Cerré la puerta de mi oficina.
—Empieza a hablar.
Elena señaló el informe.
—Genevieve descubrió esto durante su embarazo.
El documento pertenecía a un estudio médico privado.
Los nombres de mis hijos aparecían añadidos posteriormente, pero debajo había una advertencia sobre una alteración hereditaria que podía complicar ciertos tratamientos.
—¿Por qué nunca me lo dijo?
—Porque estaba intentando averiguar quién había accedido a sus registros.
Elena abrió su bolso y sacó una memoria USB.
—Tres semanas antes de morir, me entregó esto y el collar.
—¿Quién eres tú?
Sus ojos bajaron.
—Su hermana.
Me quedé inmóvil.
Genevieve nunca había mencionado una hermana.
—Eso es mentira.
—Nuestra madre me entregó en adopción. Genevieve me encontró años después.
Antes de que pudiera responder, Prescott apareció.
—Señor, debemos sacar a esta mujer.
Elena palideció al verlo.
—Él no.
Prescott se detuvo.
—¿Qué dijiste?
Elena retrocedió.
—Genevieve me advirtió específicamente sobre usted.
El silencio se volvió pesado.
Miré a Prescott.
—Entrega tu arma y sal.
—Lawson, esto es absurdo.
—Ahora.
Mis guardias obedecieron antes que él.
No acusé a Prescott de nada.
Pero tampoco iba a ignorar aquella advertencia.
Minutos después conectamos la memoria USB en un equipo aislado.
Había fotografías.
Registros médicos.
Correos.
Y un video de Genevieve.
Mi esposa apareció en pantalla viva, asustada, mirando directamente a la cámara.
—Lawson, si estás viendo esto, probablemente no pude terminar lo que empecé.
Sentí que el pecho se me cerraba.
—Jonah y Blythe no están enfermos por casualidad —continuó—. Pero tampoco significa que no puedan recibir ayuda. Necesitas médicos que trabajen con sus registros originales, no con las copias modificadas.
Miré a Elena.
—¿Modificadas por quién?
El video continuó.
—Alguien ha estado alterando información clínica para dirigir sus decisiones. No confíes únicamente en los archivos de la casa.
Llamé inmediatamente al Dr. Yates.
Ordené una revisión independiente de cada registro y el traslado de copias verificadas a otro equipo hospitalario.
Entonces apareció el último archivo.
Un formulario de autorización médica.
Mi firma estaba falsificada.
Permitía transferir los historiales de los gemelos a una fundación llamada Hale Pediatric Research.
Hale.
Miré hacia la puerta por donde Prescott acababa de salir.
Pero Elena negó rápidamente.
—No asuma que fue él. Genevieve decía que los nombres podían ser señuelos.
Entonces Yates llamó.
Su voz temblaba.
—Lawson, encontramos una discrepancia.
Me puse de pie.
—¿Qué clase de discrepancia?
—Los análisis originales de los gemelos no coinciden con varios resultados cargados posteriormente.
—¿Eso cambia el pronóstico?
—Puede cambiar nuestras opciones. Necesitamos repetir pruebas inmediatamente.
Por primera vez en semanas sentí algo parecido a esperanza.
Entonces Elena abrió otro archivo de Genevieve.
Era una prueba genética prenatal.
Había tres perfiles.
Genevieve.
Los gemelos.
Y una tercera mujer.
Elena.
Me volví hacia ella.
—¿Por qué está tu ADN aquí?
Las lágrimas llenaron sus ojos.
—Porque eso era lo último que Genevieve quería que descubrieras.
—¿Qué?
Elena miró hacia las habitaciones de mis hijos.
—Que si alguna vez necesitaban encontrar a alguien compatible dentro de su familia biológica, debías buscarme primero.
