Sophia dejó de llorar.
No poco a poco.
De golpe.
Como si aquellas palabras hubieran apagado un interruptor dentro de ella.
Nathan giró hacia Sophia.
—¿Qué significa eso?
Ella negó rápidamente.
—Nada. Tiene que ser un error.
Mi madre seguía al teléfono.
—Elena, no discutas con nadie. Sal de la base. Tu padre ya envió a alguien a buscarte.
—Mamá, ¿qué encontraron exactamente?
Hubo una pausa.
—El taller que revisó tu coche después del accidente desapareció seis semanas más tarde. Pero conseguimos recuperar parte de sus registros contables.
Sentí un frío recorrerme la espalda.
—¿Y Sophia?
—Tres días antes del accidente hubo un pago desde una cuenta vinculada a ella.
Sophia se puso de pie demasiado deprisa.
—¡Eso es mentira!
Todos la miraron.
Mi madre no estaba usando el altavoz.
Sophia no podía haber escuchado lo que acababa de decir.
Nathan también lo comprendió.
Su expresión cambió lentamente.
—¿Por qué has dicho que es mentira?
Sophia palideció.
—Porque… porque sé lo que están insinuando.
—Mi esposa no ha dicho nada —respondió Nathan.
Mi esposa.
Aquellas palabras llegaron dos años demasiado tarde.
Sophia retrocedió.
—Nathan, me conoces.
Él dio un paso hacia ella.
—Eso creía.
Por primera vez, Sophia no parecía la muchacha frágil protegida por toda la familia Blackwood.
Parecía alguien calculando una salida.
—Elena siempre me ha odiado —dijo—. Su familia tiene dinero. Pueden fabricar cualquier documento.
Corté la llamada después de prometerle a mi madre que saldría inmediatamente.
—Entonces no tendrás ningún problema en explicárselo a la policía.
Sophia abrió mucho los ojos.
Nathan se volvió hacia mí.
—¿Policía?
—Alguien manipuló los frenos de mi coche antes de nuestra boda. Si mi madre tiene pruebas nuevas, habrá una investigación.
Nathan quedó inmóvil.
Entonces ocurrió algo extraño.
No preguntó cuándo.
No preguntó dónde.
No preguntó qué accidente.
Simplemente cerró los ojos.
Y comprendí.
—Tú lo sabías.
Nathan abrió los ojos.
Ninguna misión, ningún entrenamiento y ninguna excusa podían esconder lo que vi en ellos.
Culpa.
—Elena…
Retrocedí.
—Tú lo sabías.
—No todo.
—¿Cuánto?
Sophia intervino.
—Nathan, no tienes que explicarle—
—Cállate.
Nunca lo había oído hablarle así.
Ella se quedó paralizada.
Nathan se pasó una mano por el rostro.
—Después del accidente, Seguridad Militar encontró señales de manipulación.
Sentí que me faltaba aire.
—¿Y nadie me lo dijo?
—Yo pedí que no te informaran hasta saber quién estaba detrás.
Lo miré incrédula.
—¿Tú pediste que me ocultaran un intento de hacerme daño?
—Había amenazas contra mi familia. Pensé que estaban relacionadas conmigo.
—¿Y tu solución fue casarte conmigo y desaparecer?
Nathan bajó la voz.
—Mi solución fue mantenerte lejos de mí.
De repente, su absurda explicación dentro de la sala de visitas cobró un significado diferente.
“Pensé que si me mantenía lejos, estarías segura.”
—Por eso nunca volvías a casa —murmuré.
Nathan asintió.
—Después de casarnos recibí otra amenaza. Decía que cuanto más te quisiera, más fácil sería utilizarte contra mí.
Mi rabia no desapareció.
Solo cambió de forma.
—Podrías habérmelo contado.
—Sí.
Aquella respuesta me sorprendió.
No intentó justificarse.
—Debí hacerlo. Creí que protegerte significaba decidir por ti.
Miró los papeles de divorcio que todavía sostenía.
—Y destruí nuestro matrimonio intentando mantenerte viva.
Durante un segundo odié que una parte de mí quisiera creerle.
Entonces miré a Sophia.
Ella estaba llorando otra vez.
Pero ahora veía las lágrimas de manera diferente.
—¿Nathan sabía que tu nombre aparecía relacionado con el taller?
—¡No!
Sophia respondió antes que él.
Nathan frunció el ceño.
—Nunca apareció su nombre.
—Hasta hoy —dije.
Sophia respiró agitadamente.
—Alguien intenta incriminarme.
Un vehículo negro se detuvo junto a la entrada.
Dos hombres vestidos de civil bajaron.
Nathan reconoció a uno.
Su cuerpo se tensó inmediatamente.
—Investigaciones Especiales.
Sophia retrocedió.
Solo un paso.
Pero suficiente.
Uno de los investigadores se acercó.
—Capitán Blackwood.
—Señor.
El hombre me miró.
—¿Elena Blackwood?
Asentí.
