PARTE 2: La Puerta Cerrada

Intenté soltarme.

Helena apretó aún más mi brazo.

—No aquí —repitió entre dientes, sin dejar de sonreír para los invitados que empezaban a mirar.

Otra contracción me atravesó el abdomen.

Sentí que las piernas dejaban de responder.

—¡Necesito un hospital ahora!

Caleb dio un paso hacia nosotros.

No para sostenerme.

Sino para colocarse delante de las cámaras.

—Mamá… todos están mirando.

Helena asintió apenas.

—Precisamente por eso.

Se volvió hacia dos empleados del hotel.

—Llévenla por la entrada de servicio.

Los hombres dudaron.

—Señora Bellamy…

—Ahora.

Levanté la voz.

—¡Llamen al 911!

Varias personas giraron inmediatamente la cabeza.

Una médica que estaba sentada tres mesas más allá comenzó a acercarse.

Pero Helena fue más rápida.

—Mi nuera solo está nerviosa. Es un embarazo primerizo.

—¡Se me rompió la fuente!

El vestido seguía empapándose.

El agua corría lentamente sobre el mármol blanco.

Ya nadie podía fingir que aquello era una exageración.

La médica llegó hasta mí.

—Soy obstetra.

Déjeme verla.

Helena se interpuso.

—Nuestra familia ya tiene médico.

La mujer frunció el ceño.

—No hay tiempo para eso.

A las treinta y cuatro semanas, una ruptura de membranas requiere valoración inmediata.

Caleb seguía inmóvil.

—Cariño…

Lo miré incrédula.

—¿Qué?

—Solo espera unos minutos.

Creí haber oído mal.

—¿Esperar?

Se inclinó hacia mí para que nadie más escuchara.

—El primer baile termina en cinco minutos.

Sentí que el corazón se detenía.

—¿Quieres que espere… porque tu hermana está bailando?

Bajó la mirada.

—Hoy es el día más importante de su vida.

Una carcajada amarga escapó de mis labios.

—Y nuestro hijo…

…¿qué es para ti?

No respondió.

Helena sí.

—No vamos a convertir la boda de Sophia en un escándalo.

Otra contracción me dobló completamente.

La médica ya no pidió permiso.

Sacó su teléfono.

—Estoy llamando a una ambulancia.

Helena intentó detenerla.

—No haga eso.

—Soy médica.

Y si esta paciente pierde a su bebé porque ustedes retrasan la atención, tendrán que responder ante la justicia.

El rostro de mi suegra cambió por primera vez.

En ese instante, una voz resonó por los altavoces.

—Queremos agradecer especialmente a la familia Bellamy por organizar la boda del año…

Todos los focos iluminaron la pista.

Sophia levantó su copa.

—¡Por la familia!

Los invitados comenzaron a aplaudir.

Mientras tanto, una gota de sangre cayó lentamente entre mis zapatos.

La médica la vio.

Su expresión se endureció.

—Desprendimiento.

Tenemos que salir ya.

Me tomó del brazo.

Caleb volvió a bloquearle el paso.

—Solo dos minutos.

La doctora lo miró como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

—Su esposa está sangrando.

Él respiró hondo.

—Lo sé.

—Entonces apártese.

—No puedo arruinar la boda de mi hermana.

El salón entero quedó en silencio.

Porque varios invitados acababan de escuchar exactamente esas palabras.

Y, sin que ninguno de los Bellamy lo advirtiera, una de las cámaras contratadas para transmitir la boda… seguía grabando absolutamente todo.

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