La llave seguía escondida detrás del marco del pasillo.
Claire creía que yo no lo sabía.
Abrí la puerta.
Esperaba encontrar una cuna.
Ropa de bebé.
Tal vez pruebas de que llevaba meses preparando su huida.
Encontré todo eso.
Y algo más.
En la pared había fotografías.
Decenas.
Almacenes.
Restaurantes.
Vehículos pertenecientes a mis empresas.
Hombres que trabajaban para mí.
En el centro había una fotografía de Michael Reed, mi jefe de seguridad.
Debajo, Claire había escrito una fecha.
La noche en que comenzó a sospechar de mi aventura.
Sentí un escalofrío.
Sobre una mesa encontré carpetas con transferencias bancarias realizadas desde compañías que yo controlaba hacia una sociedad llamada North Harbor Consulting.
No reconocía el nombre.
Pero reconocí las cantidades.
Alguien llevaba meses sacando dinero de mi organización.
Entonces encontré una memoria USB.
La conecté al ordenador.
Había una grabación.
La voz de Claire llenó la habitación.
—Si estás viendo esto, Daniel, significa que tuve que marcharme.
Me quedé inmóvil.
—Hace tres meses descubrí que alguien dentro de tu organización estaba utilizando tus negocios para mover dinero sin que lo supieras.
Claire respiró profundamente en el vídeo.
—Intenté contártelo la noche de mi ecografía.
Recordé aquella cita.
La que había perdido porque estaba con otra mujer.
Sentí náuseas.
—Pero nunca llegaste.
Después apareció una imagen de Michael reuniéndose con dos desconocidos.
—Cuando empecé a investigar, alguien entró en mi oficina.
Otra fotografía.
Una ventana rota.
—Luego comenzaron las amenazas.
Mi sangre se heló.
Claire nunca me había dicho nada.
Entonces comprendí por qué.
Yo había dejado de ser el hombre al que acudía cuando tenía miedo.
El vídeo continuó.
—No cerré la guardería para ocultarte algo sobre nuestra hija.
Claire miró directamente a la cámara.
—La cerré porque encontré un dispositivo de escucha dentro de la cuna.
Retrocedí.
En ese instante escuché pasos detrás de mí.
Michael estaba en la puerta.
—¿Qué estás haciendo aquí, jefe?
Cerré lentamente el portátil.
—Buscando a mi esposa.
Su mirada cayó sobre las carpetas.
Solo durante medio segundo.
Pero fue suficiente.
—¿Dónde está Claire, Michael?
—Ya te dije que no lo sé.
Entonces mi teléfono vibró.
Número desconocido.
Era una fotografía tomada hacía menos de un minuto.
Claire salía de un hospital sosteniendo su vientre.
Debajo había un mensaje.
Deja de buscar o tu hija no llegará a nacer.
Levanté los ojos hacia Michael.
Él también estaba mirando mi teléfono.
Y cometió un error.
—Daniel, tienes que escucharme. Rebecca no podrá protegerla mucho tiempo.
Mi cuerpo se quedó completamente quieto.
Nunca le había dicho que Claire estaba con Rebecca.
—¿Cómo sabes dónde está?
Michael palideció.
Entonces sonó su propio teléfono.
En la pantalla apareció un nombre.
Rebecca.
Pero cuando Michael respondió, no escuché la voz de la hermana de Claire.
Escuché la de mi esposa.
—Daniel —susurró Claire—, aléjate de Michael ahora mismo.
Y detrás de su voz escuché un disparo.
