PARTE 2: BRUNO NO ERA LA PRUEBA QUE ÁLVARO CREÍA

Javier puso la carpeta en mis manos.

—La clínica terminó la auditoría.

Clara palideció.

Álvaro soltó una risa.

—¿Qué tiene que ver una clínica con nosotros?

Abrí el expediente.

Años atrás, durante nuestros tratamientos, habíamos creado varios embriones. Tras el divorcio, yo había solicitado revisar su destino porque uno figuraba con un movimiento administrativo que nunca autoricé.

Señalé el código.

Clara lo reconoció inmediatamente.

IV-07-19-B4.

—Ese código… —susurró.

—Era uno de mis embriones —respondí.

Álvaro dejó de sonreír.

—¿Qué estás insinuando?

—Nada. Por eso pedí una investigación.

Javier intervino.

—La clínica encontró documentación irregular relacionada con el traslado de material reproductivo. Ahora corresponde determinar quién autorizó qué y si los consentimientos son auténticos.

Álvaro miró a Clara.

—Dime que esto es una locura.

Ella comenzó a llorar.

—Me dijiste que Irene había renunciado a ellos.

El pasillo quedó en silencio.

Álvaro se puso blanco.

—Cállate.

Aquella palabra dijo más que cualquier confesión.

Clara retrocedió.

—Tú me enseñaste los documentos. Dijiste que después del último tratamiento ella no quería seguir y que todo estaba autorizado.

Sentí que me faltaba aire, pero miré a Bruno.

Seguía abrazando su jirafa.

No permitiría que un niño se convirtiera en arma de nuestra guerra.

—Aquí no —dije—. Bruno no tiene por qué escuchar esto.

Javier cerró la carpeta.

La investigación seguiría mediante abogados, la clínica y las autoridades correspondientes. También habría que establecer exactamente qué había ocurrido antes de sacar conclusiones sobre la filiación del niño.

Álvaro intentó acercarse.

—Irene, espera.

—Durante siete años me llamaste estéril.

Mi voz permaneció tranquila.

—Me hiciste creer que mi cuerpo había fracasado y utilizaste esa idea para justificar todo lo que hiciste después.

—Puedo explicarlo.

—Entonces explícaselo a Javier.

Me alejé.

Clara no me siguió.

Álvaro tampoco.

Horas después recibí un mensaje suyo:

“Por favor, no destruyas mi familia.”

Lo leí dos veces.

Después lo envié a mi abogado.

Porque finalmente entendí la ironía.

Álvaro llevó a Bruno al hospital para demostrar que otra mujer había podido darle el hijo que yo jamás conseguiría; terminó descubriendo que el expediente del niño podía contener la prueba de que nunca fui yo quien le negó una familia.

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