—Marco, encuentra a los hombres de Kolov.
Mi voz salió tranquila.
Eso hizo que todos en la habitación se tensaran.
—Dominic… —susurró Lucía—. Emma necesita un hospital.
—Ya viene una ambulancia privada.
El médico levantó la mirada.
—Tiene dos costillas fracturadas y posiblemente una conmoción cerebral, pero estará bien.
Emma intentó incorporarse.
—Señor Castellano…
Me arrodillé inmediatamente.
—No hables.
—No fue… solo una advertencia.
Sus dedos temblorosos buscaron el bolsillo roto de su uniforme.
Sacó una pequeña memoria USB.
Marco frunció el ceño.
—¿De dónde sacaste eso?
—Del hombre del tatuaje.
Emma respiró con dificultad.
—Se le cayó cuando me golpeaba.
Tomé el dispositivo.
Dos horas después, Marco y yo observábamos su contenido en mi despacho.
No había fotografías.
Ni nombres.
Había transferencias bancarias.
Pagos realizados durante dieciocho meses desde empresas vinculadas a Viktor Kolov.
Pero el dinero no terminaba en Rusia.
Terminaba en Manhattan.
En cuentas pertenecientes a alguien de mi organización.
Marco palideció.
—Tenemos un traidor.
Seguí bajando por los archivos.
Entonces apareció un nombre.
ANTHONY CASTELLANO.
Mi tío.
El hombre que había dirigido los negocios familiares después de la muerte de mi padre.
El hombre que me había enseñado a sobrevivir.
—No puede ser —murmuró Marco.
Mi teléfono sonó.
Número desconocido.
Contesté.
—Castellano.
Una risa profunda respondió.
—¿Te gustó mi regalo?
Kolov.
—Tocaste a alguien bajo mi protección.
—Yo no ordené que tocaran a Emma Carter.
Me quedé inmóvil.
—Mientes.
—Pregunta a tu tío.
La llamada terminó.
En ese instante, Lucía entró corriendo.
—Dominic.
Tenía algo en la mano.
Una fotografía antigua.
—El médico encontró esto cosido dentro del forro del uniforme de Emma.
La tomé.
Mi padre aparecía veinte años más joven.
A su lado había una mujer que reconocí inmediatamente.
La madre de Emma.
Pero lo que me heló la sangre fue el tercer hombre de la fotografía.
Anthony.
En el reverso había una fecha y una frase escrita por mi padre.
“Si me ocurre algo, protege a Sarah Carter y a sus hijos.”
Fui directamente al hospital.
Emma estaba despierta.
Dejé la fotografía sobre su cama.
—¿Por qué tu madre conocía a mi padre?
Emma comenzó a llorar.
—Porque ella trabajaba para él.
—¿Haciendo qué?
—Contabilidad.
Sentí que algo encajaba.
—¿Sabía demasiado?
Emma asintió.
—Mi madre dice que el accidente de mi hermano no fue un accidente.
El aire abandonó mis pulmones.
—¿Quién conducía el camión?
—Nunca encontraron al conductor.
Entonces Emma me entregó su teléfono.
Había un mensaje recibido una hora antes del ataque.
“ENTREGA LO QUE TU MADRE GUARDÓ O TU HERMANO SERÁ EL SIGUIENTE.”
—¿Qué guardó?
Emma tardó varios segundos en responder.
—Un libro de cuentas que pertenecía a tu padre.
Marco apareció en la puerta.
Su rostro estaba blanco.
—Jefe, tenemos otro problema.
—¿Qué?
—Anthony acaba de llevarse a la madre y al hermano de Emma del hospital.
Me puse de pie.
Pero Emma agarró mi muñeca.
—Dominic, espera.
Su voz temblaba.
—Hay algo que debes saber antes de enfrentarte a tu tío.
La miré.
Emma señaló la fotografía.
—Anthony no mandó matar a tu padre porque quisiera controlar su imperio.
Tragué saliva.
—Entonces ¿por qué?
Emma sostuvo mi mirada.
—Porque tu padre descubrió que Anthony llevaba veinte años ocultándote quién era realmente tu madre.
