Parte 2: “El amor que nunca existió”

La sangre seguía bajando por mi brazo.

Lenta.

Roja.

Real.

A diferencia de todo lo demás.

Ethan no se movió para ayudarme.

No buscó una venda.

No pidió perdón.

Solo me miró.

Como si estuviera evaluando cuánto valía lo que acababa de romper.

Yo respiré hondo.

Una vez.

Dos.

Y algo dentro de mí… se acomodó.

No fue dolor.

Fue claridad.

Caminé hasta el fregadero.

Abrí el grifo.

El agua fría chocó contra la herida y ardió.

Pero ese ardor…

me ancló.

—¿Eso es todo? —pregunté sin mirarlo.

Silencio.

—¿Cinco años… para esto?

Ethan se apoyó en la encimera.

—Ya te lo dije. No exageres.

Solté una pequeña risa.

—Claro.

Cerré el grifo.

Tomé una toalla.

Presioné la herida.

—Fui una apuesta.

—No —respondió él—. Fuiste parte de una apuesta.

Asentí despacio.

—Gracias por la precisión.

Lo miré por última vez.

—¿Sabes qué es lo peor?

Frunció el ceño.

—Que ni siquiera lo hiciste bien.

Parpadeó.

—¿Qué?

—Si vas a fingir amor cinco años…

Pausa.

—Al menos aprende a no mostrar desprecio cuando crees que ya ganaste.

Su mandíbula se tensó.

—Siempre fuiste así —dijo—. Complicada.

Negué suavemente.

—No.

Pausa.

—Siempre fui sincera.

Caminé hacia la habitación.

Abrí el armario.

Saqué una maleta.

—¿Qué haces? —preguntó.

—Lo único que debí hacer hace cinco años.

Doblé ropa.

Una.

Otra.

Otra.

—Nora, deja el drama.

Sonreí apenas.

—Esto no es drama.

Cerré la maleta.

—Es el final.

Ethan soltó una risa corta.

—¿Y a dónde vas a ir?

Lo miré.

—A cualquier lugar donde no me hayan convertido en un chiste.

Silencio.

—Te estás equivocando —dijo más bajo.

—No —respondí—. Me equivoqué cuando confié en ti.

Tomé mi bolso.

Busqué algo dentro.

Y lo saqué.

Un sobre.

Lo dejé sobre la mesa.

—¿Qué es eso?

—Ábrelo.

Dudó.

Pero lo hizo.

Sus ojos cambiaron.

—¿Qué es esto?

—Mi contrato.

Pausa.

—La empresa donde trabajo no es “un empleo cualquiera”.

Lo miré con calma.

—Es una firma legal.

Tragó saliva.

—¿Y?

—Y durante los últimos tres años…

Respiré hondo.

—he trabajado en casos de fraude, manipulación y abuso psicológico.

Silencio.

—Casos muy… interesantes.

Ethan cerró el sobre de golpe.

—¿Me estás amenazando?

Negué.

—No.

Pausa.

—Te estoy informando.

Me acerqué a la puerta.

—Todo lo que hiciste…

Giré la manija.

—no fue solo cruel.

Lo miré una última vez.

—Fue documentado.

Su expresión cambió.

Por primera vez…

había miedo.

—Nora, espera.

Pero ya no había nada que esperar.

Abrí la puerta.

—No te preocupes.

Pausa.

—No necesito vengarme.

Sonreí levemente.

—La verdad suele encargarse sola.

Salí.

Y esta vez…

no miré atrás.

Porque entendí algo que me costó cinco años aprender:

El amor no es una prueba.

No es una apuesta.

Y definitivamente…

no es algo que alguien tenga derecho a usar para humillarte.

El amor…

es verdad.

Y lo que viví con él…

nunca lo fue.

Fin.

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