Cerré los dedos alrededor de la memoria.
—¿Mamá te pidió que me la dieras antes de la boda?
Noah asintió.
—Dijo que no se la diera a Rebecca.
Miré hacia el salón. Mi prometida seguía sonriendo para las fotografías. De pronto, cada risa me pareció una máscara.
—¿Dónde está tu mamá?
—En el coche. Le duele la cara.
Me levanté de inmediato y llamé a mi asistente.
—Busca a Emily. Ahora. Que venga con un médico.
Rebecca se acercó, todavía radiante bajo el velo.
—¿Pasa algo?
Noah se escondió detrás de mis piernas.
—Solo necesito revisar algo antes de la ceremonia —respondí.
Ella vio la memoria en mi mano. Su sonrisa se tensó.
—¿Qué es eso?
—Una cosa que mi nieto encontró.
Rebecca extendió los dedos.
—Dámela. Seguro es un archivo de trabajo.
Aparté la mano.
—Lo revisaré yo.
La llevé a una sala privada y conecté la memoria al portátil del organizador. Había un video y varios archivos de audio. En la pantalla apareció Emily, en su sala, discutiendo con Rebecca. La imagen temblaba, pero se oyó con claridad cuando Rebecca le exigió que firmara unos documentos para que yo le cediera el control de mis cuentas.
Emily se negó.
Rebecca la agarró del brazo. Emily intentó apartarse; cayó contra una mesa y se cubrió la cara. Entonces Rebecca se inclinó hacia ella.
—Cuando me case con tu padre, ya no podrás meterte en nuestra vida.
La puerta se abrió. Emily entró acompañada por mi asistente. Tenía un moretón junto al pómulo.
—Papá, quería contártelo —dijo—. Pero ella amenazó con quitarme a Noah.
Rebecca se puso blanca.
—Eso está editado. ¡No puedes cancelar la boda por un video!
—No la cancelo por el video —dije—. La cancelo porque mi hija tuvo miedo de contarme la verdad.
Pedí que llamaran a seguridad y a la policía. La ceremonia quedó suspendida. Los invitados se marcharon sin música ni brindis.
Noah me tomó la mano.
—¿Ya no va a lastimar a mamá?
Me arrodillé frente a él.
—No. Ahora voy a escucharla y asegurarme de que esté protegida.
Emily me abrazó con cuidado. La boda que había planeado desapareció en un instante.
Y por primera vez en mucho tiempo, entendí qué era lo más importante que debía conservar.