PARTE 2: YA NO ERA NUESTRO

El anillo salió de mi dedo con facilidad.

Lo dejé sobre la mesa.

—Tenía novio —repetí—. Ya no.

El salón quedó en silencio.

Ethan dio un paso hacia mí.

—Emily, ven conmigo.

—¿Para qué? ¿Para explicármelo después?

Sophia miró primero el anillo y después a Ethan.

—¿Vosotros dos…?

Nadie respondió.

Noah cerró los ojos. Él ya sabía la verdad.

Ethan me tomó del brazo.

—No hagas esto aquí.

Me liberé suavemente.

—Tú decidiste hacerlo aquí cuando escondiste tu anillo para que ella no supiera que existía.

Sophia palideció.

—Ethan, ¿estabas saliendo con Emily?

—Es complicado.

Sonreí.

Dos años reducidos a dos palabras.

—No tanto. Éramos pareja. Sophia regresó. Él se quitó el anillo. Yo entendí el mensaje.

Tomé mi bolso.

Ethan bloqueó mi camino.

—Solo me lo quité porque no quería incomodarla.

—Exactamente.

Lo miré a los ojos.

—Preferiste incomodarme a mí.

Y salí.


Ethan apareció en mi apartamento aquella misma noche.

Traía nuevamente el anillo puesto.

—Mira.

Levantó la mano.

—Ya está donde debe estar.

Negué con la cabeza.

—Ahora ya no significa nada.

—Emily, Sophia fue mi primer amor. Necesitaba tiempo para entender lo que sentía al verla otra vez.

—Perfecto. Tómate todo el tiempo que necesites.

Intenté cerrar la puerta.

—Pero sin mí esperando.

Ethan la sostuvo.

—¿Vas a terminar dos años por un anillo?

—No.

Mi voz permaneció tranquila.

—Los termino porque necesitaste esconderme para mantener abierta una posibilidad con otra mujer.

Finalmente soltó la puerta.


Tres días después, Sophia vino a verme.

No esperaba su confesión.

—Yo sabía que estabais juntos.

La miré sorprendida.

Sophia sacó su teléfono.

Meses antes de regresar, Ethan le había escrito.

No había declaraciones románticas.

Pero sí una frase suficiente para destruir cualquier duda:

“Si vuelves, quizá podamos descubrir si todavía queda algo entre nosotros.”

Sentí una extraña tranquilidad.

—Gracias.

Sophia pareció desconcertada.

—¿No estás enfadada conmigo?

—Ethan era quien tenía un compromiso conmigo.

Ella bajó la mirada.

—Le dije que no quiero empezar nada con él.

Aquello casi resultaba irónico.

Ethan había escondido nuestro anillo para mantener abierta una puerta que Sophia ni siquiera quería cruzar.

Una semana después volvió a buscarme.

Esta vez no llevaba flores.

Solo nuestro anillo.

—Sophia me rechazó —admitió.

Lo miré durante unos segundos.

—¿Y ahora vienes conmigo?

—No porque ella me rechazara.

—Pero solo regresaste después de que lo hizo.

Ethan se quedó sin respuesta.

Tomé el anillo de su mano.

Durante un segundo creyó que iba a ponérmelo.

En cambio, lo coloqué en su palma y cerré sus dedos alrededor.

—Guárdalo.

—Emily…

—La próxima vez que ames a alguien, no la conviertas en el plan seguro mientras averiguas si todavía puedes recuperar a otra.

Cerré la puerta.

Aquella noche miré la marca clara que el anillo había dejado en mi dedo durante dos años.

Todavía estaba allí.

Pero eventualmente desaparecería.

Igual que Ethan.

Porque la noche en que escondió nuestro anillo por Sophia, él creyó que solo estaba ocultando nuestra relación durante unas horas.

En realidad, estaba terminándola.

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