PARTE 2: YA ERA DEMASIADO TARDE

El abogado guardó silencio unos segundos.

—Emma, tienes el 46 % de Wild Grain.

Cerré los ojos.

Lucas siempre hablaba de la empresa como si fuera exclusivamente suya.

Pero durante los primeros años, cuando ningún banco quería prestarnos dinero, gran parte del capital había salido de mí.

—¿Y Lucas?

—Treinta y nueve por ciento. El resto pertenece a pequeños inversionistas.

—Entonces quiero congelar cualquier operación que requiera mi autorización. Y mañana revisaremos cada movimiento financiero de los últimos cinco años.

—¿Estás segura?

Miré la fotografía de Sofía envuelta en el abrigo de Lucas.

—Completamente.


Lucas regresó casi a medianoche.

La fiesta había terminado.

Los invitados se habían marchado.

Y yo estaba en casa de mis padres.

Me llamó diecisiete veces.

No contesté.

Finalmente envió un audio:

—Emma, estás exagerando. Sofía acaba de divorciarse. Estaba llorando. ¿Qué esperabas que hiciera, dejarla sola?

Lo eliminé.

A la mañana siguiente apareció frente a mi apartamento.

Sofía estaba con él.

Aquello casi consiguió hacerme reír.

Lucas parecía irritado.

Ella, en cambio, llevaba gafas oscuras y una expresión delicadamente triste.

—Emma —comenzó Lucas—, tenemos que solucionar esto.

—No hay nada que solucionar.

—Cancelaste nuestra fiesta delante de inversionistas.

—Tú la abandonaste delante de ellos.

Sofía intervino suavemente:

—No quiero ser responsable de vuestra ruptura.

La miré.

—Entonces estás de suerte. No lo eres.

Su expresión cambió.

—Lucas tomó una decisión. Yo tomé otra.

Lucas golpeó la mesa con la palma.

—¡Cinco años no pueden terminar por una noche!

—Exactamente.

Lo miré directamente.

—Terminaron por cinco años en los que yo construí contigo algo que estabas dispuesto a abandonar en diez minutos porque ella llamó.

Por primera vez se quedó sin respuesta.

Entonces su teléfono sonó.

Era el director financiero.

Lucas atendió.

Su expresión fue cambiando mientras escuchaba.

—¿Cómo que no podemos liberar el dinero?

Me miró.

—¿Qué hiciste?

—Protegí mi inversión.

—¡Es nuestra empresa!

—Precisamente.

Se quedó inmóvil.

Creo que fue la primera vez que comprendió que Wild Grain también era legalmente mío.


Durante la auditoría apareció algo todavía peor.

Lucas había utilizado fondos corporativos para cubrir gastos personales relacionados con Sofía.

Hotel.

Automóvil.

Un apartamento temporal.

Incluso el billete de avión con el que ella había regresado al país.

Todo había sido pagado antes de nuestra fiesta de compromiso.

Sofía no lo había llamado inesperadamente aquella tarde.

Lucas sabía desde hacía semanas que regresaría.

Me había mentido.

Mientras yo elegía flores para nuestro compromiso, él preparaba silenciosamente el regreso de ella.

Cuando el abogado terminó de explicármelo, solo hice una pregunta:

—¿Podemos exigir que devuelva ese dinero?

—Sí.

—Háganlo.


La noticia llegó a Lucas durante una reunión con inversionistas.

Entró en mi oficina sin llamar.

—¿Quieres destruirme?

—No.

Deslicé los documentos hacia él.

—Quiero dejar de salvarte.

Aquella frase pareció dolerle más.

Durante años yo había solucionado proveedores, negociado alquileres, cubierto pérdidas y trabajado cuando él ya no podía mantenerse despierto.

Lucas había confundido mi apoyo con una obligación permanente.

—Emma…

Su voz cambió.

—Sofía y yo no tenemos nada.

—Entonces perdiste todo por alguien con quien ni siquiera tienes nada.

Bajó la mirada.

—Me equivoqué.

—Sí.

—Podemos empezar otra vez.

Negué lentamente.

—Yo ya empecé otra vez.

Sin ti.


Sofía tampoco permaneció mucho tiempo.

Cuando comprendió que Lucas ya no controlaba Wild Grain y que debía devolver una cantidad importante de dinero, desapareció con la misma facilidad con la que había regresado.

Meses después, Lucas intentó llamarme una última vez.

No contesté.

Estaba demasiado ocupada inaugurando la nueva sede de Wild Grain.

Esta vez, cuando subí al escenario, no estaba detrás de él sosteniendo documentos.

Estaba delante.

Como una de las principales accionistas de la empresa que yo también había construido.

Miré durante un instante mi mano izquierda.

Ya no había anillo.

Y no sentí que faltara nada.

Lucas creyó que Sofía había regresado aquella noche.

En realidad, quien regresó fui yo.

La mujer que había existido antes de pasar cinco años intentando convertirse en la segunda opción perfecta de alguien.

Y cuando Lucas finalmente comprendió cuál de las dos mujeres había perdido de verdad…

ya era demasiado tarde.

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