Después de que el coche de policía desapareciera al final de la calle, Lin Vivi permaneció inmóvil.
Tenía el rostro pálido y los ojos ligeramente enrojecidos.
—Hermano Chen… —murmuró—. Ellas solo querían defenderme. No pensé que las cosas terminarían así.
Gu Chen frunció el ceño.
—Defenderte no significa amenazar a mi esposa.
Aquellas palabras hicieron que Vivi apretara los dedos.
Mi esposa.
Era evidente que no esperaba escucharlo llamarme así.
Yo tampoco sentí nada especial. Me limité a entrar en la villa.
Sin embargo, aquella misma noche, los rumores sobre nuestra boda desaparecieron casi por completo del círculo social.
Todos comprendieron algo muy sencillo:
Podían burlarse de que Gu Chen no me amara.
Pero nadie podía utilizarme para pisotear la reputación de la familia Gu.
Dos días después asistimos juntos a una cena benéfica.
En cuanto entré del brazo de Gu Chen, innumerables miradas se posaron sobre nosotros.
Lin Vivi también estaba allí.
Llevaba un vestido blanco y estaba rodeada de varias jóvenes de familias adineradas.
Una de ellas sonrió deliberadamente al verme.
—Señora Gu, debe de ser agotador mantener un matrimonio sin amor.
Las demás soltaron pequeñas risas.
Yo tomé tranquilamente una copa de la bandeja de un camarero.
—¿Agotador?
La miré con curiosidad.
—Tengo acciones del Grupo Universal, el reconocimiento de la familia Gu y el título legal de señora Gu. ¿Qué parte debería agotarme?
La sonrisa de la joven se congeló.
Continué con calma:
—En cambio, pasar años esperando que un hombre te elija sí parece bastante agotador.
El salón quedó en silencio.
El rostro de Vivi perdió el color.
—Señorita Jiang —dijo con voz temblorosa—, si está enfadada conmigo, no tiene que involucrar a los demás.
Sonreí.
—Te equivocas. Ahora soy la señora Gu.
Antes de que pudiera responder, una voz masculina llegó desde detrás de mí.
—Mi esposa tiene razón.
Era Gu Chen.
Se acercó y se colocó a mi lado.
—Además, espero que esta sea la última vez que alguien cuestione públicamente mi matrimonio.
Nadie volvió a reír.
Vivi lo miró como si no pudiera creerlo.
—Hermano Chen…
—Vivi —la interrumpió él—, desde hoy debes llamarme señor Gu delante de mi esposa.
Los ojos de Vivi se llenaron de lágrimas.
Pero Gu Chen no cedió.
Aquella noche, al regresar a casa, me entregó una carpeta.
La abrí.
Dentro había documentos relacionados con varias propiedades.
Entre ellas estaba la mansión donde vivía Vivi.
—¿Qué significa esto?
—La propiedad será recuperada —respondió—. Le daré tiempo suficiente para mudarse.
Lo observé durante unos segundos.
—No tienes que hacer esto por mí.
Gu Chen soltó una pequeña risa.
—No lo hago por celos tuyos.
—Entonces, ¿por qué?
Su expresión se volvió seria.
—Porque finalmente entendí que tolerar ciertas cosas no es proteger a alguien. Es permitir que cruce límites que nunca debió cruzar.
Cerré la carpeta.
—Mientras no perjudique al Grupo Universal, es asunto tuyo.
Gu Chen me miró fijamente.
Parecía desconcertado por mi indiferencia.
—Jiang Ning, ¿de verdad nunca has sentido celos?
—No.
—¿Ni siquiera un poco?
Negué con la cabeza.
Por alguna razón, su expresión se volvió más complicada.
Fue entonces cuando mi teléfono sonó.
Era un número desconocido.
Contesté.
—¿Señorita Jiang Ning?
—Sí.
La voz del otro lado vaciló.
—Soy investigador de la compañía naviera encargada del accidente ocurrido hace tres años. Hemos encontrado nueva información relacionada con su prometido.
Mi mano se quedó inmóvil.
Todo el ruido de la habitación pareció desaparecer.
—¿Qué información?
El hombre respiró profundamente.
—Existen indicios de que quizá no murió aquella noche.
Sentí que la sangre se me helaba.
Gu Chen se levantó inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
No respondí.
La voz continuó al otro lado del teléfono:
—Además, encontramos registros de un hombre rescatado varios kilómetros al sur del lugar del naufragio. Su identidad nunca pudo confirmarse.
Mis dedos comenzaron a temblar.
Durante tres años había aceptado su muerte.
Durante tres años había aprendido a vivir sin esperar nada de nadie.
Y ahora alguien acababa de decirme que tal vez…
seguía vivo.
Gu Chen tomó suavemente el teléfono de mi mano y activó el altavoz.

—Envíenos toda la información —ordenó.
Después de colgar, me miró.
Por primera vez desde nuestra boda, vi una emoción difícil de ocultar en sus ojos.
—¿Vas a buscarlo?
Levanté la mirada.
—Sí.
—Aunque ahora seas mi esposa.
Guardé silencio unos segundos.
Luego respondí:
—Nuestro matrimonio nació de un acuerdo entre familias. Nunca te pedí que renunciaras a la persona que amabas.
Me puse de pie.
—Así que tampoco puedes pedirme que abandone a alguien que quizá lleva tres años esperando que lo encuentre.
Gu Chen no dijo nada.
Pero esa noche comprendió finalmente algo que todos habían pasado por alto.
La mujer de la que se habían reído porque su marido no la amaba…
también tenía en su corazón a alguien que jamás había podido olvidar.
Y esta vez, era Gu Chen quien tendría que descubrir qué se sentía al ocupar el segundo lugar.