Daniel miró el sobre que sostenía.
—¿Qué es eso?
Lo dejé sobre la mesa.
—Ábrelo.
Dentro estaban las fotografías.
Daniel en el Caribe.
Daniel junto a Vanessa Cole, su directora de marketing.
Daniel besándola junto a la piscina mientras yo hacía mi llamada número diecinueve desde Urgencias.
Su rostro perdió el color.
—Grace, puedo explicarlo.
—No me interesa.
—Fue un error.
Casi sonreí.
—No. Un error ocurre una vez. Reservar dos billetes, una habitación y cinco noches requiere planificación.
Daniel miró nuevamente hacia la guardería.
—¿Dónde está Noah?
—En el hospital.
Su expresión cambió por completo.
—¿Qué?
—Tuvo una infección. Los médicos consiguieron estabilizarlo.
Daniel agarró las llaves.
—Vamos.
—Yo iré. Tú no.
Se volvió hacia mí.
—¡Es mi hijo!
Entonces coloqué otro documento delante de él.
Esta vez no era una fotografía.
Era un informe bancario.
Mientras esperaba noticias de Noah, había revisado nuestras cuentas porque necesitaba pagar ciertos gastos médicos.
Encontré transferencias.
Primero pequeñas.
Después enormes.
Durante dieciocho meses, Daniel había enviado dinero de nuestra cuenta conjunta a una empresa llamada Blue Shore Consulting.
—Ciento ochenta y siete mil dólares —dije—. ¿También fue un error?
Daniel dejó de respirar.
—¿Revisaste mis cuentas?
—Nuestras cuentas.
Su silencio confirmó que había encontrado algo importante.
—Blue Shore pertenece a Vanessa —continué.
—Grace…
—Pero eso tampoco es lo interesante.
Saqué el último documento.
Mi padre había invertido en la empresa de Daniel ocho años atrás.
Cuando murió, sus acciones pasaron a un fideicomiso.
Daniel siempre me había dicho que aquellas acciones habían sido vendidas para cubrir las deudas de la compañía.
No era cierto.
Seguían existiendo.
Y yo era la beneficiaria.
El cuarenta y ocho por ciento de su empresa estaba legalmente bajo mi control.
Daniel se dejó caer en una silla.
—¿Quién te dio esto?
—El abogado de mi padre.
Su teléfono comenzó a sonar.
Era Vanessa.
No contestó.
Volvió a sonar.
Después llegó un mensaje.
Daniel lo leyó.
Y palideció todavía más.
—¿Qué ocurre?
No respondió.
Le quité el teléfono.
Daniel, tenemos un problema. Grace encontró las transferencias. Tu madre dice que debemos activar el plan antes de que descubra lo de Noah.
Levanté lentamente la mirada.
—¿Qué significa “lo de Noah”?
—No sé.
—Daniel.
—¡No lo sé!
Entonces alguien llamó a la puerta.
Era la señora Álvarez.
Pero no estaba sola.
Detrás de ella había un hombre de traje que reconocí del hospital.
El doctor que había atendido a Noah.
Sostenía una carpeta.
—Señora Grace, necesitamos hablar sobre los análisis de su hijo.
Daniel se puso de pie.
El médico lo miró.
Después volvió los ojos hacia mí.
—Durante las pruebas encontramos una incompatibilidad genética inesperada.
Sentí que el suelo desaparecía.
—¿Daniel no es su padre?
—No es eso.
El médico negó lentamente.
—El señor Daniel sí es compatible como padre biológico.
Hizo una pausa.
—Pero usted no aparece como la madre biológica de Noah.
