PARTE 2: ESTA VEZ NO VOLVÍ

Gabriel sostuvo los papeles como si no entendiera lo que estaba leyendo.

—Laura, ¿estás hablando en serio?

—Completamente.

Tania se acercó.

—Quizá deberíais hablar solos. Todo esto puede ser un malentendido.

La miré.

—No hay ningún malentendido. De hecho, ahora puedes quedarte con todo su tiempo.

Gabriel apretó el sobre.

—¿Quieres divorciarte porque voy a ayudarla con su gato?

—No.

Sonreí.

—Quiero divorciarme porque llevo años siendo la segunda opción dentro de mi propio matrimonio.

Me marché antes de que pudiera responder.


Durante las semanas siguientes ocurrió algo que Gabriel jamás esperaba.

Dejé de organizar su vida.

No preparé sus comidas.

No recordé sus reuniones.

No resolví los problemas escolares de Noah que le correspondían a él.

Y, sobre todo, confirmé mi plaza en North Harbor.

Mi carrera volvía a ser prioridad.

Gabriel comenzó a buscarme cada vez más.

Flores.

Mensajes.

Invitaciones.

Hasta apareció una noche frente a mi habitación.

—Puedo cambiar.

—No necesito que cambies.

—¿Entonces qué quieres?

—Llegar a tiempo a mi vuelo.

Su rostro se endureció.

Porque faltaban exactamente dos días para la fecha del accidente.


La mañana de mi viaje, el teléfono comenzó a sonar.

Era Tania.

Después, el hospital.

Finalmente apareció el nombre de Gabriel.

No contesté.

Ya sabía qué día era.

Horas después, mientras esperaba para abordar, una compañera me llamó.

—Laura… Gabriel sufrió un accidente.

Cerré los ojos.

Todo había ocurrido otra vez.

Pero esta vez yo estaba en el aeropuerto.

—¿Está consciente?

—No. Necesitan un cirujano.

Mi mano tembló.

En mi vida anterior había regresado corriendo.

Había utilizado aquel medicamento experimental.

Había sacrificado mi futuro.

Esta vez respondí:

—Sigan el protocolo.

—¿No vas a volver?

Miré mi tarjeta de embarque.

—Hay médicos de guardia perfectamente capacitados.

Y subí al avión.


Gabriel sobrevivió.

Sin mi intervención ilegal.

Su recuperación fue más lenta, pero sobrevivió.

Cuando despertó, preguntó por mí.

Tania estaba junto a su cama.

Yo estaba a cientos de kilómetros comenzando el programa que una vez había perdido por él.

Meses después regresé convertida en candidata principal para dirigir el departamento.

Gabriel me esperaba fuera del hospital.

Caminaba con dificultad.

—Ahora entiendo —dijo.

—¿Qué cosa?

—Todo lo que sacrificabas por mí.

Negué suavemente.

—No. Solo entiendes lo incómodo que resulta cuando dejo de hacerlo.

Miró mi bata.

—¿Todavía podemos arreglar nuestro matrimonio?

—Nuestro divorcio ya terminó.

—Laura…

Continué caminando.

Esta vez Tania podía quedarse con sus cumpleaños, sus pasteles y toda la atención de Gabriel.

Yo había recuperado algo mucho más importante.

La primera vez salvé su vida y perdí la mía.

La segunda vez dejé que los médicos hicieran su trabajo… y finalmente salvé la mía.

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