PARTE 2: Damien descubrió que seis años no le daban ningún derecho

Damien permaneció inmóvil.

Sus ojos iban de Noah a Emma como si estuviera intentando recuperar seis años en unos segundos.

—Evelyn —dijo finalmente—. Tenemos que hablar.

—Tú quieres hablar. No es lo mismo.

Dio otro paso.

Noah se colocó delante de su hermana.

Ese pequeño gesto hizo que Damien se detuviera.

—¿Cuántos años tienen?

—Seis.

Su mandíbula se tensó.

Había hecho las cuentas.

—Estabas embarazada cuando nos divorciamos.

—Sí.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Solté una risa breve.

—Porque estabas demasiado ocupado construyendo una vida con Sophia.

Victor intervino.

—Señor Gray, deberíamos trasladar esta conversación a un lugar privado.

—Nadie va a trasladar a mis hijos a ninguna parte —respondí.

Damien levantó una mano.

Los guardaespaldas retrocedieron inmediatamente.

—Déjenlos pasar.

Victor pareció sorprendido.

—Pero usted ordenó…

—He cambiado de opinión.

Tomé las maletas.

Entonces Damien habló otra vez.

—Mañana iré a verte.

—No.

—Son mis hijos.

Me giré.

—Biológicamente, quizá. Pero ser padre requiere algo más que descubrir dos rostros parecidos al tuyo en un aeropuerto.

Por primera vez, Damien no tuvo respuesta.

Horas después llegué al Instituto Internacional de Biomedicina de Eastbridge.

El director me recibió personalmente.

Mi laboratorio ocupaba una planta completa.

Había regresado para dirigir un programa de investigación que llevaba tres años preparando.

Ya no necesitaba el apellido Gray para entrar en ninguna habitación.

Ahora había habitaciones que esperaban mi llegada.

Pero a las nueve de la mañana siguiente recibí una noticia inesperada.

—Doctora Lin —dijo mi coordinadora—, uno de nuestros principales inversores solicita una reunión.

—¿Quién?

Me entregó la carpeta.

Gray Capital.

Cerré los ojos.

Por supuesto.

Damien había encontrado otra puerta.

La reunión comenzó a las diez.

Entró solo.

Sin Victor.

Sin guardaespaldas.

—No vine a llevarme a los niños —dijo.

—Entonces habla.

Colocó un documento sobre la mesa.

—Quiero una prueba de paternidad.

—Mis abogados responderán.

Asintió.

Aquello me sorprendió.

—También quiero saber por qué nunca recibí esto.

Sacó una hoja vieja.

Reconocí inmediatamente mi letra.

Era una carta que había escrito desde Boston semanas después del divorcio.

Una carta donde le decía que estaba embarazada.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Dónde conseguiste eso?

—Ayer, después del aeropuerto, ordené revisar todo lo relacionado con nuestro divorcio.

La carta llevaba un sello.

RECIBIDO.

Fecha: seis años atrás.

—La envié —susurré.

Damien me miró fijamente.

—Lo sé ahora.

Debajo del sello aparecía una firma.

No era la suya.

Era de Sophia Bennett.

La puerta de la sala se abrió.

Victor entró apresuradamente.

—Señor Gray, encontramos el archivo completo.

Dejó otra carpeta.

Había correos impresos, registros de llamadas y documentos de la antigua residencia Gray.

Damien pasó las páginas.

Su rostro se endureció.

—Sophia interceptó la carta.

—Hay más —dijo Victor.

Sacó un documento médico.

—Seis meses después del divorcio, la señorita Bennett pidió información sobre un tratamiento infantil utilizando el apellido Gray.

Damien levantó la cabeza.

—Sophia no tiene hijos.

Victor guardó silencio.

Luego respondió:

—Eso creíamos.

Dejó una fotografía sobre la mesa.

En ella aparecía Sophia junto a un niño de aproximadamente seis años.

En la parte posterior había una fecha y una frase escrita a mano:

“Cuando Damien descubra quién es su verdadero padre, todo terminará.”

Damien palideció.

Y comprendí que mi regreso no solo había abierto nuestro pasado.

También acababa de revelar que Sophia llevaba seis años escondiendo algo mucho más peligroso.

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