PARTE 2: EL NIÑO QUE ALEXANDER NUNCA SUPO QUE TENÍA

Le di la dirección.

Después colgué.

No porque hubiera terminado de hablar.

Porque me temblaban tanto las manos que casi dejé caer el teléfono.

Durante los siguientes cuarenta minutos me arrepentí al menos cien veces.

Alexander sabía dónde estábamos.

El hombre del que había huido durante años venía hacia mi hijo.

Pero cada vez que miraba a Noah dormido bajo aquella manta azul, recordaba por qué había llamado.

Ya no importaba mi miedo.

Importaba él.

Cincuenta y tres minutos después, las puertas del ascensor se abrieron.

Alexander salió solo.

Traje negro.

Abrigo oscuro.

El mismo rostro imposible de leer.

Pero ya no era exactamente el hombre que recordaba.

Parecía más cansado.

Más duro.

Y cuando me vio al final del pasillo, se detuvo.

—Emily.

No respondí.

Su mirada pasó por encima de mi hombro hasta la habitación.

—¿Dónde está?

—Antes de entrar tienes que prometerme algo.

—No estoy aquí para negociar.

Me interpuse.

—No vas a llevártelo.

Alexander frunció el ceño.

—¿Llevármelo?

—Tienes dinero, abogados, influencia. Yo desaparecí estando embarazada. Sé perfectamente cómo puede parecer esto.

Me observó durante unos segundos.

Entonces habló mucho más bajo.

—Todavía no sé qué pensar. Solo quiero verlo.

Abrí la puerta.

Noah dormía.

Alexander dio dos pasos.

Y se quedó inmóvil.

Mi hijo tenía mis ojos.

Pero el resto…

La forma de las cejas.

La pequeña hendidura en la barbilla.

Incluso aquella manera de cerrar una mano mientras dormía.

Todo pertenecía a los Stone.

Alexander perdió el color.

—¿Cuántos años tiene?

—Tres.

Me miró.

Hizo el cálculo.

Vi exactamente el momento en que lo comprendió.

—Estabas embarazada cuando te fuiste.

—Lo descubrí esa noche.

—Y no me lo dijiste.

—Esa misma noche volviste oliendo al perfume de Vanessa.

Su mandíbula se tensó.

—Nunca estuve con Vanessa.

Me reí sin humor.

—No hagamos esto aquí.

—Emily, escúchame.

—No. Hazte las pruebas. Eso es todo lo que necesito de ti.

Alexander miró nuevamente a Noah.

—¿Qué necesitan?

—Compatibilidad genética primero. Después decidirán según su tratamiento.

—Entonces que hagan todo.

—Alexander…

—Todo.

Sacó el teléfono.

—Los mejores especialistas. El hospital que necesite. Lo que sea.

—No te llamé por tu dinero.

—Me llamaste porque nuestro hijo está enfermo.

Nuestro hijo.

Aquellas dos palabras me hicieron daño de una forma inesperada.

Antes de que pudiera contestar, Noah abrió los ojos.

—Mamá…

Corrí hacia él.

—Estoy aquí.

Entonces vio a Alexander.

—¿Quién es?

Alexander pareció olvidar cómo respirar.

Yo tampoco sabía qué decir.

Finalmente respondí:

—Es… alguien que vino a ayudarte.

Noah estudió su rostro con curiosidad.

—¿Eres médico?

Alexander tragó saliva.

—No.

—Entonces no me pongas agujas.

Por primera vez vi quebrarse completamente la expresión de Alexander.

—Trato hecho.

Horas después le hicieron las pruebas.

Alexander no se marchó.

Se sentó fuera de la habitación mientras yo permanecía junto a Noah.

A las tres de la madrugada salí por café.

Lo encontré mirando una fotografía en su teléfono.

Era yo.

Una fotografía antigua.

Tomada en la cocina de su mansión.

—¿Todavía tienes eso?

Bloqueó la pantalla.

—Nunca tiré nada tuyo.

—Yo apenas tenía cosas allí.

—Precisamente.

Me quedé callada.

Entonces dijo:

—Te busqué durante casi dos años.

—¿Para qué?

—Para preguntarte por qué te marchaste.

—Sabías por qué.

—No, Emily. Creía que habías esperado a que terminara el contrato y habías decidido desaparecer.

—Vanessa había vuelto.

—Vanessa volvió para pedirme financiación para su sello discográfico.

Lo miré.

—Vi las fotografías.

—Y yo encontré la prueba de embarazo.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué?

Alexander levantó los ojos.

—Estaba en el baño.

Sentí que se me helaba la espalda.

—Entonces sabías…

—Sabía que alguien había usado una prueba. No sabía cuándo. Martha juró que no era suya.

Se puso de pie.

—Por eso te busqué.

Antes de que pudiera responder, apareció el médico.

Los dos nos giramos.

—Señor Stone, tenemos los resultados preliminares.

Alexander avanzó.

—¿Soy compatible?

El médico respiró despacio.

—Antes de hablar de compatibilidad hay otra cuestión que debemos aclarar.

Me agarré al respaldo de una silla.

—¿Qué ocurre?

—Las pruebas confirman una relación biológica directa entre usted y Noah.

Alexander cerró los ojos un instante.

Era su hijo.

Ya no había duda.

Pero el médico no había terminado.

—Sin embargo, encontramos un dato genético que requiere estudiar a otros familiares de la línea paterna.

Alexander frunció el ceño.

—Mi padre murió.

—¿Tiene hermanos?

—Uno.

Su respuesta llegó demasiado rápido.

—Julian Stone.

El nombre me resultaba familiar.

Había visto a Julian solo dos veces durante mis años con Alexander.

Los hermanos llevaban mucho tiempo distanciados.

—Necesitamos localizarlo —dijo el médico—. Podría ser relevante para ampliar las opciones de compatibilidad familiar.

Alexander sacó inmediatamente el teléfono.

Pero antes de marcar, recibió una llamada.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—Es Martha.

Contestó.

—¿Qué ocurre?

La voz de la ama de llaves era tan alta que incluso yo escuché parte de la conversación.

Alexander se quedó inmóvil.

—¿Cuándo?

Silencio.

—No dejes entrar a nadie.

Colgó.

—¿Qué pasó?

Me miró.

—Alguien entró esta noche en la mansión.

—¿Robaron algo?

—Solo una cosa.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué?

—La caja donde guardé la prueba de embarazo que encontré después de que desaparecieras.

No entendía por qué alguien querría una prueba de cinco años atrás.

Hasta que Alexander añadió:

—Martha vio al hombre salir.

—¿Lo reconoció?

Su mandíbula se endureció.

—Sí.

—¿Quién era?

Alexander tardó varios segundos en responder.

—Julian.

El hermano al que acababan de pedirnos localizar.

Entonces mi viejo teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido.

Abrí la fotografía adjunta.

Era yo, saliendo del hospital aquella misma noche.

Alguien nos estaba observando.

Debajo había una sola frase:

“Si quieres que Noah sobreviva, no permitas que Alexander descubra por qué te eligió realmente hace cinco años.”

Levanté la vista hacia él.

Porque de repente recordé algo que llevaba años intentando olvidar.

Alexander siempre dijo que me había elegido por parecerme a Vanessa.

Pero quizá aquella nunca había sido la verdadera razón.

Escribe “SIGUIENTE PARTE” si quieres descubrir por qué Alexander eligió realmente a Emily.

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