PARTE 2: MI PROPIO CAMINO

La sala quedó en un silencio absoluto.

Ethan tomó la hoja de entre las manos de mi madre.

La leyó una vez.

Luego otra.

Finalmente levantó la vista.

—¿Cancelaste Southbridge?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Ayer.

Su primera reacción no fue tristeza.

Ni sorpresa.

Fue molestia.

—¿Por qué no me avisaste?

Casi sonreí.

Después de dos vidas enteras girando alrededor de él…

…lo único que le preocupaba era no haber sido informado.

Respiré despacio.

—Porque era mi solicitud.

No la tuya.

Él frunció el ceño.

—Pero habíamos quedado en ir juntos.

Negué lentamente.

—No.

Tú decidiste ir a Southbridge.

Yo solo acepté seguirte.

No era lo mismo.

La señora Qin intentó intervenir.

—Chloe, ustedes crecieron juntos. Siempre soñaron con estudiar en la misma ciudad.

La miré con respeto.

—Con todo cariño, tía Qin… ese nunca fue mi sueño.

Era el de Ethan.

Mi madre dejó la taza sobre la mesa.

—¿Y por qué Beijing? Está tan lejos.

Saqué otra hoja del expediente.

Era la carta de admisión anticipada al programa de Traducción e Interpretación.

—Porque quiero estudiar idiomas.

Quiero investigar.

Quiero trabajar como intérprete internacional.

Quiero vivir una vida que elegí yo.

No una que elegí para acompañar a alguien más.

Mi padre permanecía en silencio.

Era la primera vez que me escuchaba hablar de mi futuro con tanta claridad.

Ethan soltó una risa breve.

—¿Hablas en serio?

Lo miré.

—Completamente.

Él cruzó los brazos.

—Entonces todo este drama era porque querías cambiar de universidad.

—No.

Respondí con calma.

—El cambio de universidad fue la consecuencia.

El problema era otro.

Di un paso hacia él.

—Durante años me acostumbraste a resolver tus problemas.

Tus solicitudes.

Tus entrenamientos.

Tus lesiones.

Tus olvidos.

Tus emociones.

Y yo confundí eso con amor.

Él abrió la boca para responder.

No lo dejé.

—Pero nunca te preguntaste cuáles eran mis sueños.

Qué quería estudiar.

Dónde quería vivir.

Qué tipo de persona quería llegar a ser.

La señora Qin intentó sonreír.

—Ethan solo dependía mucho de ti.

Negué.

—No.

Dependía de lo que yo hacía por él.

Hay una diferencia enorme.

La habitación volvió a quedar en silencio.

Ethan dejó lentamente la hoja sobre la mesa.

—Entonces… ¿ya no piensas venir conmigo?

—No.

—¿Ni siquiera después de empezar la universidad?

—No.

—¿Y nosotros?

Lo observé durante varios segundos.

En mi vida anterior, aquella pregunta habría bastado para hacerme cambiar de opinión.

Ahora solo sentía paz.

—Nosotros nunca existimos como yo imaginaba.

Él dio un paso hacia mí.

—Chloe…

No sabes lo difícil que será para mí empezar solo.

Aquellas palabras sonaban conocidas.

Siempre era difícil para él.

Nunca para mí.

Sonreí con tranquilidad.

—Lo sé.

Porque durante años hice todo para que nunca tuvieras que aprender a estar solo.

Y ese fue mi mayor error.

Bella apareció entonces en la puerta.

Traía una carpeta azul entre las manos.

Al ver mi solicitud sobre la mesa, frunció ligeramente el ceño.

—¿Interrumpo?

Nadie respondió.

Ella miró a Ethan.

—Traje los documentos que me pediste revisar.

Por un instante, toda la sala quedó inmóvil.

Ethan bajó la vista hacia la carpeta.

Luego volvió a mirarme.

Comprendió.

Siempre había alguien dispuesto a ocupar el lugar de quien resolvía sus problemas.

Solo que esta vez…

…esa persona ya no era yo.

Tomé mi mochila.

Dentro estaba mi carta de admisión.

Mi pasaporte.

Y un cuaderno nuevo donde había escrito una sola frase la noche anterior:

“No vuelvas a construir tu vida alrededor de alguien que jamás construyó la suya alrededor de ti.”

Abrí la puerta de la casa.

Antes de salir, Ethan pronunció mi nombre una vez más.

—Chloe…

Me detuve, pero no me giré.

—¿Qué?

Su voz sonó extrañamente insegura.

—¿De verdad no vas a mirar atrás?

Sonreí.

Miré el cielo despejado de aquella mañana.

Y respondí con la serenidad que nunca había conocido en mi vida anterior.

—Ya miré atrás una vez.

Me costó toda una vida.

Esta vez… voy a mirar únicamente hacia adelante.

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