INTENTÓ QUITARLE EL TELÉFONO A SU ESPOSA RECIÉN OPERADA… PERO LA LLAMADA QUE ENTRÓ DESPUÉS CAMBIÓ TODO

…pero Regina retrocedió un paso.

Solo uno.

Porque el dolor de la cesárea le atravesó el abdomen como una cuchilla.

Apretó a Mateo contra su pecho.

Y sostuvo el teléfono con firmeza.

—No me toques.

Su voz fue baja.

Pero tan fría que incluso Iván dudó.

Doña Carmen soltó una carcajada.

—Mira nada más. Ya se siente dueña del mundo porque tiene un papel.

Regina no respondió.

El operador del 911 acababa de contestar.

—¿Cuál es su emergencia?

Iván palideció.

—Regina, no hagas tonterías.

—Estoy afuera de mi domicilio con un recién nacido de tres días. Me cambiaron la cerradura y no me permiten entrar.

El silencio cayó sobre el pasillo.

Doña Carmen dejó de sonreír.

Por primera vez.

La administradora del edificio respondió la otra llamada al mismo tiempo.

Y lo que dijo fue aún más interesante.

—Señora Regina, recibimos una solicitud para cambiar los accesos hace dos semanas.

Regina sintió que algo se tensaba dentro de ella.

—¿Quién hizo la solicitud?

La administradora dudó.

—La autorización fue presentada por el señor Iván.

Doña Carmen cruzó los brazos.

Como si aquello fuera una victoria.

Pero la administradora continuó.

—Aunque hubo una irregularidad.

Iván bajó la mirada.

Demasiado rápido.

Demasiado tarde.

—¿Qué irregularidad?

—La firma de autorización no coincide con la que tenemos registrada.

El corazón de Regina dio un vuelco.

La administradora añadió:

—Por eso abrimos una investigación interna esta mañana.

Doña Carmen se quedó inmóvil.

Iván también.

Y en ese instante, el elevador se abrió.

Dos elementos de seguridad privada del edificio salieron al pasillo.

Detrás de ellos apareció la administradora.

Traía una carpeta en las manos.

Una carpeta gruesa.

Llena de documentos.

—Necesitamos hablar.

Iván intentó intervenir.

—Esto es un asunto familiar.

—No.

La administradora abrió la carpeta.

—Esto es un asunto legal.

Regina observó cómo el color abandonaba el rostro de su esposo.

Porque la mujer acababa de sacar varias hojas.

Copias de solicitudes.

Registros de acceso.

Y videos de seguridad.

—¿Qué ocurre? —preguntó Regina.

La administradora respiró profundamente.

—La solicitud para cambiar la cerradura fue presentada usando documentación falsificada.

El silencio fue inmediato.

Doña Carmen apretó la taza de café con tanta fuerza que la mano comenzó a temblarle.

—Eso es absurdo.

Pero nadie la escuchaba.

Porque la administradora acababa de sacar una captura de video.

Una imagen tomada por la cámara del lobby.

En ella aparecía Iván entregando documentos.

Y a su lado estaba Carmen.

Ambos sonriendo.

Ambos convencidos de que nadie descubriría nada.

Regina sintió una mezcla de rabia y tristeza.

No por la cerradura.

No por el departamento.

Sino porque lo habían planeado.

Mientras ella estaba embarazada.

Mientras asistía a consultas médicas.

Mientras preparaba la habitación del bebé.

Ya estaban organizando cómo sacarla de su propia casa.

Entonces sonó el teléfono de la administradora.

Escuchó durante unos segundos.

Y su expresión cambió por completo.

—Entiendo.

Colgó lentamente.

Miró a Regina.

Luego a Iván.

Y finalmente a Carmen.

—Acabamos de recibir los documentos del Registro Público.

La anciana tragó saliva.

—¿Y?

La administradora abrió otro sobre.

Uno que acababa de llegar.

Y cuando leyó la primera página, incluso los guardias intercambiaron miradas sorprendidas.

—Hay algo que ustedes no sabían.

Iván frunció el ceño.

—¿Qué?

La mujer levantó la vista.

—Este departamento sí está a nombre de Regina.

Pero además existe una cláusula adicional incorporada por sus padres años antes de la boda.

El corazón de Regina comenzó a acelerarse.

Aquella cláusula.

Recordó vagamente que su padre le había mencionado algo.

Mucho tiempo atrás.

Algo que nunca creyó importante.

—¿Qué cláusula?

La administradora respondió.

Y las siguientes palabras hicieron que el café se escapara de las manos de Carmen.

—Que cualquier cónyuge que intente apropiarse del inmueble, alterar la propiedad o impedir el acceso de la titular pierde automáticamente cualquier derecho de residencia y puede ser demandado por daños.

El pasillo quedó completamente en silencio.

Pero la mujer aún no había terminado.

Porque la siguiente página revelaba algo todavía peor.

Algo que demostraba que Iván llevaba meses preparando no solo expulsar a Regina…

…sino también transferir parte de los bienes del matrimonio a una cuenta controlada por otra mujer.

Y el nombre de esa mujer aparecía claramente escrito en los documentos.

Escribe “SÍ” para leer la Parte 3.

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