Ethan tardó exactamente diecisiete segundos en reaccionar.
—¿Laurent?
Arthur ya estaba cerrando la puerta del Phantom cuando escuché su voz.
No me volví.
Margaret sí.
—¿Qué ha dicho ese hombre?
Ethan sacó el teléfono.
Yo vi desaparecer la oficina de trámites detrás del cristal mientras los ocho Rolls-Royce se incorporaban al tráfico.
Arthur se sentó frente a mí.
—¿Quieres que vayamos directamente al aeropuerto?
—Primero al hospital.
Su expresión cambió.
—¿Contracciones?
—No. Solo quiero asegurarme de que el bebé está bien.
Arthur asintió.
Después dejó una carpeta sobre la mesa.
—Tu abuelo ha convocado al consejo para esta tarde.
Lo miré.
—¿Sabe lo del divorcio?
—Sabe todo.
Eso no me sorprendió.
August Laurent podía ignorar una llamada durante tres días y aun así conocer cada detalle importante antes que nadie.
—Está furioso.
—Que espere.
Arthur sonrió ligeramente.
—Eso mismo le dije.
Mientras tanto, Ethan estaba descubriendo quién era S. Laurent.
Su primera búsqueda mostró artículos especializados.
Después fotografías.
Una mujer más joven inclinada sobre un reloj abierto en Ginebra.
Yo.
Otro resultado.
“Laurent Heritage Group.”
Valoraciones privadas.
Manufactura de precisión.
Hoteles.
Bienes raíces.
Colecciones históricas.
Inversiones.
Después apareció August Laurent.
Mi abuelo.
Ethan dejó de caminar.
—Mamá.
Margaret seguía quejándose de la exhibición absurda de coches.
—¿Qué?
Le enseñó la pantalla.
Ella leyó mi nombre completo.
Sophie Elise Laurent.
Su rostro perdió el color.
Pero todavía intentó aferrarse a su orgullo.
—Puede ser otra Sophie.
Entonces apareció una fotografía tomada seis años atrás.
August Laurent junto a mí en una gala de restauración en Ginebra.
Margaret dejó de hablar.
Y justo entonces llegó Victoria Lane.
La mujer por quien Margaret llevaba meses intentando reemplazarme.
—Ethan.
Se acercó para besarlo.
Él retrocedió.
—¿De dónde sacaste las fotografías de Sophie?
Victoria parpadeó.
—¿Ahora?
—Las fotografías del taller. Las que utilizaste para decir que me engañaba.
—Ya te expliqué—
—¿De dónde?
Victoria miró a Margaret.
Fue suficiente.
Ethan también lo vio.
—Mamá.
—No empieces.
—¿Tú se las diste?
Margaret apretó los labios.
—Contraté a alguien para averiguar qué hacía Sophie durante tantas horas.
—¿Y?
—Había hombres entrando y saliendo.
—Eran clientes.
—Eso no lo sabíamos.
Ethan levantó el teléfono.
—Podrías haber preguntado.
Margaret lo miró con frialdad.
—Tú querías creerlo.
Aquella frase lo silenció.
En el hospital, mi bebé estaba perfectamente.
Yo también.
Hasta que la obstetra preguntó:
—¿Su esposo vendrá para la documentación del nacimiento?
—Exmarido.
La doctora hizo una pausa.
—Lo siento.
—No lo sienta.
Arthur recibió entonces una llamada.
Salió de la habitación.
Cuando regresó, su rostro había cambiado.
—Sophie, tenemos un problema.
—¿Qué ocurre?
—Los Jiang solicitaron información sobre Laurent Heritage.
—Era cuestión de tiempo.
—No es eso.
Cerró la puerta.
—Ethan llamó a su abogado para revisar el acuerdo que acabas de firmar.
—¿Y?
—Su abogado descubrió quién eres.
—También era cuestión de tiempo.
Arthur permaneció callado.
—Dilo.
—Ethan quiere detener el divorcio.
Solté una risa.
—Ya está firmado.
—Alega que firmó sin conocer tu patrimonio real.
—Mi patrimonio no era objeto del acuerdo.
—Exactamente.
Arthur se sentó.
—Por eso no creo que sea realmente el dinero lo que le preocupa.
