Irina no abrió la bolsa.
Solo observó el pequeño parche a través del plástico sellado.
—Si esto estaba pegado directamente sobre su piel, alguien quería que hiciera efecto lentamente —dijo.
Andrey permaneció en silencio.
—¿Estás segura?
—No. Y precisamente por eso no voy a acusar a nadie todavía.
Irina tomó fotografías del envase desde varios ángulos.
—Necesito saber de dónde salió.
—Eso será difícil. Nikolai tiene tres farmacias y acceso a cientos de medicamentos.
—Entonces no buscaremos el medicamento.
Levantó la mirada.
—Buscaremos quién compró el parche.
A las seis y diez, Irina recibió una llamada.
Escuchó durante casi un minuto.
Después colgó.
—Hay una cámara.
—¿Dónde?
—En la farmacia principal de Nikolai.
Andrey se incorporó.
—¿Qué muestra?
Irina no respondió inmediatamente.
Abrió una fotografía en su teléfono y se la mostró.
La imagen estaba tomada dos días antes.
Natalia aparecía entrando en la farmacia.
Detrás de ella caminaba Nikolai.
Pero ninguno de los dos parecía estar comprando nada.
Nikolai llevaba una pequeña caja blanca.
—¿Qué hay dentro? —preguntó Andrey.
—Eso es lo que vamos a averiguar.
A las siete, Natalia seguía inconsciente.
Andrey entró en la unidad y comprobó sus constantes.
Todo estaba estable.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Los dedos de Natalia se movieron.
Andrey se acercó.
—Natalia.
Sus ojos se abrieron apenas.
Miró alrededor.
Luego lo reconoció.
—Andrey…
—Estoy aquí.
Ella intentó hablar.
Andrey acercó el oído.
—No dejes que…
Su voz se apagó.
—¿Que no deje que quién?
Natalia volvió a intentarlo.
Esta vez consiguió pronunciar dos palabras.
—Nikolai sabe.
Andrey sintió un escalofrío.
—¿Qué sabe?
Natalia cerró los ojos.
—Todo.
Antes de que pudiera continuar, una enfermera entró para revisar los monitores.
Andrey salió inmediatamente.
Encontró a Irina en el pasillo.
—Está despierta.
—¿Qué dijo?
Andrey la miró.
—Dijo que Nikolai sabe.
Irina guardó silencio.
Después sacó una segunda fotografía.
—Entonces esto acaba de volverse mucho más serio.
En la imagen aparecía Nikolai entrando en una clínica privada tres semanas antes.
No estaba solo.
A su lado caminaba una mujer mucho más joven.
Andrey reconoció el rostro.
—¿Quién es ella?
—Su hija.
Andrey frunció el ceño.
—Nikolai no tiene una hija.
—Exacto.
Irina deslizó otra fotografía.
La mujer llevaba el mismo apellido que Natalia.
Pero no era una hija.
Era una notaria.
—¿Qué tiene que ver una notaria con esto?
—Mucho.
Irina abrió un documento.
—Hace tres semanas, Natalia modificó su testamento.
Andrey sintió que algo encajaba.
—¿A favor de quién?
—No de Nikolai.
—Entonces, ¿de quién?
Irina levantó la vista.
—De una persona que murió hace doce años.
Andrey se quedó inmóvil.
—Eso es imposible.
—Por eso necesitamos el documento original.
En ese momento, el teléfono de Andrey comenzó a vibrar.
Era Nikolai.
Andrey no contestó.
Volvió a llamar.
Una segunda vez.
Una tercera.
Finalmente llegó un mensaje:
“Necesito hablar contigo antes de que Natalia despierte.”
Andrey le mostró la pantalla a Irina.
Ella negó lentamente con la cabeza.
—No respondas.
Pero entonces llegó otro mensaje.
“Sé que encontraste el parche.”
Andrey sintió que el pasillo se volvía completamente silencioso.
Irina leyó el mensaje.
Su expresión cambió.
—Ahora sí tenemos un problema.

Andrey guardó el teléfono.
—No.
Miró hacia la habitación donde Natalia luchaba por recuperarse.
—Ahora tenemos una confesión esperando ser encontrada.