PARTE 2: MI PADRE NO SE CAMBIA

El salón de bodas quedó en absoluto silencio.

Zha Zheng se llevó una mano a la mejilla y me miró como si no pudiera creer lo que acababa de hacer.

—Yuanyuan, ¿te has vuelto loca?

—No.

Sostuve el micrófono con fuerza.

—Creo que nunca había estado tan lúcida.

Wang Yufang reaccionó primero.

—¡Qué vergüenza! ¡Nuestra familia Zha jamás había sufrido una humillación semejante!

La miré.

—Entonces ahora sabe cómo se siente mi padre.

Todas las miradas se dirigieron hacia Lin Wendao.

Él seguía sentado.

Vestía el traje que habíamos elegido juntos hacía un mes.

Recordé cómo había practicado en secreto su discurso.

Cómo me había preguntado varias veces:

—Hija, ¿crees que voy a ponerme a llorar en el escenario?

Y cómo había escondido cuidadosamente una hoja doblada dentro del bolsillo interior de su chaqueta.

Ese hombre llevaba veinte años esperando el día en que pudiera acompañarme al altar.

Y ellos le habían quitado ese momento sin siquiera preguntarme.

Bajé del escenario.

Caminé directamente hacia él.

—Papá.

Lin Wendao levantó la cabeza.

Tenía los ojos enrojecidos.

Aun así, lo primero que hizo fue intentar tranquilizarme.

—Yuanyuan, papá está bien. No arruines tu boda por mí.

Aquellas palabras casi rompieron mi corazón.

Me agaché frente a él.

—Precisamente porque eres mi padre no voy a celebrar esta boda.

—Pero…

—Cuando mamá murió, todos te dijeron que podías abandonarme.

Mi voz comenzó a temblar.

—No lo hiciste.

—Cuando no teníamos dinero, trabajaste bajo el sol para pagar mis estudios.

—Cuando alguien quiso presentarte otra mujer, dijiste que primero tenías que pensar en tu hija.

Las lágrimas finalmente cayeron de sus ojos.

—Y ahora quieren decirme que un hombre que desapareció durante veinte años tiene más derecho a llamarse mi padre solo porque compartimos sangre.

Negué.

—Yo no lo acepto.

Xu Gang se acercó inmediatamente.

—Yuanyuan, sé que cometí errores, pero sigo siendo tu padre biológico.

Me puse de pie.

—Entonces dime algo.

Se detuvo.

—¿Cuál es mi fecha de nacimiento?

Su expresión se congeló.

—Yo…

—¿A qué universidad fui?

Silencio.

—¿Qué enfermedad tuvo mamá?

Nada.

—¿Dónde estaba usted cuando yo necesitaba pagar la secundaria?

Xu Gang bajó la mirada.

Señalé a Lin Wendao.

—Él sí estaba.

—Eso es ser padre.

Zha Zheng bajó del escenario.

—Yuanyuan, basta. Podemos hablar de esto después.

—No habrá un después.

Su rostro cambió.

—Ya estamos registrados legalmente.

—Entonces nos divorciaremos legalmente.

—¡¿Por algo así?!

Lo miré durante varios segundos.

Aquella pregunta terminó de destruir cualquier duda que pudiera quedarme.

—Sí.

—Porque todavía piensas que esto es “algo así”.

Wang Yufang comenzó a gritar:

—¡Mi hijo solo intentaba reconciliarte con tu padre! ¡Lo hizo por tu bien!

—No.

Me volví hacia ella.

—Lo hizo para satisfacer la idea que ustedes tienen de cómo debe comportarse una hija.

—¡La sangre es la sangre!

—Entonces quédese usted con Xu Gang.

Varias personas entre los invitados soltaron una risa nerviosa.

Su rostro se puso rojo.

—¡Qué clase de educación tienes!

Lin Wendao se levantó de inmediato.

Pero antes de que pudiera defenderme, levanté una mano.

—Precisamente tengo muy buena educación.

Miré a mi padre.

—Él me la dio.

Tomé su brazo.

—Vámonos, papá.

—¿Y todo esto?

Miró las flores, las mesas y el escenario.

Sonreí.