Sacó una carpeta.
—Necesitamos hablar con usted sobre el accidente ocurrido dos semanas antes de su boda.
Sophia comenzó a caminar hacia atrás.
El segundo investigador se interpuso discretamente en su camino.
—Señorita West, usted también tendrá que quedarse.
—¿Por qué?
—Porque esta mañana encontramos al antiguo propietario del taller.
El rostro de Sophia perdió todo color.
—Eso es imposible.
El investigador entrecerró los ojos.
—Curiosa elección de palabras.
Nathan miró a Sophia.
—¿Por qué sería imposible?
Ella abrió la boca.
Nada salió.
El investigador continuó:
—El propietario llevaba casi dos años viviendo bajo otro nombre. Asegura que recibió dinero para alterar un vehículo.
Mi corazón golpeaba contra mis costillas.
—¿Dijo quién le pagó?
El hombre miró la carpeta.
—No directamente.
Sophia soltó aire.
Demasiado pronto.
—Pero conservó algo.
El alivio desapareció de su rostro.
—Una grabación.
Nathan se quedó rígido.
—¿De qué?
—De la persona que acudió al taller.
Sophia dio otro paso atrás.
El investigador la observó.
—Curiosamente, esa persona no pidió que mataran a la señorita Elena.
Me estremecí.
—¿Qué pidió?
—Que el accidente pareciera suficientemente grave para cancelar la boda.
Miré a Sophia.
Ella negó frenéticamente.
—¡Yo jamás haría eso!
—Todavía no he dicho que fuera usted.
Silencio.
Sophia comprendió su error demasiado tarde.
Nathan también.
—Sophia…
—¡Fue tu madre!
La frase estalló entre nosotros.
Nadie habló.
Nathan parecía no haber entendido.
—¿Qué has dicho?
Sophia comenzó a temblar.
—La tía Margaret sabía que Elena no era adecuada para ti. Ella solo quería retrasar la boda. Nadie debía salir herido.
Mi estómago se revolvió.
—¿Mi suegra ordenó manipular mis frenos?
—¡No!
Sophia se cubrió la boca.
Ya había hablado demasiado.
Nathan avanzó hacia ella.
—Dime la verdad.
—Yo solo hice lo que ella me pidió.
Aquello cambió todo.
La mujer que durante dos años me había llamado egoísta.
La que me había enseñado a soportar en silencio.
La que defendía a Sophia en cada discusión.
Había intentado impedir nuestro matrimonio desde antes de que comenzara.
Nathan sacó su teléfono.
—Voy a llamar a mi madre.
El investigador levantó una mano.
—No lo haga.
—¿Por qué?
—Porque hay algo más.
Abrió la carpeta.
—El antiguo propietario del taller identificó a Sophia West como la persona que entregó el dinero.
Sophia comenzó a sollozar.
—Margaret me obligó.
—Eso tendrá que demostrarlo.
Nathan parecía devastado.
Pero yo ya había visto otra cosa.
Una contradicción.
—Espere.
Todos me miraron.
—Si Margaret quería cancelar la boda… ¿por qué después del accidente permitió que nos casáramos?
El investigador guardó silencio.
Nathan también pareció darse cuenta.
Entonces el hombre sacó una pequeña bolsa transparente de evidencias.
Dentro había una fotografía antigua.
Nathan y yo aparecíamos saliendo del registro civil.
La fecha estaba escrita detrás.
El día de nuestra boda.
Sobre mi rostro había una cruz roja.
Debajo, cuatro palabras escritas a mano.
“EL MATRIMONIO NO IMPORTA.”
Nathan dejó de respirar.
Yo miré a Sophia.
—Esto nunca fue para cancelar la boda.
El investigador negó lentamente.
—No.
—Entonces ¿para qué manipularon mis frenos?
Antes de que pudiera responder, su teléfono vibró.
Leyó el mensaje.
Su expresión cambió.
—Tenemos un problema.
—¿Qué ocurre?
Levantó la vista hacia Nathan.
—Su madre acaba de abandonar la residencia Blackwood.
Nathan frunció el ceño.
—¿Adónde va?
—No lo sabemos.
Otro mensaje apareció.
El investigador lo leyó y palideció.
—Pero antes de marcharse abrió una caja de seguridad que llevaba cerrada más de veinte años.
Nathan se quedó inmóvil.
—¿Qué había dentro?
El hombre me miró.
—Documentos relacionados con Elena.
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
—Yo ni siquiera conocía a los Blackwood hace veinte años.
El investigador sostuvo mi mirada.
—Precisamente por eso esto acaba de complicarse.
Me mostró una fotografía enviada por su equipo.
Era un documento amarillento.
En la esquina inferior aparecía mi nombre completo.
ELENA MARIE VALE.
Y debajo había una fecha.
La de mi nacimiento.
Pero lo que hizo que Nathan se quedara completamente blanco fue la firma situada al lado del nombre de mi madre.
MARGARET BLACKWOOD.
