PARTE 2: LA MUJER A LA QUE MERCER ESTABA ESPERANDO

A las 9:46, un Bentley negro se detuvo frente al Meridian.

Richard Mercer salió primero.

Tenía setenta años, cabello plateado y suficiente poder para hacer que hombres como Dominic midieran cada palabra antes de pronunciarla.

Me ofreció el brazo.

—¿Preparada?

—No.

Richard sonrió.

—Excelente. Las personas demasiado preparadas suelen cometer los peores errores.

Entramos.

Las conversaciones comenzaron a apagarse.

Entonces vi a Dominic.

Estaba junto a Vanessa, con una mano posesiva sobre su cintura.

Cuando me reconoció, su expresión pasó de la sorpresa a la furia.

—Evelyn.

Vanessa me observó de arriba abajo.

—¿Cómo entraste?

Richard respondió antes que yo.

—Conmigo.

Dominic palideció.

—Señor Mercer…

—Vale.

Solo una palabra.

Pero Dominic retiró inmediatamente la mano de Vanessa.

Richard me condujo hasta la mesa principal.

—¿Qué significa esto? —preguntó Dominic.

—Significa —respondió Richard— que esta noche no has venido a presentar a tu amante.

Sacó una carpeta negra.

—Has venido a conocer a la mujer que controla tu futuro.

Dominic soltó una risa nerviosa.

—Evelyn no tiene nada que ver con mis empresas.

Richard abrió la carpeta.

—Ahí está tu primer error.

Me mostró varios documentos que yo tampoco había visto.

Quince años atrás, cuando Dominic creó Vale Maritime, necesitaba capital.

El dinero llegó mediante una sociedad llamada Northstar Holdings.

Dominic siempre creyó que pertenecía a inversores privados.

No era así.

Northstar había sido fundada con el patrimonio de mi padre.

Y tras su muerte, las acciones quedaron dentro de un fideicomiso.

Beneficiaria final:

Evelyn Mercer.

Dejé de respirar.

—¿Mercer?

Dominic me miró.

Richard asintió.

—Tu padre era mi hermano menor.

Sentí que el salón desaparecía a mi alrededor.

Mi madre siempre había dicho que mi padre murió sin familia.

Richard continuó:

—Él quiso mantenerte fuera de este mundo hasta que pudieras decidir por ti misma si querías entrar.

Dominic arrancó los documentos de la mesa.

—Esto no cambia nada.

—Cambia bastante —dijo Richard—. Northstar posee el treinta y nueve por ciento de Vale Maritime.

Vanessa soltó mi nombre en un susurro.

Richard todavía no había terminado.

—Y mañana vence una deuda que tu empresa no puede pagar.

Dominic quedó inmóvil.

—Eso es confidencial.

—Para ella no.

Richard señaló mi firma pendiente en la última página.

—Evelyn puede refinanciarla.

Dominic me miró por primera vez aquella noche sin desprecio.

—Evelyn, podemos hablar.

—Hace tres horas me pediste que desapareciera de tu casa.

—Estaba enfadado.

Vanessa dio un paso atrás.

Entonces Richard colocó otro expediente sobre la mesa.

—Antes de decidir cualquier cosa, deberías ver esto.

Dentro había transferencias realizadas durante dieciocho meses desde Vale Maritime hacia una empresa fantasma.

Quince millones de dólares.

Beneficiaria: Vanessa Quinn.

Dominic giró hacia ella.

—¿Qué demonios es esto?

Vanessa perdió el color.

—Yo puedo explicarlo.

Pero Richard negó lentamente.

—No creo que pueda.

Sacó una fotografía.

Vanessa aparecía entrando en un hotel con un hombre.

Reconocí inmediatamente a Dominic.

Pero Richard señaló al hombre que caminaba detrás de ellos.

—Ese es el verdadero problema.

Dominic dejó caer la fotografía.

Por primera vez pareció asustado.

—Ese hombre está muerto.

Richard me miró.

—Eso mismo creyó tu padre durante veinte años.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién es?

Richard cerró la carpeta.

—El hombre que convirtió tu matrimonio con Dominic en una inversión mucho antes de que ustedes dos se conocieran.

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