PARTE 2: TE ELIJO A TI

Ryan no dio un paso atrás.

Apoyó una mano sobre el marco de la puerta y sonrió con esa calma que siempre convencía a todos.

—Emily, piensa con claridad. Está alterada. Los niños inventan cosas cuando tienen miedo.

No respondí.

Sentí la pequeña mano de Lily aferrarse a la mía con tanta fuerza que sus dedos temblaban.

Mi madre seguía al teléfono.

—¿Emily? ¿Qué pasa? Háblame.

Activé el altavoz.

—Mamá, llama al 911. Ahora mismo.

Ryan perdió la sonrisa durante apenas un segundo.

Solo uno.

Pero fue suficiente.

—¿Estás loca? —preguntó—. Vas a destruir esta familia por una rabieta.

Lily escondió el rostro detrás de mi espalda.

—No es una rabieta.

Su voz apenas era un susurro.

—Él siempre espera hasta que tú sales a trabajar.

Ryan giró la cabeza hacia ella.

Aquella mirada duró menos de un segundo.

Sin embargo, vi algo que jamás le había visto.

No era ternura.

No era paciencia.

Era advertencia.

Me moví inmediatamente para taparla por completo.

—No vuelvas a mirarla así.

Él levantó ambas manos.

—¿Así cómo?

—Como si todavía pudieras asustarla.

Mi madre gritó desde el teléfono.

—¡Emily, la policía ya va para allá! ¡No te quedes sola con él!

Ryan respiró hondo.

Después volvió a ponerse aquella máscara amable.

—Perfecto. Que vengan. No tengo nada que ocultar.

Entonces dio un paso hacia el baño.

—Pero antes voy a recoger mis cosas.

—No.

Le corté el paso.

—No entrarás en ninguna habitación.

Su mandíbula se tensó.

—Ese es mi dormitorio.

—Es el dormitorio de mi hija.

Durante unos segundos permanecimos inmóviles.

Nadie habló.

Solo se escuchaba la respiración agitada de Lily.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Lily tiró suavemente de mi manga.

—Mamá…

Señaló el armario del baño.

—Ahí.

Fruncí el ceño.

—¿Qué hay ahí?

La niña comenzó a llorar otra vez.

—Su teléfono.

Ryan reaccionó demasiado rápido.

Intentó apartarme.

—¡Basta!

Fue la primera vez que levantó la voz desde que lo conocía.

Intentó llegar al baño.

Yo lo empujé con todas mis fuerzas.

No esperaba que reaccionara.

Retrocedió un paso.

Pero enseguida volvió a avanzar.

En ese instante sonó el timbre.

Después otro.

Y otro.

Golpes fuertes.

—¡Policía! ¡Abran la puerta!

Ryan quedó inmóvil.

Su expresión volvió a cambiar.

Sonrió otra vez.

Demasiado tarde.

Corrí hacia la entrada sin soltar la mano de Lily.

Abrí la puerta.

Dos agentes uniformados entraron inmediatamente.

Detrás de ellos apareció mi madre, todavía con el teléfono en la mano.

Abrazó a Lily mientras yo apenas podía mantenerme de pie.

Uno de los oficiales se acercó a Ryan.

—Señor, necesitamos que permanezca donde está.

Ryan soltó una pequeña risa.

—Todo esto es un enorme malentendido.

El segundo agente comenzó a hablar con Lily utilizando un tono suave.

—Hola, cariño. ¿Quieres contarme qué pasó?

Ella no respondió.

Solo señaló otra vez el baño.

—El armario…

Los policías intercambiaron una mirada.

Uno de ellos abrió lentamente la puerta del pequeño armario empotrado.

Durante unos segundos no dijo nada.

Luego llamó a su compañero.

—Necesito que vengas a ver esto.

Sentí que el corazón dejaba de latirme.

Dentro había varias cajas perfectamente ordenadas.

Muñecos.

Juguetes.

Toallas infantiles.

Y, escondido detrás de ellas…

Un teléfono móvil.

El agente lo levantó.

La pantalla seguía encendida.

Ryan dio un paso adelante.

—Ese teléfono es mío.

—Ahora no lo toque.

El policía comenzó a revisar la pantalla.

Su expresión cambió por completo.

Levantó lentamente la vista hacia Ryan.

—Señor…

¿Puede explicar por qué este teléfono contiene decenas de videos grabados dentro de este baño… mientras una menor se estaba bañando?

El silencio que siguió fue tan pesado que parecía aplastar el aire de la casa.

Ryan dejó de sonreír.

Por primera vez desde que lo conocí…

No encontró ninguna respuesta.

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