PART 2: El voto de una madre

Adrian llegó al hospital poco antes del amanecer.

Ya no llevaba la chaqueta. Tenía el cabello revuelto y el rostro pálido, pero se detuvo al ver que yo estaba junto a la cama de Sophie.

—¿Cómo está?

—Estable por ahora. Los médicos están haciendo todo lo posible.

Miró a nuestra hija a través del cristal. Sophie seguía dormida, rodeada de monitores.

—¿Puedo entrar?

—Cuando despierte, se lo preguntas a ella.

Adrian bajó la mirada. No discutió.

A las ocho, mientras Sophie continuaba en cuidados intensivos, yo estaba conectada a la reunión extraordinaria del consejo. Victor me acompañaba. Adrian apareció desde el hospital, con la misma ropa de la noche anterior.

—Elena, no puedes tomar decisiones sobre mi empresa por despecho.

—No estoy aquí por despecho. Estoy aquí porque tus decisiones pusieron en riesgo a la empresa y porque durante años pensaste que nadie podía pedirte cuentas.

El director financiero presentó los números. Los proyectos que Adrian había aprobado acumulaban pérdidas enormes. La reestructuración que Horizon había negociado era la única forma de evitar que Feng Holdings incumpliera sus obligaciones.

Mi voto no me convertía en dueña de la empresa. Pero sí me daba la mayoría necesaria para exigir cambios.

Propuse una auditoría independiente y una revisión de las decisiones ejecutivas. Después, voté para suspender temporalmente a Adrian de sus funciones como presidente.

El resultado fue claro.

La votación terminó. Nadie aplaudió.

Adrian se quedó mirando la pantalla.

—¿Y ahora qué?

—Ahora respondes por tus decisiones —dije—. Y yo me ocupo de nuestra hija.

La llamada terminó cuando el hospital me avisó que Sophie había despertado.

Entré despacio. Adrian esperaba junto a la puerta.

—¿Quieres verlo? —le pregunté.

Sophie asintió débilmente.

Él se acercó a la cama, pero no intentó tocarla.

—Perdóname por no haber venido antes.

Ella lo miró con cansancio.

—¿Vas a volver a irte si te llamo?

Adrian tragó saliva.

—No.

Sophie extendió una mano pequeña. Él la tomó con cuidado, como si tuviera que aprender otra vez a ser su padre.

Días después, los médicos confirmaron que Sophie respondía al tratamiento. Yo no regresé a nuestra casa ni retiré la solicitud de divorcio.

Adrian perdió el control de la empresa aquella mañana.

Pero la decisión más importante no fue la mía.

Fue de Sophie, cuando por fin le dijo:

—Puedes visitarme, papá. Pero tienes que cumplir lo que prometes.

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