Tiré del cordón.
—Te dije que no.
La voz de Liam ya no sonaba furiosa.
Sonaba asustada.
Las persianas comenzaron a subir.
La luz gris de la tarde inundó la habitación.
Liam cerró los ojos.
Esperé que gritara.
No lo hizo.
Cuando volvió a abrirlos, miró directamente hacia la ventana.
Y entonces entendí.
No temía la luz.
Temía lo que había afuera.
En el bosque, detrás de los árboles, distinguí una pequeña construcción de piedra.
Una ventana.
Una puerta metálica.
Y un hombre armado vigilándola.
—¿Qué hay ahí?
Liam me agarró del brazo.
—Baja las persianas.
—¿Quién está encerrado?
Su rostro perdió el poco color que le quedaba.
—No hagas preguntas que puedan matarte, Claire.
Era la primera vez que pronunciaba mi nombre.
Bajé las persianas.
Entonces sonó mi reloj.
Hora del antibiótico.
Al acercarme a su vía, Liam susurró:
—¿Por qué necesitas tanto el dinero?
Me quedé inmóvil.
—Mi hermano tiene leucemia.
Liam no respondió.
—Hay un ensayo experimental —continué—. Diez mil dólares semanales no bastarán, pero me acercan.
Sus ojos se endurecieron.
—¿Cómo se llama tu hermano?
—Tommy.
Algo cambió en su rostro.
—¿Tommy Bennett?
Se me cayó la jeringa.
—¿Cómo sabes su apellido?
Liam intentó incorporarse y soltó un gemido.
—Claire, escucha con atención.
La puerta se abrió.
Leo entró acompañado de dos hombres armados.
Miró las persianas.
Luego me miró a mí.
—¿Las abriste?
No mentí.
—Sí.
Leo cerró los ojos.
—Te advertí.
Uno de los hombres avanzó.
Liam habló desde la cama.
—Tócala y te entierro.
El hombre se detuvo.
Incluso herido, Liam Mercer seguía siendo Liam Mercer.
Leo hizo una señal y ambos guardias salieron.
Antes de seguirlos, me miró.
—Deberías preguntarte quién recomendó contratarte.
La puerta se cerró.
Me volví hacia Liam.
—¿Qué quiso decir?
Liam guardó silencio.
—¿Quién me recomendó?
—Yo.
Sentí que el estómago se me hundía.
—Nunca nos habíamos conocido.
—Tú no me conocías.
Metió la mano debajo de la almohada y sacó una fotografía doblada.
Me la entregó.
Era Tommy.
Pero la fotografía tenía casi un año.
Mi hermano salía de una clínica.
A su lado estaba yo.
—¿Por qué tienes esto?
Liam respiró con dificultad.
—Porque el tratamiento experimental de Tommy nunca costó lo que te dijeron.
—¿Qué?
—Su plaza ya estaba pagada.
Sentí que las piernas me fallaban.
—¿Por quién?
Liam señaló hacia las persianas.
Hacia aquella construcción en el bosque.
—Por la persona encerrada ahí.
Di un paso atrás.
—¿Quién está ahí?
Antes de que pudiera responder, se escucharon disparos afuera.
Uno.
Dos.
Luego una ráfaga.
Las alarmas de la mansión comenzaron a sonar.
Leo gritó órdenes en el pasillo.
Liam arrancó su vía intravenosa.
—Ayúdame a levantarme.
—¡Tienes una pierna destrozada!
—Claire, si han venido por esa persona, Tommy está en peligro.
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué tiene que ver mi hermano con esto?
Liam me miró.
Y por primera vez desde que llegué, vi verdadero miedo en sus ojos.
—Todo.
Otro disparo hizo temblar la ventana.
Entonces Liam pronunció las palabras que cambiaron todo.
—La persona encerrada en ese edificio es el hombre que desarrolló el tratamiento que puede salvar a Tommy.
Tragué saliva.
—¿Quién?
Liam sostuvo mi mirada.
—Tu padre.
Sentí que el mundo desaparecía.

—Mi padre murió hace diecisiete años.
Liam negó lentamente.
—Eso es lo que él necesitaba que creyeras.