PARTE 2: El mensaje que convirtió mi huida en una persecución

—Elena, ¿alguien sabe que estás en este vuelo?

La pregunta me desconcertó.

—Mi primo.

Adrian giró el teléfono hacia mí.

En la pantalla había una fotografía tomada dentro del aeropuerto de Monterrey.

Yo aparecía empujando el cochecito de Lily.

Debajo había un mensaje de su jefe de seguridad:

“Un hombre lleva preguntando por la mujer y la niña que viajaban contigo. Tenemos identificación.”

La siguiente imagen me heló la sangre.

Ethan.

Mi exmarido.

—No puede estar aquí —susurré—. No sabía que me marchaba.

Adrian frunció el ceño.

—Entonces alguien se lo dijo.

Cuando aterrizamos, tres hombres de traje esperaban junto al avión.

Adrian habló brevemente con ellos antes de regresar.

—Tu ex llegó a Houston en un vuelo privado hace cuarenta minutos.

Sentí que Lily se movía contra mi pecho.

—Ethan no tiene un avión privado.

—No es suyo.

Aquello fue peor.

Adrian insistió en llevarnos hasta Pasadena.

No acepté hasta que uno de sus hombres me mostró imágenes de Ethan hablando con dos desconocidos cerca de la zona de recogida de equipajes.

Durante el trayecto llamé a mi primo.

Número desconectado.

Lo intenté otra vez.

Nada.

Al llegar a la dirección que me había dado, encontramos la casa vacía.

Un cartel de alquiler colgaba en la ventana.

—No entiendo —murmuré.

Una vecina salió al porche.

—¿Busca a Daniel Morales?

Asentí.

—Se mudó hace tres meses.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Entonces mi teléfono recibió un mensaje.

Era Ethan.

Devuélveme a Lily y todo esto terminará.

Adrian leyó mi expresión.

—¿Qué quiere decir con “devuélveme”?

—Es su hija.

—No pregunté eso.

Me quedé callada.

Porque había algo que nunca le había contado a Ethan.

Cuando Lily nació, una enfermera me llamó en secreto después de que él abandonara el hospital.

Había encontrado una irregularidad en los documentos.

Saqué una fotografía guardada en una carpeta protegida de mi teléfono.

Era una copia del informe de sangre de Lily.

Adrian lo examinó.

—¿Qué estoy viendo?

—Ethan siempre creyó que era su padre biológico.

—¿Y no lo es?

—No lo sé.

Le mostré la segunda página.

Una prueba realizada después del nacimiento señalaba una incompatibilidad genética imposible entre Ethan y Lily.

Yo había pedido repetirla.

Nunca recibí el resultado.

Adrian dejó de respirar por un instante.

—¿Qué hospital hizo esto?

Se lo dije.

Prescott Memorial.

Su propio hospital.

Su expresión cambió.

Sacó inmediatamente el teléfono.

—Quiero los registros originales del nacimiento de Lily Morales.

Cinco minutos después recibió un archivo.

Lo abrió.

Y palideció.

—Elena…

—¿Qué?

Giró la pantalla.

Mi nombre aparecía correctamente.

También el de Lily.

Pero donde debía figurar Ethan como padre biológico había un código interno.

Adrian conocía aquel código.

—Esto pertenece al programa genético privado de mi familia.

Lo miré sin comprender.

Él amplió la última línea.

Allí aparecía un apellido.

Prescott.

Y debajo, una coincidencia genética del 99,98 %.

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