Jake llamó a mi teléfono.
Lo escuchó sonar.
No estaba en mi bolso.
Estaba debajo de la mecedora, todavía manchado de sangre.
Entonces vio algo junto al moisés vacío.
Una tarjeta.
Dra. Evelyn Bennett — Cirugía Cardiotorácica.
Jake dejó de respirar.
—No puede ser.
Evelyn Bennett era mi madre.
La mujer con la que no hablaba desde hacía nueve años.
Jake marcó el número.
Ella respondió inmediatamente.
—¿Dónde están Olivia y Noah?
—Vivos.
Jake tuvo que apoyarse contra la pared.
—¿Dónde?
—Donde deberían haber estado hace tres días. En el hospital.
Cuando recuperé la conciencia, mamá estaba sentada junto a mi cama.
—¿Cómo…?
—Fui a verte.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Escuché llorar a Noah desde fuera.
Había llegado después de nueve años porque una antigua amiga le había enviado una fotografía de su primer nieto.
Encontró la puerta sin cerrar.
Después me encontró a mí.
Los médicos dijeron que había sufrido una hemorragia posparto grave.
Otra hora sin atención podría haberme matado.
—Noah…
—Está perfectamente.
Lloré.
Mamá me tomó la mano.
Entonces su expresión cambió.
—Olivia, necesito preguntarte algo.
Sacó mis informes médicos.
—¿Quién atendió tu parto?
—El doctor Richard Collins.
Su rostro perdió el color.
—¿Jake eligió ese médico?
Asentí.
Mamá cerró los ojos.
—Dios mío.
—¿Qué ocurre?
Colocó un documento frente a mí.
Durante el parto había aparecido una complicación.
El hospital recomendó mantenerme ingresada.
Pero alguien había solicitado mi alta anticipada.
Mi supuesta firma aparecía en el formulario.
—Yo nunca firmé esto.
—Lo sé.
Había otra firma debajo.
Jacob Bennett — cónyuge.
Sentí frío.
Pero mamá todavía no había terminado.
—Richard Collins perdió su licencia en otro estado hace seis años.
—¿Por qué?
—Por falsificar historiales médicos para una compañía de seguros.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Jake.
No contesté.
Mamá abrió una segunda carpeta.
—Después de encontrarte, investigué por qué Jake insistió tanto en que utilizaras a Collins.
Dentro había pólizas.
Una de ellas había sido contratada cuatro meses antes del nacimiento de Noah.
Seguro de vida.
Cinco millones de dólares.
Beneficiario: Jake.
Sentí náuseas.
—¿Estás diciendo que quería que muriera?
—Todavía no lo sé.
Entonces mamá deslizó una última página hacia mí.
Era un correo enviado por Collins dos días antes de mi parto.
Si ella presenta otra hemorragia, no podremos controlar el resultado. Asegúrate de que nadie revise el historial anterior.
Debajo estaba la respuesta.
No procedía de Jake.
La dirección pertenecía a alguien que conocía perfectamente.
Su madre.
Carol Bennett.
En ese instante, Jake apareció en la puerta de mi habitación.
Pálido.
Desesperado.
—Olivia, gracias a Dios.
Mi madre se puso de pie.
—No des otro paso.
Jake miró los documentos.
Y su expresión cambió.
—¿Dónde encontraste eso?
Mamá lo observó.
—Curiosa pregunta.
Se acercó lentamente.
—Porque todavía no te he dicho qué documento estás mirando.
Jake se quedó completamente inmóvil.
