PARTE 2: EL HOMBRE DENTRO DEL HOSPITAL

No bajé del avión.

Todavía no.

El general Hale me había dado una orden clara.

Volver por Emily.

No iniciar una guerra.

Llamé al investigador federal cuyo número me había enviado.

—Hay dos patrullas esperando junto a la terminal.

—Lo sabemos.

Aquella respuesta me sorprendió.

—No salga hasta que llegue nuestro equipo.

Cinco minutos después, las patrullas se marcharon.

Nadie intentó detenerlas.

Eso me preocupó más.

Cuando finalmente llegué al hospital, Emily estaba despierta.

Tenía ambas piernas inmovilizadas.

Me tomó la mano.

—Pensé que no llegarías.

—Siempre iba a llegar.

Entonces me contó lo que había ocurrido antes del ataque.

La joven cuya agresión había presenciado se llamaba Sarah Mitchell.

Emily había grabado parte del incidente desde su coche.

Pero nunca me dijo que existía un video.

—Lo entregué al sheriff.

Sentí que algo se endurecía dentro de mí.

—¿Conservaste una copia?

Asintió.

—En la nube.

Los investigadores recuperaron el archivo.

Cameron aparecía claramente.

Pero había otro hombre detrás de él.

Sheriff Nathan Cole.

No participaba en la agresión.

Sin embargo, parecía hablar con Cameron segundos después.

Eso explicaba por qué el caso necesitaba una investigación real, no conclusiones apresuradas.

Entonces revisamos las cámaras de nuestra casa.

Los hombres que entraron vestían uniformes.

Uno llevaba insignia del sheriff.

Otro no.

Su placa pertenecía a un agente retirado hacía tres años.

—Uniformes mezclados —dijo el investigador—. Alguien quería que pareciera una operación oficial.

Eso cambió todo.

Quizá Cameron tenía protección.

Pero todavía no sabíamos quién había atacado físicamente a Emily.

Entonces llegó la enfermera que me había llamado.

Estaba temblando.

—Reconocí al hombre que tomó mi teléfono.

Me mostró una fotografía.

No era Cameron.

Era su primo, Evan Voss.

Treinta y cuatro años.

Director de seguridad de Voss Industries.

—¿Por qué dijo que era Cameron?

—Nunca dijo que lo fuera.

Tenía razón.

Yo lo había supuesto.

El investigador pidió los registros de acceso del hospital.

Evan había entrado cuarenta minutos antes de mi llamada.

Pero alguien le había proporcionado una credencial temporal.

La autorización llevaba el nombre de una persona que conocía.

Dr. Rebecca Dean.

Mi hermana.

Me quedé mirando la pantalla.

—Rebecca trabaja en Baltimore.

—Trabajaba —dijo Emily.

La miré.

—¿Qué?

—Regresó hace seis meses.

Yo no lo sabía.

Durante mi despliegue, Rebecca había visitado a Emily varias veces.

Le había recomendado precisamente St. Jude.

Y había insistido en que, si alguna vez ocurría algo, fuera allí.

—¿Crees que mi hermana está involucrada?

Emily negó.

—Creo que estaba asustada.

Los investigadores encontraron a Rebecca esa misma noche.

No huyó.

Llegó voluntariamente acompañada por un abogado.

Y traía una memoria USB.

—Blake, Cameron no empezó esto por el video.

—Entonces ¿por qué?

Rebecca puso la memoria sobre la mesa.

—Porque Emily encontró algo que nunca debía encontrar.

Meses antes, Emily había ayudado a organizar documentos de mi difunto padre.

Entre ellos había contratos de una empresa llamada Dean Tactical Logistics.

Mi padre había muerto creyendo que aquella compañía estaba cerrada.

No lo estaba.

Seguía recibiendo millones en contratos privados.

Y uno de sus socios silenciosos era Richard Voss.

El padre de Cameron.

Sentí frío.

—¿Qué tiene que ver el sheriff?

Rebecca abrió otro archivo.

Pagos.

Consultorías.

Empresas intermediarias.

Nada demostraba por sí solo que Nathan Cole fuera corrupto.

Pero había suficiente para justificar preguntas serias.

Entonces apareció un nombre que me hizo incorporarme.

Marcus Hale.

Mi general.

—No.

Rebecca me sostuvo la mirada.

—No estoy diciendo que sea culpable.

Señaló una transferencia de hacía nueve años.

Dean Tactical había pagado a una empresa asociada con Hale mucho antes de que él fuera mi comandante.

—Por eso necesitaba que volvieras sin saber demasiado.

Mi teléfono vibró.

Mensaje de Hale.

NO CONFÍES EN REBECCA. SACA A EMILY DEL HOSPITAL AHORA.

Casi simultáneamente sonó el teléfono del investigador.

Su expresión cambió.

—Tenemos un problema.

—¿Qué?

—La cámara del estacionamiento acaba de identificar el sedán negro que vigilaba su casa.

El vehículo estaba abajo.

En el hospital.

Miré inmediatamente hacia Emily.

Entonces las luces de su habitación se apagaron.

Solo durante tres segundos.

Cuando regresaron, había un sobre debajo de la puerta.

Uno de mis antiguos compañeros lo recogió con guantes.

Dentro había una fotografía tomada nueve años atrás.

Mi padre.

Richard Voss.

Nathan Cole.

Marcus Hale.

Y Rebecca.

Todos juntos.

En el reverso había una frase:

BLAKE, TU ESPOSA NO FUE ATACADA POR LO QUE VIO HACE TRES SEMANAS.

Debajo:

FUE ATACADA PORQUE ENCONTRÓ LO QUE TU PADRE ESCONDIÓ ANTES DE MORIR.

Emily empezó a llorar.

—Blake…

La miré.

—¿Qué ocurre?

Metió la mano debajo de la almohada.

Sacó una pequeña llave metálica que jamás había visto.

—Hay algo que todavía no te conté.

—¿Qué abre?

Emily cerró los dedos alrededor de la llave.

—La caja de seguridad de tu padre.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

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