PARTE 2: Adrian descubrió que perder la patente era solo el primero de los problemas que Olivia había ocultado

No había recorrido ni veinte metros cuando Adrian apareció frente a mi coche.

Golpeó la ventanilla.

—¡Isabella!

Bajé el cristal apenas unos centímetros.

—Apártate.

—¿Vendiste la patente?

—Sí.

—¡Esa tecnología pertenece a Cross Medical!

Levanté la carpeta.

—Tu departamento jurídico tendrá una opinión diferente cuando lea los documentos originales.

Su rostro se endureció.

—¿Cuánto te pagaron?

—Lo suficiente.

No necesitaba decirle la cifra.

Probablemente ya la sabía.

Entonces llegaron varios directivos.

Marcus venía detrás.

—Adrian —dijo—, necesitamos subir. El consejo está convocando una reunión extraordinaria.

Adrian ni siquiera lo miró.

—¿Por qué hiciste esto?

Aquella pregunta casi me hizo reír.

—No lo hice por Olivia.

Eso lo desconcertó.

—Lo hice porque era mío y decidí dejar de permitir que tu empresa construyera su futuro suponiendo que yo nunca me marcharía.

Le entregué la demanda de divorcio.

—Ahora tienes dos asuntos que resolver.

Arranqué.

Y me fui.

A las diez de la noche, Daniel Foster me llamó.

—Tenemos un problema.

—¿Con la venta?

—No. La cesión está formalizada conforme a la documentación que revisamos. El problema está en Cross Medical.

Me incorporé.

—¿Qué ocurrió?

—Hayward anunció únicamente la tecnología sobre la que adquirió derechos. Pero alguien dentro de Cross Medical había presentado proyecciones a inversores afirmando que la empresa controlaría comercialmente esa tecnología durante muchos años.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

—Todavía no lo sabemos.

Aquello explicaba parte del pánico.

La empresa no estaba perdiendo simplemente una patente.

Sus directivos tendrían que explicar qué habían prometido exactamente sobre un activo que no controlaban como creían.

A la mañana siguiente, Marcus apareció en mi apartamento.

No lo dejé entrar hasta que Daniel se conectó a la conversación.

Marcus colocó una carpeta sobre la mesa.

—Encontramos esto durante la revisión interna.

Era una presentación para inversores.

En la portada aparecían Adrian y Olivia.

Pasé varias páginas.

Entonces vi mi nombre.

Dra. Isabella Bennett — directora científica.

Debajo decía:

Compromiso de continuidad tecnológica: diez años.

Levanté la mirada.

—Nunca acepté esto.

—Lo sé.

—¿Adrian lo aprobó?

Marcus negó.

—Eso es lo extraño.

La versión enviada al consejo meses atrás no contenía esa página.

Alguien la había añadido después.

—¿Olivia?

—Su cuenta corporativa aparece relacionada con el archivo, pero eso no demuestra por sí solo quién hizo cada modificación. La empresa está revisándolo.

Agradecí que no sacara conclusiones.

Entonces Marcus abrió otro documento.

Era una propuesta de reorganización del departamento científico.

Mi laboratorio desaparecería después del lanzamiento del nuevo producto.

Mi equipo sería absorbido por una división dirigida por Olivia.

Y yo quedaría como “asesora científica externa”.

Sin autoridad operativa.

Sentí una calma casi absurda.

—Así que pensaban quedarse con mi tecnología y después apartarme.

—Alguien lo estaba proponiendo —corrigió Marcus.

En ese momento llamaron a la puerta.

Era Adrian.

No estaba solo.

Daniel, mi abogado, había aceptado su presencia únicamente porque Adrian traía documentación relacionada con la empresa.

Entró sin aquella arrogancia de la noche anterior.

—Isabella, necesito preguntarte algo.

—Pregunta.

Colocó sobre la mesa una copia de un correo.

Olivia se lo había enviado seis meses atrás.

Isabella ya está cansada del laboratorio. Cuando terminemos el lanzamiento, aceptará retirarse. Yo puedo ocuparme de la transición.

Adrian había respondido:

Hablaré con ella cuando llegue el momento.

Lo miré.

—Así que sí sabías que querían apartarme.

—Sabía que Olivia quería dirigir la división. No sabía que existía esa presentación para inversores.

—Pero nunca me preguntaste qué quería yo.

No respondió.

Eso era suficiente.

Su traición con Olivia seguía siendo su responsabilidad.

Ninguna conspiración empresarial iba a convertirlo en víctima dentro de nuestro matrimonio.

Entonces Marcus recibió una llamada.

Escuchó en silencio.

—Acaban de encontrar algo más.

Nos mostró un registro corporativo.

Meses antes, Olivia había creado una pequeña sociedad llamada OB Strategic Ventures.

No era ilegal por sí mismo.

Lo preocupante era quién había negociado recientemente con ella.

Un competidor de Cross Medical.

—¿Estaba vendiéndoles información? —preguntó Adrian.

—No podemos afirmar eso —respondió Marcus—. Pero existe una reunión registrada y el consejo quiere explicaciones.

Adrian palideció.

Su teléfono sonó inmediatamente.

Olivia.

Contestó.

—¿Dónde estás?

No pude escuchar su respuesta.

Pero vi cambiar el rostro de Adrian.

—¿Qué quieres decir con que te vas?

Silencio.

—Olivia, no hagas nada hasta que hablemos con los abogados.

Ella colgó.

Marcus recibió otro mensaje.

—Su acceso corporativo acaba de ser suspendido.

Adrian se dejó caer en una silla.

Yo permanecí de pie.

Ya no sentía satisfacción.

Solo distancia.

Aquella empresa ya no era mi prisión.

—Hay algo que todavía no entiendo —dije—. ¿Por qué Olivia estaba tan segura de que yo desaparecería después del lanzamiento?

Marcus abrió la última carpeta.

—Porque alguien se lo prometió.

Dentro había correos recuperados del archivo administrativo.

No provenían de Adrian.

Todos estaban firmados únicamente con unas iniciales:

R.C.

El último decía:

Cuando Isabella venda o abandone su posición, Olivia ocupará el laboratorio. Adrian estará demasiado distraído para impedirlo.

Adrian levantó la cabeza.

—¿Quién es R.C.?

Yo reconocí las iniciales.

Hacía años que no veía ese nombre.

—Richard Cross.

Adrian quedó inmóvil.

—Mi padre murió hace ocho años.

—Lo sé.

Giré la hoja.

El correo había sido enviado cuatro meses atrás.

Y debajo aparecía una dirección corporativa perteneciente a una sociedad que Richard Cross había creado mucho antes de morir.

Miré a Adrian.

Por primera vez, ambos teníamos exactamente la misma pregunta.

Si su padre llevaba ocho años muerto…

¿quién seguía utilizando su nombre para tomar decisiones dentro de Cross Medical?

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