—La comida ya está pagada.

Tomé nuevamente el micrófono.

—Familiares y amigos, la boda queda cancelada.

Un murmullo recorrió el salón.

—Pero el banquete continúa.

Algunos invitados me miraron sorprendidos.

—Mi padre ahorró durante años para verme celebrar uno de los días más felices de mi vida.

Miré a Lin Wendao.

—No pienso permitir que estas personas conviertan ese esfuerzo en un recuerdo amargo.

Respiré profundamente.

—Así que hoy no celebraremos mi matrimonio.

Levanté mi copa.

—Celebraremos al hombre que decidió ser mi padre cuando no tenía ninguna obligación de hacerlo.

El salón quedó en silencio.

Entonces mi antigua profesora de secundaria se levantó.

—Yo brindaré por eso.

Después se levantó una tía.

Luego un compañero de universidad.

Después otro invitado.

Uno tras otro.

Lin Wendao comenzó a llorar.

Yo también.

Pero aquella vez no eran lágrimas de humillación.

Eran de orgullo.

Zha Zheng y su familia abandonaron el salón poco después.

Xu Gang también desapareció discretamente.

La historia, sin embargo, no terminó allí.

Tres días después inicié los trámites correspondientes para terminar legalmente aquel matrimonio.

Zha Zheng vino a buscarme.

—Yuanyuan, mi madre reconoce que se excedió.

—Qué bien.

—Xu Gang tampoco volverá a molestarte.

—Me alegro.

Pareció recuperar esperanza.

—Entonces volvamos a empezar.

Negué.

—No.

—¡Pero ya resolví el problema!

—No entendiste nada.

Me miró desconcertado.

—El problema nunca fue que Xu Gang apareciera.

—Entonces, ¿qué fue?

—Que conocías toda mi historia y aun así decidiste que tu opinión sobre quién debía ser mi padre era más importante que la mía.

Guardó silencio.

—Y cuando tu madre me humilló delante de todos, no te pusiste a mi lado.

Continué:

—Me pediste que fuera “buena” para no incomodar a los demás.

Su rostro palideció.

—Solo quería evitar una escena.

—Exactamente.

Sonreí tristemente.

—Querías una esposa obediente más de lo que querías proteger a la mujer con la que te estabas casando.

No volvió a insistir.

Meses después, el proceso terminó.

Y el día del cumpleaños de Lin Wendao hice algo que llevaba mucho tiempo pensando.

Organicé una pequeña cena.

Solo nosotros dos y algunos amigos cercanos.

Al final saqué una carpeta.

—Papá, esto es para ti.

Frunció el ceño.

—¿Qué has comprado ahora? Te he dicho que guardes tu dinero.

—Ábrelo.

Dentro estaban los documentos de una casa.

No era enorme.

Pero tenía un pequeño patio, mucha luz y una habitación donde podía guardar todas aquellas herramientas que siempre dejaba amontonadas.

Mi padre se quedó inmóvil.

—Yuanyuan…

—Cuando era pequeña, siempre decías que lo que tuvieran los demás, tu hija también debía tenerlo.

Le tomé la mano.

—Ahora me toca a mí.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

—Yo nunca hice esas cosas esperando que me devolvieras nada.

—Lo sé.

Apoyé la cabeza sobre su hombro.

—Por eso precisamente quiero hacerlo.

Mucho tiempo después alguien me preguntó si me arrepentía de haber cancelado una boda delante de tantos invitados.

Mi respuesta siempre fue la misma.

No.

Un matrimonio podía volver a celebrarse.

Un vestido podía comprarse otra vez.

El dinero perdido podía recuperarse.

Pero si aquella tarde hubiera permanecido en silencio mientras obligaban al hombre que me crio a sentarse entre los invitados como si fuera un extraño…

habría sido yo quien no merecía llamarlo papá.

La sangre puede explicar de dónde vienes.

Pero no siempre explica quién estuvo contigo.

Xu Gang me dio la vida.

Lin Wendao me enseñó a vivirla.

Y por eso, si tuviera que elegir otras mil veces quién debía tomar mi brazo para acompañarme por aquel pasillo…

mil veces volvería a elegir a mi padre.

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