PARTE 2: EL SECRETO QUE SUS FAMILIAS OCULTARON DURANTE OCHO AÑOS

Amelia se quedó inmóvil.

—¿Ocho años?

Nathaniel abrió el cajón del escritorio.

Sacó una carpeta gruesa y la dejó frente a ella.

—Ocho años investigando por qué nuestras familias insistían tanto en presentarnos como hermanos.

Amelia frunció el ceño.

—Nuestras familias se unieron cuando mi madre se casó con tu padre. Eso es todo.

—Eso es lo que querían que creyéramos.

Nathaniel abrió la carpeta.

Había documentos notariales, registros empresariales y copias de un antiguo fideicomiso.

Amelia reconoció inmediatamente el apellido Hart.

—¿Qué significa esto?

—Tu abuelo y el mío fundaron juntos una compañía hace treinta años.

Nathaniel señaló una cláusula.

—Cuando tu abuelo murió, una parte importante de sus acciones debía pasar a ti cuando cumplieras veinticinco.

Amelia palideció.

Cumplía veinticinco en tres semanas.

—Nunca escuché nada sobre esas acciones.

—Porque alguien modificó los documentos.

Nathaniel sacó otra hoja.

La firma pertenecía a la madre de Amelia.

—No.

—Victoria vino a investigar esto —continuó Nathaniel—. No estaba intentando casarse conmigo. Es asesora legal de uno de los antiguos socios de tu abuelo.

Amelia sintió que todo lo ocurrido durante los últimos meses adquiría otro significado.

—Entonces ¿por qué nuestras familias querían mantenernos alejados?

Nathaniel cerró la carpeta.

—Porque si tú recuperas tus acciones, tendrás suficiente poder para exigir una auditoría completa.

—¿Y qué encontraría?

Nathaniel guardó silencio.

Después colocó sobre la mesa un estado financiero.

Amelia reconoció inmediatamente una cifra.

Cuarenta y ocho millones.

Transferidos durante ocho años.

—Ese dinero…

—Salió del patrimonio que debía protegerse para ti.

Amelia retrocedió.

De repente comprendió que las cenas familiares, las advertencias y los secretos nunca habían tenido que ver únicamente con ellos.

Había dinero.

Muchísimo dinero.

Y alguien llevaba años asegurándose de que Amelia jamás hiciera las preguntas correctas.

Entonces escucharon un automóvil detenerse frente a la casa.

Nathaniel miró por la ventana.

Su expresión cambió.

—Llegaron antes de lo esperado.

—¿Quiénes?

Él cerró rápidamente la carpeta.

—Nuestros padres.

Amelia escuchó abrirse la puerta principal.

Pero Nathaniel añadió algo que hizo que dejara de respirar.

—Y todavía no saben que mañana vas a recuperar legalmente todo lo que intentaron ocultarte durante ocho años.

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