Sacó otro documento.
—Jiang Advanced Systems lleva siete meses negociando financiación para una nueva planta.
Conocía el proyecto.
Ethan había hablado de él durante meses.
Era la operación que, según Margaret, convertiría finalmente a la familia Jiang en “una dinastía”.
—¿Qué tiene que ver conmigo?
Arthur me observó.
—¿Recuerdas Meridian Private Bank?
Claro que lo recordaba.
Mi abuelo poseía una participación importante.
—Ellos financian la planta.
—Todavía no.
Arthur giró el documento.
El préstamo era de 380 millones.
Y requería la aprobación definitiva del comité de riesgo.
Presidenta del comité:
Elise Laurent.
Mi tía.
Me quedé mirando el nombre.
—¿Ethan sabía esto?
—No.
—¿Mi tía?
—Tampoco sabía que Jiang Advanced Systems pertenecía a tu marido hasta esta mañana.
Cerré los ojos.
Aquello iba a convertirse en un desastre.
—Arthur, no quiero que mi divorcio interfiera con sus negocios.
—No hará falta.
Su tono me hizo abrir los ojos.
—¿Por qué?
—Porque el problema de Jiang Advanced Systems no eres tú.
Sacó una segunda carpeta.
—Es Victoria Lane.
Mi estómago se tensó.
Victoria trabajaba como asesora externa de adquisiciones.
Arthur colocó varias transferencias delante de mí.
—Durante cinco meses, una sociedad controlada por Victoria recibió pagos de un competidor directo de Jiang.
—¿Espionaje empresarial?
—Posiblemente.
—¿Ethan lo sabe?
—Todavía no.
Entonces apareció algo peor.
Las mismas fotografías que habían utilizado para convencer a Ethan de que yo mantenía una aventura habían sido tomadas por una agencia privada.
La factura no estaba a nombre de Margaret.
Estaba a nombre de Victoria.
—Margaret dijo que ella contrató al investigador.
—Pagó la investigación inicial.
Arthur señaló una fecha.
—Victoria mantuvo la vigilancia durante cuatro meses más.
Miré las fotografías.
Mi taller.
Mis clientes.
El museo.
Un conservador llamado Daniel Roth estrechándome la mano.
Después apareció una fotografía que jamás había visto.
Yo entrando en Meridian Private Bank.
—¿Por qué le interesaba esto?
Arthur no respondió inmediatamente.
—Porque Victoria no estaba intentando demostrar que engañabas a Ethan.
—Entonces ¿qué quería?
—Descubrir quién eras.
Mi teléfono sonó.
Ethan.
Lo rechacé.
Otra llamada.
Después un mensaje.
“Sophie, no firmes nada más. Tenemos que hablar.”
Lo bloqueé.
A las cinco de la tarde llegamos a la residencia Laurent.
Mi abuelo estaba esperando.
August tenía ochenta y cuatro años.
Se levantó lentamente cuando entré.
No dijo nada.
Simplemente me abrazó.
Y por primera vez aquel día lloré.
—Lo siento, abuelo.
—¿Por qué?
—Por haber desaparecido tantos años.
Me apartó suavemente.
—Elegiste una vida.
No funcionó.
Eso no es un crimen.
Miró mi vientre.
—Pero ahora tienes otra vida que proteger.
Asentí.
Entonces entró mi tía Elise.
Traía una carpeta roja.
—Tenemos que hablar sobre Jiang Advanced Systems.
Suspiré.
—No quiero destruir la empresa de Ethan.
—No necesitas hacerlo.
Dejó la carpeta.
—Alguien ya lo está haciendo.
Habían descubierto que documentación confidencial del préstamo había sido enviada desde la cuenta ejecutiva de Ethan a una dirección externa.
La dirección pertenecía a Victoria.
—¿Ethan se la envió?
—Eso afirma el registro.
—No lo creo.
Elise levantó una ceja.
—Después de esta mañana todavía lo defiendes.
—No lo defiendo.
Miré las fechas.
—Solo conozco sus hábitos.
Ethan era obsesivo con la seguridad empresarial.
Podía desconfiar de su esposa embarazada, pero jamás enviaría voluntariamente documentos bancarios confidenciales desde su cuenta corporativa.
