PARTE 2: LA FIRMA QUE FALTABA

Julian no alzó la voz. No necesitaba hacerlo.

Marcus dejó la copa sobre la mesa más cercana. El cristal golpeó la madera con un sonido seco.

—Si esto es sobre la adquisición, podemos hablar el lunes —dijo.

—El lunes vence el plazo para entregar los registros completos —respondió Julian—. Evelyn encontró una discrepancia esta tarde.

Emma se removió en mis brazos, ajena a la tensión. Julian le ofreció sus zapatos plateados y ella los tomó como si fueran un tesoro.

—Cariño, ¿vas con la tía Clara un momento? —le pregunté.

Emma asintió al ver a mi prima junto a la pista de baile. La dejé en el suelo y esperé hasta que Clara la tomó de la mano. Solo entonces volví a mirar a Marcus.

Chloe había dejado de sonreír.

—Evelyn siempre fue buena encontrando problemas donde no los había —dijo Marcus, intentando recuperar su tono despreocupado.

Recordé aquella mañana, cinco años atrás, en que descubrí vacía nuestra cuenta conjunta. Había pasado horas mirando la pantalla del banco, sin saber cómo pagaría el alquiler de un apartamento. Marcus nunca me preguntó dónde dormí esa primera noche.

—También sé reconocer una transferencia —contesté—. Especialmente cuando aparece con dos nombres distintos en los libros de la misma empresa.

Marcus palideció apenas, pero Julian lo vio.

—Podrías estar interpretando mal los datos —dijo Marcus.

—Por eso te estoy dando la oportunidad de explicarlos.

A nuestro alrededor, la música siguió sonando. Alguien brindó cerca de la pista. La boda continuaba mientras los tres permanecíamos inmóviles junto a una mesa de flores blancas.

Chloe soltó el brazo de Marcus.

—¿Qué transferencias?

Él no la miró.

Saqué el teléfono y abrí una copia del documento que había revisado esa tarde. Había conservado el disco cifrado durante años, pero aquella cifra solo había cobrado sentido al compararla con los registros recientes de la adquisición.

Le mostré la pantalla a Marcus.

—Esta cuenta recibió dinero de tu empresa cada trimestre. La declaraste como un proveedor independiente. El titular, en cambio, figura en un documento que firmaste tú.

Marcus leyó el nombre. Su mano se cerró sobre el borde de la mesa.

Chloe se inclinó para mirar. Cuando vio la pantalla, retrocedió un paso.

—Eso no es posible —susurró—. Mi padre murió hace ocho años.

Julian volvió los ojos hacia mí. Yo también había creído que el nombre era una coincidencia, hasta que encontré la firma.

Marcus miró a Chloe por primera vez en toda la conversación. Había miedo en su rostro, pero no por la adquisición.

—Chloe —dijo—, hay algo que nunca te conté sobre él.

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