Me detuve en seco sobre la acera.
Los taxis seguían pasando.
La gente caminaba deprisa.
Pero el ruido de la ciudad desapareció.
—¿Quién habla?
Pregunté, apretando el teléfono.
—Soy Michael Foster, director del Comité Internacional.
Necesitamos que venga ahora mismo.
Respiré hondo.
—¿Qué ocurrió exactamente?
Hubo unos segundos de silencio.
—Alguien intentó sustituir los archivos originales de su proyecto.
Sentí un escalofrío.
—¿Cómo?
—Hace menos de una hora detectamos un acceso no autorizado al servidor donde se almacenaban las propuestas finalistas.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—¿Mi diseño está bien?
—Sí.
El sistema de seguridad bloqueó la modificación.
Pero necesitamos revisar algunas cosas con usted personalmente.
…
Quince minutos después llegué al edificio del comité.
Me condujeron directamente a una sala de reuniones.
Sobre la pantalla aparecía mi proyecto.
Between the Clouds.
Verlo allí, ocupando toda la pared, me recordó por qué había soportado tantos años de silencio.
Cada línea.
Cada curva.
Cada espacio.
Lo había dibujado durante noches enteras mientras Adrian dormía.
…
Michael cerró la puerta.
—Hay algo más.
Me entregó una carpeta.
Dentro había un registro de accesos.
—¿Reconoce alguno de estos nombres?
Leí rápidamente.
No.
No.
No.
Hasta que llegué al último.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
Whitman Development Group.
Levanté lentamente la vista.
—Eso…
Debe de ser un error.
Michael negó con calma.
—No afirmamos que la empresa esté implicada.
Solo sabemos que la conexión utilizada pertenece a una red registrada a nombre de ese grupo empresarial.
…
Me quedé inmóvil.
Dos horas antes había firmado el divorcio.
Dos horas antes Adrian ni siquiera sabía que yo había ganado el proyecto.
O eso creía.
…
—¿Quién conocía el resultado antes del anuncio oficial?
Pregunté.
Michael respondió enseguida.
—Solo el comité evaluador.
Y los autores de las tres propuestas finalistas.
Fruncí el ceño.
—Yo no le conté a nadie.
Él cruzó las manos sobre la mesa.
—Precisamente por eso nos preocupa.
…
Mientras hablábamos, mi teléfono comenzó a vibrar.
Era Adrian.
Lo dejé sonar.
Insistió.
Tres veces.
A la cuarta llamada contesté.
—¿Qué ocurre?
Su voz sonaba completamente distinta.
—¿Dónde estás?
—Eso ya no es asunto tuyo.
Respiró profundamente.
—Necesito hablar contigo.
—No.
—Es importante.
—Lo era hace tres años.
Intenté cortar la llamada.
Entonces dijo algo inesperado.
—Clara se fue.
Guardé silencio.
—¿Qué?
—Se marchó esta mañana.
Solo quería que yo la ayudara a financiar un proyecto.
Cuando supo que no iba a hacerlo…
Desapareció.
No respondí.
Aquello ya no cambiaba nada.
…
—Elena.
Hay algo que encontré en mi oficina.
Mi mano se detuvo sobre el botón para colgar.
—¿Qué cosa?
—Un contrato.
Con el logotipo del Comité Internacional.
Mi respiración se hizo más lenta.
—¿Qué contrato?
—No lo sé.
Pero alguien intentó que mi empresa apareciera como socia técnica del proyecto ganador.
Sentí un vuelco en el pecho.
Eso era imposible.
Nadie conocía aún el resultado.
…
Miré inmediatamente a Michael.
Él comprendió mi expresión.
—¿Qué sucede?
Aparté el teléfono del oído.
—Dice que encontró un contrato relacionado con mi proyecto.
Michael se puso de pie de inmediato.
—Pregúntele cuándo apareció.
Volví a la llamada.
—¿Desde cuándo está ese documento en tu oficina?
Adrian respondió sin dudar.
—No estaba esta mañana.
Alguien lo dejó mientras estábamos en la audiencia de divorcio.
El silencio llenó la sala.
…
Michael cerró lentamente la carpeta.
—Señora Brooks…
Creo que esto ya no se trata únicamente de un intento de sabotaje.

—¿Entonces?
Él señaló la pantalla donde seguía proyectado mi diseño.
—Alguien preparó documentos comerciales antes incluso de que el ganador fuera anunciado oficialmente.
Eso significa que quien intentó apropiarse del proyecto…
podría haber conocido el resultado con antelación o haber participado en la filtración del proceso de selección.