Adrian llegó al hospital poco antes del amanecer.
Cuando lo vi aparecer al final del pasillo, todavía llevaba la misma camisa de la fiesta.
—Elena.
Me levanté.
Él miró hacia cuidados intensivos.
—¿Cómo está Sophie?
—Estable por ahora. Los médicos están vigilándola.
Adrian cerró los ojos un instante.
—Debiste insistir.
Aquellas palabras borraron cualquier resto de compasión que pudiera haber sentido.
—Te llamé tres veces.
—No sabía que era tan grave.
—No quisiste saberlo.
Su rostro se endureció.
—Ahora no es momento de discutir.
—Por primera vez estamos de acuerdo.
Pasé junto a él.
Adrian me sujetó del brazo.
—¿Qué hiciste con Horizon?
Miré su mano hasta que me soltó.
—Firmé unos documentos.
—¡Controlas el consejo!
—Entonces sí los leíste.
—Elena, no entiendes lo que estás haciendo.
Sonreí.
—Eso mismo pensaste durante cinco años.
A las siete y cincuenta, Victor llegó al hospital con una tableta.
La reunión extraordinaria sería híbrida.
Yo no abandonaría a Sophie.
A las ocho en punto, aparecieron los rostros de nueve consejeros en la pantalla.
Adrian participó desde una sala contigua.
Su padre, chairman de Feng Holdings, golpeó la mesa.
—Los problemas matrimoniales no pueden entrar en esta empresa.
—No han entrado —respondí—. Horizon activó derechos contractuales vinculados a la reestructuración.
Victor presentó las confirmaciones.
51,2 %.
La sala quedó en silencio.
Entonces llegó el primer punto.
Suspensión temporal de determinadas facultades ejecutivas de Adrian mientras se revisaban varias operaciones vinculadas.
Su padre palideció.
—¿Qué operaciones?
Victor abrió una carpeta.
—Transferencias realizadas durante los últimos catorce meses a tres sociedades relacionadas.
Adrian se inclinó hacia la pantalla.
—Eso no estaba en la convocatoria.
—Ahora sí —dije.
Victor mostró el nombre de una de las sociedades.
Luo Meridian Consulting.
Reconocí inmediatamente el apellido.
Vanessa Luo.
Adrian también.
—Elena, escucha…
—No.
Victor continuó.
—Hay algo más.
Colocó delante de mí una autorización bancaria.
Mi respiración se detuvo.
La firma que aparecía abajo era la mía.
O parecía serlo.
Según aquel documento, yo había autorizado meses atrás que parte de los activos de mi fideicomiso garantizaran una operación privada relacionada con Feng Holdings.
—Yo nunca firmé esto.
Victor asintió lentamente.
—Lo sabemos.
Adrian se quedó completamente inmóvil.
Entonces Victor abrió la última página.
—Pero alguien presentó esta autorización usando una copia de su documento de identidad.
Levanté la mirada hacia mi esposo.

Victor pronunció el nombre de quien había solicitado aquella copia.
No era Vanessa.
Era Adrian Feng.