—Alguien utilizó sus credenciales.
Arthur asintió.
—Eso creemos.
Entonces mi abuelo habló.
—Hay algo que Sophie todavía no sabe.
Todos se quedaron quietos.
August abrió un pequeño archivador.
Sacó una carta.
—Hace siete meses, Victoria Lane solicitó una reunión conmigo.
—¿Victoria te conoce?
—Ella me conoce.
Yo no la conocía a ella.
—¿Qué quería?
—Confirmar si Sophie Wen y Sophie Laurent eran la misma persona.
Sentí un escalofrío.
—¿Se lo dijiste?
—No.
—Entonces ¿cómo lo descubrió?
August me entregó una fotografía.
Era una copia de mi certificado de matrimonio.
En un margen había una anotación manuscrita.
“Confirmada. S.L. vive bajo identidad Wen. Jiang no lo sabe.”
—¿Quién escribió eso?
Arthur respondió:
—Todavía no lo sabemos.
Entonces mi teléfono volvió a vibrar.
Número desconocido.
Era Ethan.
Había utilizado otro móvil.
Esta vez había enviado una fotografía.
Victoria estaba siendo escoltada fuera de Jiang Advanced Systems por seguridad.
Debajo escribió:
“Tenías razón. Las fotos eran falsas. Pero Sophie, hay algo sobre nuestro hijo que necesito decirte.”
Sentí que el bebé se movía.
Lo llamé.
Ethan respondió al primer tono.
—¿Qué pasa con mi hijo?
Su respiración era irregular.
—Encontré los archivos originales que Victoria entregó a mi madre.
—Habla.
—Las fotografías no eran lo importante.
—¿Entonces?
—Había un informe médico.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué informe?
—Tu prueba prenatal.
—Eso es imposible.
Mis resultados solo los tenía mi obstetra.
—Victoria tenía una copia.
Arthur se acercó.
Activé el altavoz.
Ethan continuó:
—Había una prueba de paternidad.
—Nunca me hice ninguna.
—Lo sé.
Silencio.
—Sophie, alguien utilizó una muestra mía sin mi autorización.
Mi corazón empezó a acelerarse.
—¿Resultado?
—99,98%.
Cerré los ojos.
Ethan era el padre.
Margaret había destruido nuestro matrimonio acusándome de algo que podía haberse descartado en segundos.
Pero Ethan todavía no había terminado.
—Hay una segunda página.
—¿Qué dice?
—El laboratorio comparó accidentalmente el ADN del bebé con otra muestra que estaba incluida en el expediente.
August se puso rígido.
—¿Qué muestra? —pregunté.
—No tiene nombre.
—¿Y?
La voz de Ethan bajó.
—Coincidencia familiar de primer grado.
Miré a mi abuelo.
—¿Con quién?
—No lo sé. Solo aparece un código.
Arthur extendió la mano.
—Pídele que lo lea.
Ethan lo hizo.
—LRT-01.
El rostro de Arthur perdió completamente el color.
Mi abuelo cerró los ojos.
—¿Qué ocurre?
Nadie respondió.
—Abuelo.
August se sentó lentamente.
—LRT-01 no es una persona cualquiera.
—¿Quién es?
Me miró.
Y por primera vez en toda mi vida vi miedo en los ojos de August Laurent.
—Era el código genético privado de tu padre.
Sentí que el suelo desaparecía.
—Mi padre murió hace veinticuatro años.
—Sí.
—Entonces ¿por qué alguien compararía a mi bebé con él?
August guardó silencio.
Arthur respondió por él.
—Porque tu padre no murió sin dejar herederos, Sophie.
—Me dejó a mí.
Arthur negó lentamente.
—Otro heredero.
Mi abuelo abrió una caja fuerte detrás de su escritorio.
Dentro había un expediente sellado desde hacía veintitrés años.
En la portada aparecía:
PROYECTO LAURENT — SEGUNDO DESCENDIENTE.
Y debajo, una fotografía.
Un niño de aproximadamente cinco años.
Cabello negro.
Ojos oscuros.
Un rostro que reconocí inmediatamente.
Porque lo había visto aquella misma mañana sentado frente a mí firmando nuestro divorcio.
Era Ethan.
