PARTE 2: EL HOMBRE QUE SABÍA QUIÉN ERA YO

Los dedos de Ethan se cerraron alrededor de mi muñeca.

—No confíes en la voz —susurró.

Me quedé helada.

La mujer seguía hablando por teléfono.

—Harper, deja a los bebés en el suelo y aléjate del señor Grant.

Miré a Ethan.

Negó débilmente con la cabeza.

—¿Quién es usted? —pregunté.

—Alguien que intenta mantenerte viva.

Entonces escuché motores.

Dos vehículos negros aparecieron al final del callejón.

Ethan reunió las pocas fuerzas que le quedaban.

—Corre.

—No puedo dejarte.

—Harper…

Tosió sangre.

—Ellos vinieron por los gemelos.

Guardé el teléfono y levanté al segundo bebé.

Ethan señaló una puerta lateral del almacén.

—Dentro.

—¿Y tú?

—Necesito que hagas exactamente lo que tu madre hizo por mí.

Me detuve.

—Mi madre murió.

Sus ojos se llenaron de algo parecido al dolor.

—Eso es lo que te dijeron.

Las puertas de los vehículos se abrieron.

Corrí.

Entré al almacén abrazando a los gemelos mientras Ethan cerraba la puerta detrás de nosotros.

Sacó una llave de su bolsillo.

—Taquilla 317.

—No entiendo.

—Encontrarás documentos, dinero y una memoria USB.

—¿Por qué me estás dando esto?

Entonces dijo mi nombre completo.

—Porque eres Harper Elizabeth Miller.

Nadie utilizaba mi segundo nombre.

Ni siquiera mi familia de acogida.

—¿Cómo sabes eso?

Ethan apoyó la cabeza contra la pared.

—Porque yo estaba en el hospital la noche que naciste.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Golpes violentos sacudieron la puerta.

Uno de los bebés comenzó a llorar.

—¿Quién era mi madre?

Ethan abrió la boca.

Pero un disparo atravesó la cerradura.

Me empujó hacia una escalera trasera.

—¡Corre!

Subí con los gemelos.

Encontré la taquilla 317.

Dentro había dinero, pasaportes y una fotografía.

La levanté.

Era Ethan veinte años más joven.

A su lado estaba una mujer rubia.

Sostenía un bebé.

Yo.

En el reverso había una frase escrita a mano.

“Si algo me ocurre, Ethan sabrá dónde encontrar a Harper.”

Debajo aparecía una firma.

Elena Grant.

Grant.

El mismo apellido de Ethan.

Escuché pasos detrás de mí.

Me giré aterrorizada.

No era uno de los hombres del callejón.

Era una mujer.

La misma mujer cuya voz había escuchado por teléfono.

Tenía unos cincuenta años y sostenía un arma.

Pero al verme, comenzó a llorar.

—Dios mío.

Me apuntó con una linterna.

—Tienes sus ojos.

Retrocedí protegiendo a los bebés.

—¿Quién era Elena Grant?

La mujer bajó lentamente el arma.

—La hermana de Ethan.

No podía respirar.

—Entonces ¿por qué tenía una foto conmigo?

Antes de responder, miró a los gemelos.

Su rostro cambió.

—Ethan no te trajo aquí por casualidad.

—¿Qué significa eso?

—Esos bebés no son sus hijos.

Miré a los recién nacidos.

—Pero dijo…

—Mintió para protegerlos.

Los disparos volvieron a sonar abajo.

La mujer cerró la puerta.

Luego señaló el bolsillo interior de la manta del bebé más pequeño.

Encontré un sobre.

Mi nombre estaba escrito en él.

Lo abrí con manos temblorosas.

Dentro había tres certificados de nacimiento.

El primero era mío.

Los otros dos pertenecían a los gemelos.

Miré la casilla donde figuraba el nombre de la madre.

Y dejé de respirar.

En los tres documentos aparecía exactamente la misma mujer.

Elena Grant.

Mi madre supuestamente muerta acababa de dar a luz a aquellos gemelos tres semanas atrás.

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