PARTE 2: MI NOVIO ERA EL HERMANO DE EMILY

Levanté la cabeza.

El hombre aterrador de negro seguía mirándome.

Miré mi teléfono.

【Sofía… levanta la cabeza.】

Volví a mirarlo.

Después escribí lentamente:

【Ethan?】

El teléfono que él acababa de guardar vibró dentro de su bolsillo.

Mi alma abandonó mi cuerpo.

—No.

Él levantó una ceja.

—¿No?

—Tú no puedes ser Ethan.

Ryan me miró.

—¿Conoces al hermano de Emily?

—Cállate.

—Pero…

—Ryan, por primera vez en tu vida, cállate.

El hombre frente a nosotros hizo algo todavía más aterrador.

Sonrió.

Era una sonrisa pequeña, apenas visible.

Pero conocía esa risa contenida.

La había escuchado cientos de veces por teléfono.

—Hola, Sofía.

Casi dejé caer el móvil.

La voz.

Esa maldita voz.

—¡TÚ!

Ryan dio un salto.

—¿Qué está pasando?

Lo señalé.

—¡Este es Ethan!

—¿Qué Ethan?

—¡Mi Ethan!

Silencio.

Mi hermano abrió la boca.

Después miró a Ethan.

Después a mí.

—¿El novio de internet?

Quise desaparecer.

Ethan cruzó los brazos.

—Supongo que esa es una forma bastante humillante de presentarme.

—¡Nunca quisiste hacer videollamadas!

—Tú tampoco.

Eso era cierto.

Yo había dicho que quería conocernos cara a cara cuando estuviera preparada.

Solo que jamás imaginé que nuestra primera cita presencial ocurriría mientras acompañaba a mi hermano a mendigar amor frente a su casa.

Ryan seguía procesándolo.

—Espera.

Señaló a Ethan.

—¿Tú eres el tipo al que mi hermana llama “mi perrito”?

Cerré los ojos.

—Ryan.

—¿Qué?

—Corre.

Ethan giró lentamente hacia él.

—¿Perrito?

—No escuchaste nada.

—Creo que sí.

Entré en la casa antes de morir de vergüenza.

Emily estaba en el salón.

Cuando vio a Ryan, su expresión se endureció.

—¿Qué haces aquí?

Mi hermano inmediatamente levantó las flores.

—Emily, yo…

—No.

Ryan se detuvo.

Ella respiró hondo.

—Te terminé porque cada vez que discutimos conviertes mi “necesito espacio” en una negociación.

Ryan bajó las flores.

—Pensé que si demostraba cuánto me importas…

—Ya sé que te importo.

Emily lo miró con cansancio.

—Lo que necesito saber es si puedes respetarme cuando mi respuesta no es la que quieres.

Aquello incluso consiguió callar a mi hermano.

Emily señaló el sofá.

—Podemos hablar diez minutos.

—¿Solo diez?

Ethan carraspeó.

Ryan se sentó inmediatamente.

Yo habría reído si no tuviera mi propio desastre detrás.

Ethan señaló la cocina.

—Tú. Ven.

—¿Por qué suena como una orden?

—Porque acabas de decirle a tu novio que parece un mafioso capaz de golpear a dos personas con una mano.

—Era un cumplido.

—Interesante concepto de cumplido.

Entramos en la cocina.

En cuanto estuvimos solos, lo miré de arriba abajo.

Era extraño.

Conocía su voz.

Sus bromas.

Sabía que odiaba el cilantro, que dormía tarde los domingos y que cuando estaba nervioso golpeaba dos veces la mesa con el índice.

Pero nunca había visto su rostro.

—¿Por qué nunca me dijiste que Emily era tu hermana?

—Porque tú nunca me dijiste que Ryan Bennett era tu hermano.

Parpadeé.

Tenía razón.

Para nosotros siempre habían sido simplemente “mi hermano” y “mi hermana”.

—Esto es ridículo.

—Muchísimo.

Entonces recordé algo.

—Espera.

Saqué el teléfono.

Abrí nuestra conversación.

Una de aquellas fotografías.

Su brazo.

Luego miré el brazo de Ethan.

Otra fotografía.

Su mano.

Miré su mano.

Coincidían.

Me puse roja.

Él vio la pantalla.

—¿Las guardaste?

Bloqueé el teléfono.

—No.

—Sofía.

—Pruebas circunstanciales.

Volvió a aparecer aquella sonrisa.

—Tienes una carpeta.

—No existe ninguna carpeta.

—¿Cómo se llama?

—No existe.

—¿“Ethan”?

—Cállate.

Se rio.

Y entonces toda la tensión desapareció.

Hasta que pregunté:

—¿Por qué abriste la puerta después de leer mis mensajes?

Su expresión cambió.

—Porque supe que eras tú.

—Podías haberme dicho inmediatamente quién eras.

—Quería verte durante cinco segundos.

—¿Para qué?

Me miró directamente.

