Claire se acomodó en la línea de tiro sin mirar a nadie.
Ellis verificó su autorización y murmuró:
—La marca del tatuaje… ¿eres “Morrow”?
—Lo fui —respondió ella.
El campo quedó en silencio.
Kane entendió entonces: Claire había pertenecido a un programa conjunto cuya existencia no aparecía en los expedientes comunes. No estaba allí para impresionar a nadie; evaluaba discretamente la seguridad y el criterio del mando.
El disparo no fue espectacular.
Fue preciso.
Luego otro.
Y otro.
Cuando Ellis confirmó la agrupación, ningún oficial volvió a reír.
Kane se acercó con el rostro rígido.
—Comandante Morgan… le debo una disculpa.
Claire guardó el rifle.
—No a mí, almirante. A cada persona a la que decidió medir por su apariencia.
Esa tarde, su informe no habló de puntería.
Habló de liderazgo.
Y nadie olvidó quién había fallado realmente en el campo de tiro.