A las seis y veintiocho de la tarde, Clara estaba frente al espejo preguntándose por quinta vez si debía cambiarse.
Entonces sonó el timbre.
Ethan había llegado dos minutos antes.
Cuando abrió la puerta, lo encontró sin bata, sin uniforme quirúrgico y sin aquella distancia profesional que siempre llevaba en el hospital.
Traje oscuro.
Camisa blanca.
Sin corbata.
Durante unos segundos ninguno habló.
Ethan fue el primero en sonreír.
—Ahora entiendo por qué Bennett me advirtió que intentara formar frases completas.
Clara soltó una risa nerviosa.
—A mí me pidió que no hablara de medicina.
—Entonces estamos en problemas.
Durante el trayecto al restaurante, Clara esperaba sentirse incómoda.
No ocurrió.
Ethan recordaba cosas que ella había olvidado haberle contado.
Que odiaba las aceitunas.
Que prefería café sin azúcar después de una guardia.
Que su padre la llamaba cada domingo.
Cuando llegaron al Saint James, Clara finalmente preguntó:
—¿Por qué aceptaste?
Ethan dejó la copa sobre la mesa.
—¿Quieres la respuesta segura o la verdadera?
—La verdadera.
—Porque Bennett dijo tu nombre.
Nada más.
Clara bajó la mirada.
—Has rechazado muchas citas.
—Porque ninguna eras tú.
El corazón le dio un vuelco.
—Ethan…
—Hace seis años te vi quedarte tres horas después de tu turno con una paciente que tenía miedo de entrar a cirugía.
Clara lo recordó.
Era su primer año allí.
—Pensé que ni siquiera sabías quién era.
—Sabía exactamente quién eras.
Él sonrió.
—El problema fue que dos semanas después escuché que estabas enamorada de alguien.
Clara casi dejó caer el tenedor.
—¿Quién te dijo eso?
—Tu amiga Nora.
Todo encajó.
Nora sabía que Clara estaba enamorada.
Solo que jamás había sabido de quién.
—¿Y por eso nunca hiciste nada?
—No iba a interferir.
Clara comenzó a reír.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué?
—El hombre era tú.
Ahora fue Ethan quien se quedó completamente inmóvil.
—¿Yo?
—Seis años, Walker.
Él se pasó una mano por el rostro.
—Somos dos de los médicos supuestamente más inteligentes del hospital.
—Eso parece discutible ahora.
Ambos rieron.
Y por primera vez, Clara permitió que aquella felicidad pareciera real.
Después de cenar caminaron hasta el vestíbulo.
Ethan se detuvo.
—Hay algo más.
Sacó del bolsillo una pequeña hoja doblada.
No era una carta romántica.
Era una solicitud de traslado.
Clara sintió que su sonrisa desaparecía.
—¿Te vas?
—Me ofrecieron dirigir Neurocirugía en Boston.
—¿Cuándo?
—Hace tres semanas.
—¿Y aceptaste?
—Todavía no.
Clara lo miró.
—No puedes decidir algo así por una cita.
—No lo estoy haciendo.
Ethan guardó el documento.
—Precisamente por eso necesitaba hablar contigo antes.
Su teléfono sonó.
Hospital.
La expresión de Ethan cambió inmediatamente.
Clara recibió la misma alerta segundos después.
Emergencia quirúrgica.
Veinte minutos más tarde estaban entrando juntos por Urgencias.
La cita había terminado.
Los médicos habían regresado.
Pero cuando Clara fue a cambiarse, encontró a Bennett esperándola.
—¿Qué tal salió?
—Usted sabía.
Bennett sonrió.
—¿Qué cosa?
—Que Ethan estaba interesado en mí.
—Por supuesto.
—¿Desde cuándo?
La sonrisa del jefe desapareció.
—Desde antes de que tú empezaras a enamorarte de él.
Clara se quedó quieta.
—Eso no es posible.
Bennett miró hacia el pasillo para asegurarse de que Ethan no estuviera cerca.
—Hay una razón por la que Walker nunca te invitó a salir, Clara.
—Ya me la explicó.
—No toda.
Sacó una vieja fotografía de una carpeta.
Era de una conferencia médica celebrada siete años atrás.
Clara aparecía al fondo junto a su padre.
Y a varios metros, casi fuera de la imagen, estaba Ethan.
Observándola.
—¿Qué significa esto?
—Pregúntale a tu padre qué ocurrió después de esa conferencia.
Clara sintió una inquietud extraña.
—¿Por qué?
Bennett bajó la voz.
—Porque Ethan no llegó a este hospital por casualidad.
Antes de que pudiera explicar más, Ethan apareció al final del pasillo.
—Clara, te necesito en quirófano.

Ella guardó la fotografía.
Horas después, cuando la emergencia terminó, encontró tres llamadas perdidas de su padre.
Y un mensaje.
“Bennett me dijo que saliste con Ethan Walker. Antes de volver a verlo, necesito contarte por qué le pedí hace seis años que se mantuviera lejos de ti.”