PARTE 2: La mujer que eligió

El sonido de las ruedas de las maletas sobre el mármol fue lo único que se escuchó durante varios segundos.

Jasper se quedó inmóvil dentro del ascensor.

Su mirada pasó de mí a Marina.

Después a las dos maletas abiertas, donde sobresalían sus trajes italianos, sus corbatas de seda y los zapatos que yo mismo había lustrado antes de cada reunión importante.

—¿Qué… estás haciendo? —preguntó.

Sonreí con tranquilidad.

—Facilitándoles las cosas.

Varias personas comenzaron a detenerse.

Nadie entraba ya a los ascensores.

Nadie quería perderse lo que estaba ocurriendo.

Marina dio un paso hacia atrás.

—Señora Holden, creo que esto es un malentendido.

Saqué mi teléfono.

—¿Malentendido?

Abrí uno de los mensajes.

Lo leí en voz alta.

—”No puedo esperar a despertar contigo todos los días.”

Después otro.

—”Ella ya no significa nada para mí.”

La cara de Jasper perdió completamente el color.

—Claire…

Levanté una mano.

—No me interrumpas.

Mostré la pantalla.

La fotografía de ambos abrazados apareció frente a todos.

Luego otra.

Y otra más.

Los murmullos comenzaron inmediatamente.

Un gerente que salía de una reunión reconoció a Marina.

Dos empleados se miraron sin saber dónde esconderse.

La recepcionista dejó de escribir.

Jasper caminó rápidamente hacia mí.

—Podemos hablar arriba.

—No.

—Por favor.

—Durante meses hablaste con ella.

Ahora me toca hablar a mí.

Metí la mano en una de las maletas.

Saqué la fotografía enmarcada que siempre tenía sobre su escritorio.

Nosotros dos el día de nuestro décimo aniversario.

La observé unos segundos.

Después la coloqué encima de las maletas.

—También te traje esto.

Jasper tragó saliva.

—Claire, no hagas esto.

Lo miré con calma.

—¿Sabes qué fue lo más triste?

Él permaneció en silencio.

—Que nunca olvidaste decirme “te amo” antes de dormir.

—Nunca olvidaste besarme al salir.

—Nunca olvidaste preguntarme cómo estaba mi madre cuando enfermó.

Respiré lentamente.

—Fuiste un esposo perfecto.

—Excepto por el pequeño detalle de tener otra vida.

Marina empezó a llorar.

—Yo no sabía que ustedes…

Giré hacia ella.

—¿No sabías?

Abrí otro archivo.

Allí aparecía una fotografía publicada en las redes sociales de la empresa.

Jasper me abrazaba durante la cena anual.

La fecha era de apenas tres meses atrás.

—Aquí seguimos casados.

Otra imagen.

Nuestro viaje de aniversario.

Dos meses atrás.

Otra.

Mi cumpleaños.

Seis semanas atrás.

La voz de Marina comenzó a quebrarse.

—Él… él me dijo que llevaban separados más de un año.

Todo el vestíbulo giró hacia Jasper.

Él cerró los ojos.

No negó nada.

Saqué el anillo de bodas de mi dedo.

Lo observé apenas un instante.

Después lo dejé encima de la fotografía.

El pequeño sonido metálico pareció llenar toda la recepción.

—Ahora sí.

Empujé suavemente las maletas hacia Marina.

—Todo esto le pertenece.

—Los trajes.

—Los relojes.

—La colonia.

—Las promesas.

—Y el hombre que viene incluido con todo el paquete.

Marina retrocedió otro paso.

No tocó las maletas.

—Yo no quiero esto.

Por primera vez desde que llegué, Jasper pareció realmente asustado.

—Claire…

Intentó acercarse.

Me aparté.

—No.

—Ya no tienes derecho a tocarme.

En ese momento se abrieron nuevamente las puertas del ascensor.

Esta vez descendió el presidente ejecutivo de la empresa acompañado por varios miembros del consejo de administración.

Observó las maletas.

Luego a Jasper.

Después las decenas de empleados completamente inmóviles.

—¿Qué está ocurriendo aquí?

Nadie respondió.

Hasta que una voz salió desde el fondo del vestíbulo.

—Señor…

Era el director de Recursos Humanos.

Sostenía una carpeta en la mano.

Su rostro estaba completamente serio.

—Creo que el consejo necesita conocer algo más sobre la relación entre el señor Holden… y la becaria que él mismo contrató hace ocho meses.

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