PARTE 2: El dueño del hospital

Dominic soltó una carcajada.

—¿Tu abuelo?

Natalie sonrió con burla.

—¿Y también vendrá un príncipe a rescatarte?

No respondí.

Seguí sosteniendo el teléfono.

Al otro lado de la línea solo escuché una frase.

—Llego en ocho minutos.

La llamada terminó.

Dominic negó con la cabeza.

—Siempre fuiste buena inventando historias.

Guardó la carpeta del divorcio dentro de su maletín.

—Cuando salgas del hospital, ya no tendrás casa.

—Ni dinero.

—Ni marido.

—Solo dos bebés prematuros que probablemente te arruinen la vida.

La enfermera ya no pudo contenerse.

—Señor, debe abandonar la UCIN si continúa alterando a la paciente.

Dominic la ignoró.

Se inclinó hacia mi silla.

—¿Sabes cuál fue tu mayor error?

—Creer que alguien como tú podía quedarse para siempre con alguien como yo.

Miré el monitor cardíaco de Liam.

Su ritmo comenzó a acelerarse.

La enfermera dio un paso adelante.

—Basta.

En ese instante, las puertas automáticas se abrieron.

Tres hombres de seguridad entraron primero.

Detrás de ellos caminaba un anciano de cabello completamente blanco.

Traje azul oscuro.

Bastón de nogal.

Y una presencia que hizo que toda la unidad guardara silencio.

El director del hospital apareció corriendo detrás de él.

—Señor Whitmore…

Varias enfermeras enderezaron inmediatamente la espalda.

Una doctora murmuró casi sin voz:

—Es el fundador…

Dominic frunció el ceño.

No entendía lo que estaba ocurriendo.

Mi abuelo caminó directamente hacia mí.

Ignoró por completo a Dominic.

Se arrodilló con dificultad junto a mi silla y tomó mi mano.

—Perdóname por llegar tarde, Audrey.

Sentí un nudo en la garganta.

—Lo importante es que ya estás aquí.

Él besó mi frente.

Después observó las incubadoras.

Sus ojos se humedecieron.

—Así que estos son Liam y Chloe.

Asentí.

—Tus bisnietos.

El anciano sonrió con orgullo.

Luego se puso de pie.

Toda la ternura desapareció de su rostro.

Se volvió lentamente hacia Dominic.

—¿Es usted el hombre que acaba de abandonar a mi nieta mientras nuestros médicos luchan por salvar a mis bisnietos?

Dominic permaneció inmóvil.

—¿Su… nieta?

El director del hospital tragó saliva.

—Señor Holden…

—Le presento al doctor William Whitmore.

—Fundador y propietario de toda la red Saint Aurelia.

El color desapareció del rostro de Natalie.

Dominic miró alternativamente al anciano y a mí.

—Eso… eso no puede ser.

Mi abuelo levantó una carpeta que uno de sus asistentes acababa de entregarle.

—Dominic Hayes.

—Propietario de Hayes Medical Supplies.

—Proveedor externo de esta red hospitalaria desde hace cuatro años.

Pasó una página.

—Contrato renovable el próximo lunes.

Dominic abrió mucho los ojos.

—Señor Whitmore, creo que existe un malentendido.

—No.

Mi abuelo cerró la carpeta.

—El malentendido fue pensar que podía humillar a mi familia dentro de mi propio hospital.

Se volvió hacia el jefe de seguridad.

—Retiren inmediatamente las credenciales de acceso del señor Hayes.

—Suspendan cualquier negociación comercial con sus empresas.

—Y acompáñenlo fuera del edificio.

Natalie dio un paso adelante.

—Esto no tiene nada que ver conmigo.

Mi abuelo la observó apenas un segundo.

—Lleva puesto el abrigo que mi nieta usó durante su embarazo.

Natalie bajó lentamente la mirada.

—Quíteselo.

Ella comenzó a temblar.

—Ahora mismo.

Con manos inseguras, se quitó el abrigo de cachemir.

Una enfermera lo recibió con cuidado y me lo colocó sobre las piernas.

Volví a acariciar las iniciales bordadas en el cuello.

Liam.

Chloe.

Exactamente donde siempre debían estar.

Los agentes sujetaron a Dominic por los brazos.

Él intentó acercarse desesperadamente.

—Audrey…

—Podemos hablar.

—No destruyas mi empresa.

Lo miré por primera vez desde que firmé el divorcio.

—No fui yo quien la destruyó.

—Fuiste tú el día que decidiste cambiar a tu familia por alguien que solo conocía el precio de mis cosas.

Mientras seguridad lo escoltaba hacia la salida frente a médicos, enfermeras y pacientes, ninguno de los dos sabía que el verdadero problema no era haber perdido a su esposa.

Era que, una hora antes, el departamento de auditoría del hospital acababa de descubrir millones de dólares en facturas falsas emitidas precisamente por la empresa de Dominic.

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