El hombre se detuvo junto a nosotros y apoyó una mano sobre el hombro de la niña.
—¿Otra vez corriendo por el salón, Lily?
Ella sonrió.
—Solo fui a buscar a mamá.
Entonces él me miró.
—¿Todo bien, Nora?
—Perfectamente.
Gavin seguía inmóvil.
Finalmente consiguió pronunciar su nombre.
—Ethan Calloway.
Ethan extendió la mano con absoluta tranquilidad.
—Gavin.
Mi exmarido tardó dos segundos demasiado largos en aceptarla.
No me sorprendió.
Ethan no era un desconocido para él.
Era el fundador de Calloway Development, una de las compañías inmobiliarias más importantes de la costa del Golfo.
Y, cinco años atrás, había ocurrido algo que Gavin jamás olvidó.
Su empresa había intentado conseguir el contrato para desarrollar Harbor Point.
Lo perdió frente a Calloway.
Aquel fracaso casi acabó con su carrera.
Gavin miró a Lily.
Luego a Ethan.
Finalmente a mí.
—¿Vosotros…?
—Nos casamos hace tres años —respondí.
La expresión de Brenda cambió.
—¿Y ella es vuestra hija?
Sentí que Ethan se tensaba apenas.
—Lily es mi hija —dije.
Gavin hizo un cálculo mental.
Lo vi en sus ojos.
Seis años.
Nuestro divorcio había ocurrido hacía cinco.
—Nora…
Su voz perdió toda arrogancia.
—¿Cuántos años tiene?
—Seis.
Brenda soltó lentamente el brazo de Gavin.
Él palideció.
—Eso significa que…
—No significa lo que estás pensando.
Lily no era hija de Gavin.
Yo ya estaba embarazada cuando nuestro matrimonio terminó.
Pero el bebé que esperaba entonces no sobrevivió.
Gavin nunca lo supo.
Porque cuando intenté decírselo, él estaba con Brenda.
Y después del divorcio descubrí algo todavía peor.
Durante semanas había sufrido dolores y sangrados.
Mi médico recomendó reposo inmediato.
Pero Gavin había cancelado nuestro seguro médico conjunto tres semanas antes de pedirme el divorcio.
Sin avisarme.
Cuando finalmente llegué al hospital, era demasiado tarde.
Lily apareció en mi vida casi un año después.
Su madre, Rachel, era mi prima y mi mejor amiga.
Murió pocos meses después de dar a luz.
Yo adopté a Lily.
Años después, Ethan la adoptó también.
Pero Gavin no sabía nada de aquello.
—¿Por qué me miras así? —pregunté.
Él abrió la boca.
No respondió.
Entonces Ethan me entregó discretamente un sobre.
—Tu tía encontró esto entre las cosas de Rachel.
Vi mi nombre escrito sobre el papel.
Rachel había dejado una carta para mí.
Pero había algo más dentro.
Una fotografía antigua.
En ella aparecía Rachel cinco años atrás, frente a una clínica.
No estaba sola.
Brenda estaba junto a ella.
Miré a Brenda.
Su rostro perdió el color.
—¿La conocías?
—No.
Respondió demasiado rápido.
Ethan sacó otro documento.
—Rachel conservó también esto.
Era una copia del expediente médico de mi embarazo perdido.
Debajo aparecía una solicitud para cancelar mi cobertura.
Yo siempre había creído que Gavin la había firmado.
Pero la firma no era suya.
Había sido falsificada.
Gavin agarró el documento.
—Yo nunca autoricé esto.
Brenda retrocedió.
—Esto es absurdo.
Ethan la miró.
—Entonces quizá puedas explicar por qué Rachel tenía registros de transferencias desde tu cuenta bancaria al empleado que procesó aquella cancelación.
El salón pareció quedarse sin sonido.
Gavin giró lentamente hacia Brenda.
—¿Qué hiciste?
Ella empezó a llorar.
Pero aquella vez sus lágrimas no parecían triunfales.
—Yo solo quería que Nora se marchara.
Sentí que Ethan buscaba mi mano.
Brenda negó desesperadamente.
—Pero el bebé no era parte del plan.
Gavin dejó caer el papel.
—¿Qué bebé?
Brenda se quedó completamente quieta.

Demasiado tarde comprendió su error.
Porque yo nunca le había contado a nadie fuera de mi familia que estaba embarazada cuando Gavin me dejó.
Ni siquiera Gavin lo sabía.
Sin embargo, Brenda acababa de admitir que ella sí.