PARTE 2: EL HOMBRE QUE TRAJE A LA FIESTA

Las puertas se abrieron.

Entró un hombre alto con un abrigo cubierto de nieve.

Matthias perdió el color.

—¿Qué hace él aquí?

El agente federal Nathan Cole no sonrió.

—Señor Dre.

Las conversaciones comenzaron a apagarse.

Fiona dejó su copa.

Nathan no había venido solo.

Cuatro agentes permanecían discretamente junto a las salidas.

—Serena —susurró Matthias—. ¿Qué demonios hiciste?

—Intenté mantener con vida a sesenta personas.

Le entregué a Nathan una copia del documento anónimo.

Matthias lo reconoció inmediatamente.

Ese fue su segundo error.

—¿Dónde encontraste eso?

Nathan levantó la mirada.

—Curioso. La señora Dre nunca dijo qué documento era.

Fiona retrocedió.

Entonces las luces navideñas se apagaron.

Durante dos segundos, el salón quedó oscuro.

Cuando regresó la electricidad, Nathan ya tenía una mano dentro del abrigo.

—Nadie sale.

Los agentes cerraron las puertas.

La investigación había comenzado esa mañana.

El plano enviado a mi abogada coincidía con modificaciones recientes del sistema de calefacción de la finca.

Alguien había manipulado una tubería de gas bajo el ala este.

La supuesta fuga debía comenzar después de medianoche.

Nathan habló con calma.

—Con sesenta personas dentro, cualquier explosión habría parecido un accidente navideño.

La madre de Matthias se llevó una mano a la boca.

—¿Quién haría algo así?

Nathan abrió una carpeta.

—Alguien que necesitaba que determinadas personas murieran juntas.

Sacó una lista.

El presidente de la junta.

Dos inversionistas de Hensley.

El padre de Matthias.

Y yo.

Mi nombre estaba marcado dos veces.

Fiona empezó a llorar.

—Yo no sabía nada.

Matthias la miró.

—¿De qué estás hablando?

Ella se arrancó el collar.

—¡Tú dijiste que solo necesitabas que Serena creyera que teníamos una aventura!

El silencio fue brutal.

Miré a Matthias.

Por primera vez, parecía genuinamente confundido.

Nathan tomó el collar.

Dentro del cierre había un diminuto transmisor.

No era un regalo romántico.

Era un dispositivo para registrar conversaciones.

—Fiona estaba siendo utilizada —dijo Nathan—. Pero quizá tampoco por Matthias.

Entonces mostró los registros del hotel.

La suite había sido reservada con la tarjeta corporativa de Matthias.

Sin embargo, las cámaras mostraban a Fiona entrando con otro hombre.

El padre de Matthias.

Richard Dre.

Toda la sala se volvió hacia él.

Richard no se movió.

Nathan continuó.

—La adquisición Hensley oculta ciento ochenta millones de dólares desviados durante siete años.

Matthias palideció.

—Eso empezó antes de que yo dirigiera la empresa.

—Exactamente.

Richard finalmente habló.

—No digas una palabra más.

Pero Nathan ya estaba mirando hacia mí.

—Hay otra razón por la que Serena figuraba entre las víctimas.

Sacó un documento antiguo.

Era mi certificado de nacimiento.

Debajo había una prueba genética.

Sentí que nuestra hija se movía.

—¿Qué tiene que ver eso conmigo?

Nathan tardó demasiado en responder.

—Hensley no pertenece realmente a los Dre.

Richard cerró los ojos.

—Nathan.

—La accionista legítima es Serena.

Matthias me miró como si no me reconociera.

—Eso es imposible.

Nathan negó.

—Y si Serena moría antes de que naciera su hija, nadie podría demostrar quién heredaba Hensley.

Entonces escuchamos un golpe seco en el piso superior.

Un agente habló por radio.

Su expresión cambió.

—Tenemos un intruso.

Nathan desenfundó su arma.

Pero Richard Dre comenzó a reír.

—No es un intruso.

Me miró directamente.

—Es el hombre que envió el sobre a Serena.

Sentí que se me helaba la sangre.

Richard añadió:

—Y lleva treinta años esperando recuperar a su hija.

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