PARTE 2: EL VIAJE QUE NUNCA EXISTIÓ

Hice clic.

Los 720.000 dólares quedaron transferidos a una cuenta individual que contenía fondos procedentes de mi herencia y mis inversiones.

Después llamé a mi abogada.

—Quiero solicitar el divorcio hoy.

—¿Lucas lo sabe?

Miré la hora.

Probablemente todavía estaba convencido de que yo lloraba camino a casa.

—Todavía cree que pienso que está volando a Zúrich.

Mi abogada guardó silencio.

—Entonces tenemos ventaja. No lo contactes.

No pensaba hacerlo.

Durante las siguientes horas guardé copias del contrato de Palm Springs, los mensajes con Melanie y los movimientos financieros.

A las siete de la tarde llegó el primer mensaje de Lucas.

“Acabo de aterrizar. Te extraño muchísimo.”

Sonreí.

El vuelo directo que supuestamente debía llevarlo a Europa ni siquiera habría llegado todavía.

Respondí:

“Yo también. ¿Cómo está Zúrich?”

Pasaron cuatro minutos.

“Frío. Pero precioso.”

Perfecto.

Guardé la captura.


Dos días después, Lucas intentó retirar dinero.

Me llamó inmediatamente.

—¿Qué pasó con nuestra cuenta?

—¿Qué quieres decir?

—¡Está vacía!

Mantuve la voz tranquila.

—Pensé que estabas en Zúrich trabajando. ¿Para qué necesitas tanto dinero?

Silencio.

—Es para gastos de instalación.

—¿En Suiza?

—Sí.

Abrí el correo que acababa de enviarme mi abogada.

Los documentos del divorcio ya estaban preparados.

—Qué extraño.

—¿Qué?

—Porque el contrato que encontré dice Palm Springs.

Lucas dejó de respirar.

—Sarah…

—¿Cómo está Melanie?

Silencio absoluto.

—Puedo explicarlo.

—No hace falta.

—Escúchame.

—Durante tres noches te escuché explicar suficiente en tus correos.

Su voz cambió.

—Ese dinero también es mío.

—Entonces deja que los abogados determinen qué parte corresponde legalmente a cada uno.

—¡Devuélvelo ahora!

—No.

Colgué.


Una semana después regresó.

No de Zúrich.

De California.

Encontró las cerraduras cambiadas y los documentos del divorcio esperando a través de mi abogada.

Melanie tampoco estaba con él.

Había descubierto que el apartamento de lujo que Lucas le prometió dependía precisamente del dinero que ya no podía utilizar.

Pero todavía faltaba algo.

Mi abogada encontró una transferencia programada.

Lucas había preparado el movimiento antes de marcharse.

Casi medio millón de dólares iban a salir de nuestra cuenta pocos días después de su supuesto aterrizaje en Suiza.

Destino:

una sociedad recién creada.

Propietaria registrada:

Melanie Harper.

Cuando se lo mostré durante nuestra primera reunión legal, Lucas dejó de discutir.

—Planeabas dejarme sin nada —dije.

—Sarah, estaba confundido.

—No.

Deslicé el documento hacia él.

—Estabas organizado.

Me levanté.

Lucas me agarró suavemente del brazo.

—Melanie está embarazada.

Lo miré.

—Lo sé.

Su rostro cambió.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de llevarte al aeropuerto.

Entonces comprendió.

Las lágrimas.

El abrazo.

Mi despedida.

Yo ya conocía toda la verdad.

—¿Entonces por qué fingiste?

Recogí mi bolso.

—Porque necesitaba que subieras a ese avión creyendo que habías ganado.

Salí de la sala.

Pero mi abogada me alcanzó en el pasillo.

—Sarah, espera.

Tenía otro documento.

—Encontramos algo sobre la sociedad de Melanie.

Miré la página.

Lucas no era el único hombre que había transferido dinero hacia aquella empresa.

Había otros tres.

Y uno de ellos había presentado una denuncia meses atrás.

Levanté la vista.

—¿Qué significa esto?

Mi abogada cerró la carpeta.

—Que quizá Lucas no era el único que estaba engañando a alguien.

Esta vez, la persona engañada podía ser él.

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