PARTE 2: El resultado que destruyó la celebración

Marcus sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Según qué análisis?

El doctor sostuvo la carpeta unos segundos antes de responder.

—Según la prueba prenatal de parentesco solicitada por la señora Penelope… usted no es el padre biológico del bebé.

Nadie respiró.

La bolsa con la ropa azul cayó al suelo.

El pequeño brazalete plateado rodó bajo la camilla.

—Eso es imposible —gritó Roxanne.

La madre de Marcus dio un paso hacia el médico.

—Repita lo que acaba de decir.

—La prueba fue realizada en un laboratorio certificado. La probabilidad de paternidad es del cero por ciento.

Marcus giró lentamente hacia Penelope.

Ella seguía mirando la pared.

No lloraba.

No discutía.

Solo parecía agotada.

—Diles que se equivocan.

Ella cerró los ojos.

—No se equivocan.

Marcus retrocedió un paso.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde hace tres semanas.

El silencio fue todavía peor.

—¿Tres semanas? —repitió él.

Penelope asintió lentamente.

—Quería contártelo.

—Pero tu madre y tu hermana organizaron esta visita.

—No tuve valor para detenerlas.

Roxanne golpeó la mesa.

—¡Mientes!

—¡Ese niño es de mi hermano!

El doctor permaneció completamente sereno.

—Señora, discutir aquí no cambiará un resultado de laboratorio.

Marcus ya no escuchaba.

Solo recordaba la mañana.

El divorcio.

Su sonrisa.

Las palabras con las que había despedido a Julianne.

“Nuestro hijo será el futuro de esta familia.”

Sintió náuseas.

Su madre sujetó el brazo de Penelope.

—¿Quién es el padre?

Ella tardó varios segundos en responder.

—No importa.

La bofetada resonó en toda la sala.

—¡Contesta!

Penelope levantó lentamente la cabeza.

Por primera vez miró directamente a Marcus.

—¿De verdad quieres saber la verdad?

Él no respondió.

—Porque entonces tendrás que aceptar que no fui la única persona que mintió durante estos años.

Marcus frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Penelope respiró hondo.

—Mientras tú fingías que todavía seguías casado para proteger tu imagen empresarial…

—Mientras prometías divorciarte “muy pronto”…

—Mientras me jurabas que Julianne ya no significaba nada…

Sacó lentamente el teléfono de su bolso.

—Yo también descubrí cosas.

Abrió una carpeta de fotografías.

La colocó frente a Marcus.

Su rostro perdió todo el color.

No eran imágenes de otro hombre.

Eran fotografías de Julianne.

Entrando en edificios corporativos.

Reunida con empresarios.

Subiendo a automóviles oficiales.

Y descendiendo, en varias ocasiones, del mismo Mercedes negro que él había visto aquella mañana.

La fecha de las fotografías comenzaba cuatro años atrás.

Mucho antes del divorcio.

Penelope habló con una calma aterradora.

—Contraté a un investigador para asegurarme de que no me estabas engañando.

—Y terminé descubriendo que la mujer de la que todos se burlaban…

Señaló la última fotografía.

Julianne estrechaba la mano de un anciano rodeado por escoltas.

—…nunca fue la ama de casa dependiente que tú creías.

Marcus observó aquella imagen sin comprender.

Entonces reparó en el hombre que abrazaba a Julianne.

Lo había visto muchas veces en televisión.

Era el fundador del grupo financiero más poderoso del país.

Y debajo de la fotografía aparecía una anotación escrita por el investigador privado:

“Confirmado: Julianne Henderson es la única heredera legal de la familia Ashcroft. Su identidad fue mantenida en reserva por motivos de seguridad patrimonial.”

Marcus sintió que el mundo entero acababa de derrumbarse… porque acababa de comprender que había cambiado a una multimillonaria por una mentira.

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