PARTE 2: La firma que podía borrar el imperio de Roderick

A la mañana siguiente, mi abogado presentó la demanda de divorcio.

A las nueve y doce, envié un segundo correo.

“Suspender toda aprobación relacionada con Alcazar Development.”

La respuesta llegó cuatro minutos después.

“Confirmado.”

No necesité hacer nada más.

A las diez, Roderick llamó.

No contesté.

Volvió a llamar siete veces.

A la octava dejó un mensaje.

—Valerie, tenemos que hablar sobre anoche.

Curioso.

Tres años esperando que hablara y ahora parecía tener prisa.

Al mediodía entró al ático.

—¿Qué significa esto?

Dejó los documentos del divorcio sobre la mesa.

—Exactamente lo que dice.

—¿Por una escena estúpida en una gala?

Lo miré fijamente.

—No me divorcio por Camille.

Roderick frunció el ceño.

—Me divorcio del hombre que permitió que otra mujer me llamara intrusa mientras estaba agarrada de su brazo.

Guardó silencio.

Entonces su teléfono sonó.

Su expresión cambió al leer la pantalla.

—¿Qué demonios…?

Otra llamada.

Luego otra.

Finalmente contestó.

—¿Cómo que Apex suspendió la financiación?

Me levanté tranquilamente.

Roderick caminó hacia la ventana.

—Emerald Bay depende de esa estructura.

Pausa.

—Pues hablad con Salcedo Holdings.

Me miró.

Por primera vez conectó mi apellido con algo más que una herencia.

—Valerie…

Colgó lentamente.

—¿Qué tienes que ver con Salcedo Holdings?

—Todo.

Su rostro perdió el color.

Le expliqué que poseía el control mayoritario.

Que yo había negociado personalmente la alianza con Apex.

Y que la financiación que sostenía la expansión de Alcazar Development necesitaba mi autorización final.

Roderick se dejó caer en una silla.

—¿Estás destruyendo mi empresa para vengarte?

—No.

Deslicé una carpeta hacia él.

—Estoy evitando que mi empresa financie una compañía cuyo director ejecutivo me ocultó información relevante.

Abrió la carpeta.

Dentro había correos entre Camille y varios inversores.

Ella llevaba meses presentándose como su futura esposa.

Roderick palideció.

—Yo nunca autoricé esto.

—Pero tampoco lo corregiste.

Entonces apareció algo extraño entre los documentos.

Una transferencia de Alcazar Development por doce millones de dólares.

Beneficiaria: CV Strategic Consulting.

—¿Qué es esto? —pregunté.

Roderick tomó el documento.

—Nunca he visto esa empresa.

Mi teléfono vibró.

Era mi director financiero.

“Valerie, hemos identificado al propietario real de CV Strategic Consulting.”

Abrí el archivo adjunto.

Esperaba ver el nombre de Camille.

No era ella.

Levanté lentamente los ojos hacia Roderick.

—¿Dónde está tu madre?

Él frunció el ceño.

—En Suiza. ¿Por qué?

Giré la pantalla hacia él.

La propietaria de aquella sociedad era Elena Alcázar.

Su madre.

Pero debajo aparecía una segunda revelación.

CV Strategic Consulting había financiado durante tres años todos los gastos personales de Camille.

Incluido un anillo de compromiso de casi medio millón de dólares.

Roderick miró su propia mano vacía.

—Yo nunca le compré ningún anillo.

Entonces comprendimos lo mismo.

Camille no había inventado sola aquel compromiso.

Alguien dentro de la familia Alcázar llevaba años preparándola para reemplazarme.

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