—¡Código azul! —gritó la enfermera.
Dos miembros del equipo de guardia entraron corriendo. Uno empezó las compresiones mientras el otro pedía medicamentos. Yo retrocedí, con las manos sobre la boca, incapaz de apartar los ojos de Lily.
—Por favor —susurré—. No te vayas, mi amor.
La puerta volvió a abrirse. El doctor Chen, jefe de Pediatría, entró con el cabello revuelto y la bata mal abrochada. Alguien lo había llamado desde otra planta.
—¿Cuánto tiempo lleva así?
—Menos de un minuto —contestó la enfermera.
Chen se colocó junto al equipo. Yo me aferré a la pared mientras cada segundo se estiraba como una eternidad.
Entonces el monitor emitió un pitido.
Uno.
Otro.
La línea dejó de estar plana.
—Tenemos pulso —dijo el médico—. Trasládenla a cuidados intensivos. Ahora.
Me permitieron seguir la camilla hasta la puerta, pero allí me detuvieron. Lily desapareció detrás de una doble puerta y volví a quedarme sola en el pasillo.
Adrian llegó poco después. Su traje estaba arrugado y aún tenía una pequeña mancha de sangre en el puño.
—Isabella, ¿qué pasó? Me dijeron que Lily…
—Tu hija casi muere mientras tus médicos estaban salvando a Daniel.
Se quedó inmóvil.
—Yo no sabía que estaba empeorando.
—Te llamé diecinueve veces.
Adrian miró el teléfono en su mano, como si por fin entendiera lo que significaban esas llamadas.
—Creí que podía esperar unos minutos.
—Ella también creyó que la llevarías al parque.
No encontró respuesta.
El doctor Chen salió de cuidados intensivos antes del amanecer. Lily seguía crítica, pero había respondido al tratamiento. La infección no se había extendido. Su recuperación iba a ser difícil, y nadie podía prometer que no tendría complicaciones.
Adrian se cubrió el rostro.
—Voy a hacer cualquier cosa para arreglarlo.
—No puedes arreglar lo que le hiciste —respondí—. Ni lo que me hiciste a mí.
Entonces una enfermera apareció con una carpeta.
—Señora Blackwood, encontramos algo en el historial de Lily. La autorización para la operación lleva su firma, pero el documento original indica que usted la rechazó.
Miré a Adrian.
Él palideció.
La enfermera bajó la voz.
—Y la cámara del pasillo registró quién cambió el formulario.
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