El sábado llegó exactamente como lo recordaba.
A las siete de la mañana, Olivia bajó con una mochila llena de libros que no pensaba abrir.
—Recuerda —susurró—. Grupo avanzado.
Asentí.
—Diviértete.
Mi madre apareció desde la cocina.
—Mia, hoy limpia las ventanas y prepara la cena.
—Tengo clase en la biblioteca.
Su expresión cambió.
—¿Con esas notas todavía quieres perder el tiempo?
En mi vida anterior habría discutido.
Esta vez simplemente cogí mi mochila.
—Precisamente por esas notas voy.
Salí antes de que pudiera detenerme.
Durante semanas había estudiado allí en secreto.
Sin tareas domésticas.
Sin comparaciones.
Sin Olivia ocupando cada conversación.
Aquel sábado hice un examen de práctica.
Cuando apareció el resultado, me quedé mirando la pantalla.
Ochenta y tres puntos más.
Por primera vez comprendí algo que mi familia llevaba años impidiéndome descubrir.
Yo no era estúpida.
Simplemente nunca había tenido tiempo.
Regresé a casa al anochecer.
Mi madre estaba esperándome.
—¿Dónde está Olivia?
Dejé la mochila.
—En su sesión de estudio.
—Su profesora llamó.
Sentí cómo todo se detenía.
—Dijo que hoy no había ninguna sesión.
Mi padre salió de la sala.
—¿Sabes dónde está tu hermana?
Recordé mi vida anterior.
Aquella era la oportunidad perfecta.
Solo tenía que decir el nombre de Ethan.
Pero había muerto una vez pagando por haberlo hecho.
—No.
Mi madre me agarró del brazo.
—¡Tú siempre sabes lo que hace!
—Esta vez no.
En ese instante se abrió la puerta.
Olivia entró empapada.
Tenía los ojos hinchados.
—¿Dónde estabas? —gritó mi padre.
Olivia me miró.
Esperaba que la salvara.
—Yo…
Su teléfono sonó.
Ethan.
Mi madre vio el nombre.
El silencio fue brutal.
—¿Quién es Ethan?
Olivia palideció.
Yo subí tranquilamente las escaleras.
Esta vez, su secreto se había descubierto solo.
Una hora después, escuché gritos.
Después una puerta cerrándose.
Entonces Olivia irrumpió en mi cuarto.
—¡Prometiste cubrirme!
La miré.
—Y lo hice.
—¡Podías haber inventado algo!
—Dijiste que dijera que estabas estudiando. Eso dije.
No tuvo respuesta.
Antes de marcharse, vio mi examen sobre la mesa.
Sus ojos cambiaron.
—¿Desde cuándo sacas estas notas?
Cerré el cuaderno.
—Desde que dejé de ocuparme de tu vida.
Aquella noche pensé que había terminado.
Pero a las dos de la madrugada desperté con voces abajo.
Mi padre hablaba por teléfono.
—Sí, señor Ward.
Me incorporé.
—Entiendo perfectamente.
Pausa.
—Mañana iremos.
El señor Ward.
El padre de Ethan.
Entonces escuché algo que jamás había ocurrido en mi primera vida.
Mi padre bajó la voz.
—Pero Olivia no sabe nada del acuerdo entre nuestras familias.
Me quedé inmóvil.
¿Acuerdo?
La respuesta llegó segundos después.
—Mia tampoco puede enterarse de que fue ella la prometida originalmente.
Y por primera vez comprendí que mi regreso no estaba repitiendo mi vida anterior.
Estaba revelando todo lo que me habían ocultado.
