa misma tarde llegó un oficial con varias cajas.

—Pertenencias oficiales del coronel Hale.

Marcus dio un paso instintivamente hacia ellas.

El oficial lo observó.

—¿Ocurre algo, señor Julian?

Marcus retiró la mano.

—Nada.

Sonreí por dentro.

Pero todavía faltaba lo mejor.

Tres días después, Clara apareció furiosa.

—¡Julian no puede acceder a las cuentas!

Fingí sorpresa.

—¿Qué cuentas?

Marcus entró detrás de ella.

—Las cuentas familiares que mi hermano y yo compartíamos.

—Marcus nunca mencionó cuentas compartidas.

—Porque…

Se detuvo.

Otra trampa.

Cada recuerdo que utilizara para reclamar su antigua vida demostraría que no era Julian.

Entonces saqué un documento.

—Además, el banco congeló todos los activos personales de Marcus hasta terminar la sucesión.

Su rostro se volvió blanco.

Clara lo agarró del brazo.

—¡Dijiste que tendríamos dinero!

Lily apareció detrás de mí.

Marcus la miró.

Durante un instante vi al padre que ella recordaba.

Pero cuando Lily susurró:

—Papá…

Clara se quedó rígida.

Marcus reaccionó inmediatamente.

—No soy tu padre.

Lily bajó la cabeza.

Yo la abracé.

Aquella frase sería importante después.

Mucho más de lo que él imaginaba.

Esa noche alguien golpeó nuestra puerta.

Era el comandante Reynolds.

No venía solo.

Dos investigadores militares estaban detrás de él.

Marcus palideció.

—¿Qué sucede?

Reynolds sostuvo un sobre sellado.

—Encontramos una irregularidad durante el cierre del expediente del coronel Hale.

Mi corazón se aceleró.

Eso no había ocurrido en mi vida anterior.

—¿Qué irregularidad?

Reynolds me miró.

—Antes de la operación donde murió, Marcus Hale dejó instrucciones para realizar una prueba genética si él o su hermano sufrían un accidente.

Clara instintivamente protegió su vientre.

Marcus la miró demasiado rápido.

Reynolds lo notó.

—¿Por qué una prueba genética? —pregunté.

El comandante abrió la carpeta.

—Porque el coronel sospechaba que Julian Hale no era realmente su hermano biológico.

Marcus dejó de respirar.

Yo también.

—¿Y el resultado?

Reynolds levantó los ojos.

—El cadáver que cremamos no comparte ADN con la señora Hale.

Señaló a mi suegra, que acababa de entrar detrás de Clara.

La mujer se quedó blanca.

Pero Reynolds continuó.

—Y hay algo todavía más extraño.

Sacó una fotografía de la operación.

—El verdadero Julian Hale había descubierto quién era antes de morir.

En la imagen, Julian aparecía entregando un sobre a otro soldado.

En el reverso había una frase escrita de su puño y letra:

“Si Marcus intenta ocupar mi lugar, entréguenle esto a su esposa.”

Reynolds puso el sobre en mis manos.

Marcus avanzó.

—¡Eso me pertenece!

Todos lo miraron.

Él comprendió demasiado tarde su error.

Yo sonreí.

—¿Por qué habría de pertenecerte, cuñado?

Abrí el sobre.

Dentro había una fotografía de Marcus y Clara besándose.

Fechada seis meses antes de la muerte de Julian.

Y debajo, una carta.

La primera línea hizo que Marcus retrocediera.

“Querida cuñada: si estás leyendo esto, significa que mi hermano finalmente hizo exactamente lo que Clara y yo sabíamos que haría.”

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