—Para comprobar si después de tres años hablando contigo iba a sentir que estaba con una desconocida.

Mi corazón empezó a latir demasiado rápido.

—¿Y?

—No.

Respondió sin vacilar.

—Solo pensé: ahí está.

No supe qué decir.

Así que elegí lo peor.

—Sigues dando miedo.

—Y tú eres mucho más bajita de lo que imaginaba.

—Se acabó nuestra relación.

—Duró poco nuestro primer encuentro.

Me reí.

Desde el salón llegó la voz de Emily:

—¡Ryan, arrodillarte otra vez no cambia mi respuesta!

Me tapé la cara.

Ethan suspiró.

—Nuestros hermanos son un desastre.

—Tu hermana parece bastante razonable.

—Buen punto. Tu hermano es un desastre.

Diez minutos después, Ryan salió sin novia.

Pero ocurrió algo inesperado.

No volvió a arrodillarse.

Emily le había dicho que si realmente quería demostrar que había cambiado, debía empezar respetando la ruptura.

Por primera vez, Ryan lo hizo.

Antes de marcharse, Emily me abrazó.

—Supongo que ahora sí podemos convertirnos algún día en cuñadas.

Ryan levantó la cabeza esperanzado.

Emily añadió:

—No estaba hablando de ti.

Miró a Ethan y a mí.

Ryan pareció personalmente traicionado por el universo.

Durante los meses siguientes, él dejó de perseguirla.

Empezó a trabajar en sí mismo.

Emily también siguió con su vida.

No sé si algún día volverían.

Pero por primera vez, la decisión ya no dependía de quién suplicara más.

Ethan y yo tuvimos un problema diferente.

Después de tres años detrás de una pantalla, tuvimos que descubrir si aquello funcionaba en el mundo real.

Funcionó.

Aunque descubrí cosas terribles.

Roncaba.

Robaba mis papas fritas.

Y el hombre que por mensajes escribía:

【¿Mi Sofía ya no quiere a su perrito?】

en público parecía capaz de dirigir un interrogatorio militar.

Una noche, Ryan nos vio juntos en un restaurante.

Ethan tenía mi bolso colgado del hombro mientras yo buscaba algo en el coche.

Mi hermano se quedó mirándolo.

—No entiendo nada.

—¿Qué?

Ryan señaló a Ethan.

—Ese hombre me cerró una puerta en la cara.

Después señaló mi bolso.

—Y ahora carga eso.

Ethan respondió tranquilamente:

—Tú eras el ex de mi hermana.

Luego me miró.

Y apareció esa sonrisa que ya conocía demasiado bien.

—Ella es mi novia.

Ryan suspiró.

—El amor destruye la dignidad masculina.

Le di una palmada en el hombro.

—Por fin aprendiste algo.

Y así descubrí que mi hermano había tenido razón en una sola cosa.

Yo no entendía completamente el amor.

Porque durante tres años pensé que estaba enamorada de una voz escondida detrás de una pantalla.

Hasta que levanté la cabeza frente a aquella puerta y descubrí que el hombre más aterrador que había visto en mi vida era también el mismo idiota que, dos minutos antes, me había escrito preguntando si todavía quería a su perrito.

Related Posts

PARTE 2: ESTA VEZ DANIEL NO OPERARÍA A MI PADRE

—Ve. Pero recuerda algo… el sábado no tocarás a mi padre. Daniel se detuvo con la mano sobre el picaporte. —¿Qué? —Quiero otro cirujano. Su expresión pasó…

PARTE 2: VALERIA NO SABÍA POR QUÉ YO ERA RECEPCIONISTA

No respondí. Adrian sí. —Valeria solo quiere decir que ahora tolero mejor el picante. —Claro. Cogí mi bolso. —Que aproveche. Valeria pareció decepcionada. Seguramente esperaba que fuera…

PARTE 2: LA CASA NUNCA FUE DE LINDA

—¿Estás segura, Margaret? —preguntó Gabriella al otro lado de la línea. Miré a Edward. Luego a Linda. —Completamente. Mi hijo se puso de pie. —Mamá, espera. Demasiado…

PARTE 2: LA PRUEBA ESTABA EN SU VESTIDO

Mis dedos apartaron con cuidado el encaje del cuello de Bertha. Y me quedé inmóvil. Había algo cosido en el interior del vestido. No era una herida….

PARTE 2: EL HOMBRE QUE SÍ VINO

Mi padre se quedó inmóvil. Nathan no levantó la voz. No tuvo que hacerlo. —El que vino cuando pidió ayuda. Mi madre me miró. —Claire, ¿llamaste a…

PARTE 2: DESPEDIRME NO LE DABA MIS CLIENTES

Miré el mensaje de Charles Whitman durante unos segundos. Victor ya sonreía. —Ahí tienes tu primer cliente. Negué. —No. Su sonrisa desapareció. —¿No? —NorthBridge todavía tiene contrato…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *